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viernes, julio 23, 2021

Vivir en un campamento en tiempos de Covid-19: toma Los Álamos de Castro

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11 familias, que suman un total de 30 personas, viven en una toma -en el sector  de Castro- llamada Los Álamos. Conviven sin agua potable, sin luz (de día), no poseen baño y se las arreglan para cuidar a los 10 niños y niñas que dan vida a este grupo. Cesantes, con escolaridades incompletas, acusan haber sido excluidos del sistema, e invisibilidades por las autoridades locales y nacionales. Desde la precariedad y humildad de sus medias aguas, hacen un llamado a la comunidad: colaboración con comida y leña para sobrellevar el duro invierno que ya se siente en la isla de Chiloé.


 

NIÑOS Y NIÑAS DEL LUGAR

 

INGRESO AL CAMPAMENTO

En lo alto de Castro, en el sector “La Chacra”, calle Salvador Allende, a unos 300 metros del fin del pavimento, se encuentra emplazado el campamento los Álamos. Corresponde a la segunda toma de la ciudad Castreña, la cual lleva cinco años aproximadamente. Lo que comenzó como un comité de viviendas llamado “Oportunidad Williche”.Actualmente el campamento alberga a 11 familias, que suman 30 personas, de los cuales 1/3 corresponde a niños (as), jóvenes y un adulto mayor.
 
 

ESTE SÁBADO 6 SE REALIZARÁ OLLA COMÚN

 
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Salud mental y violencia laboral
En el lugar y conversando a través de nuestras mascarillas se presentan: Gisela (41), Catalina (34), Silvia (35), Dorian(48) y Bernardo (48), son algunos de los vecinos que nos explican cómo es vivir en una toma en tiempos de emergencia sanitaria. Los vecinos y vecinas están asentados en un terreno que  corresponde a  1,5 hectáreas –, divididas en 19 lotes de 10 x 20 metros (aproximadamente). En él, se han levantado sus casas de manera paulatina, rondan los 5 metros cuadrados y en ese espacio alcanzan de dos a tres habitaciones. “No todas se encuentran forradas por dentro, tapamos los hoyos con ropa en algunas casas”, asegura Catalina.

Las viviendas al no estar regularizadas, no cuentan con luz eléctrica de día, poseen luz artificial sólo de noche, la cual no pagan ya que la obtienen desde un foco “estamos colgados”, añade Bernardo.
 
 

Las humildes casas poseen en su mayoría pozos negros, algunas familias cuentan con baño. Al no tener sistema potable, se alimentan de agua vertiente, la cual obtienen mediante pozos. “Nos da miedo enfermarnos porque los pozos negros de nosotros y del resto de las poblaciones aledañas podrían estar contaminando las vertientes de las cuales nos abastecemos”. Añade Gisela, la vocera.
 
El grupo de adultos trabajadores, se encuentran cesantes o con trabajos informales del día a día como carpinteros, albañiles, feriantes, trabajadores de la industria de mitilicultura (salmoneros o de choritos), vendedoras de retail y también dueñas de casa, según comentan los vecinos y vecinas, “pedimos que nos escuchen y cooperen, si estamos viviendo en una toma, es porque nos tenemos los medios para comprar una casa”, aseguran en conjunto los entrevistados.
 

MUJER, JEFA DE HOGAR, Y CESANTE

La mayoría de los habitantes del sector son Chilotes, de las islas de los mares interiores, como Apiao, Isla Caguach o Chaulinec; y que en búsqueda de nuevas oportunidades y según lo plantea la tesis «La movilidad y el habitar chilote. Cambios, rupturas y continuidades en las prácticas de movilidad cotidiana de los habitantes del archipiélago de Chiloé, en el sur austral de Chile», de los investigadores (Lazo, Carvajal 2018) de la Universidad de los Lagos, Osorno, Chile; han migrado producto de la proletarización e individualización de los isleños.

«El migrar de islas a sectores más urbanos del Archipiélago. a inicios de la década de 1980 del siglo XX, cuando ocurre una transformación productiva en Chiloé en la cual se da paso desde una economía de subsistencia a una economía de escala global, a partir de la instalación de la industria acuícola en el territorio. Ello hizo que muchos chilotes se convirtieran en trabajadores asalariados que recibían un dinero mes a mes, lo cual les abrió las puertas a nuevos territorios y bienes de consumo que antes eran casi inexistentes». (Lazo, Carvajal 2018)
 
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Pobreza Multidimensional  

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NIÑOS Y NIÑAS DEL SECTOR

 
La mayoría en este campamento son mujeres y se encargan de organizar el lugar. Relatan que, al ser invisibilizadas por el estado de Chile y las autoridades locales, sienten una profunda impotencia. Pese a que pertenecen al 40% más pobre de Chile ,han solicitado ayuda a la municipalidad, la cual no las asistió, por lo que alegan no tener el apoyo y tampoco las herramientas para exponer lo que significa vivir en una toma en carne propia.
 

Comentan que sienten un malestar con el municipio, puesto que éstos, sabiendo en la situación en la que se encuentran hace varios años, no se han acercado para ver la situación y dar soluciones. “Fui un par de veces a intentar pedir ayuda, pero como recibimos un subsidio por carga familiar, correspondiente a $11 mil pesos por carga, nos dijeron que no podíamos acceder a más beneficios”, indica Bernardo.
 

INTERIOR DE LA VIVIENDA DE GISELA

Lo que solicitan con más urgencia son alimentos, leña, gas y un estanque para poder dejar de obtener agua de las vertientes (consumo), ya que podría ser foco de enfermedades debido a la sobrepoblación de los alrededores del sector. “Hacemos un llamado al municipio a que venga a vernos y que nos ayude”, sostienen las dirigentes.

 
En tanto, a largo plazo, esperan salir del campamento y optar a un subsidio, sin embargo cuando las necesidades básicas apremian, el horizonte más cercano es poder alimentar a sus familias y sobrellevar el peso del día a día. Hasta el cierre de esta edición, el municipio no se ha contactado con el Campamento. Aseguran que se vienen los meses más complicados, y que gracias a la caridad de distintas personas, ha podido ir avanzando. Este sábado 6 de Junio, se realizará un Olla común en el lugar.

«PEDIMOS QUE NOS ARREGLEN EL CAMINO»

 
Revisa la entrevista en vivo en el lugar: 

 
Referencias:
– https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-73562018000100145
 
 
 

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