La insularidad nuestra

La insularidad nuestra

Carlos Delgado Álvarez
Director Universidad de Los Lagos Chiloé

Nuestra insularidad tiene una relevancia analítica. Es un factor explicativo que incentiva y justifica su estudio. Por eso, asumir nuestra condición tiene como objetivo facilitar el diseño y la implementación de las políticas, también exige tener un instrumental analítico diferenciado para la cabal comprensión de la dinámica insular. Convertir el hecho insular en objeto de estudio como entidad territorial, ha sido una constante desde la geografía; la propia antropología ha encontrado en el aislamiento la explicación a determinados comportamientos culturales; la biología, por otro lado, nos ha alertado sobre las dinámicas específicas de sus ecosistemas, e incluso la ciencia política y la sociología han encontrado en esta condición una categoría de análisis.

La insularidad geográfica en un hecho característico de las islas del archipiélago de Chiloé, que se fundamenta en el aislamiento y su discontinuidad territorial, donde la magnitud de dichos factores le otorga significado. El aislamiento expresa la carencia de una relación con el entorno, lo cual deriva en ciertas dificultades de accesibilidad y que configura, a través de periodos prolongados, una serie de características de la vida social, económica, cultural y política en las islas; recrean un endemismo biológico y un arcaísmo lingüístico que suelen derivar en interés tanto científico como turístico.

También las islas de Chiloé se caracterizan por su vulnerabilidad, por su incapacidad para otorgar seguridad a su población en aquellos aspectos que definen la calidad de vida adecuada al no garantizar los suministros básicos en los asentamientos humanos. De esta misma vulnerabilidad surge el cuestionamiento a la viabilidad insular para surtir de las cantidades suficientes de energía e información dentro del ecosistema insular para sostener y emprender acciones tendientes a mejorar la calidad de vida, al verse limitadas las oportunidades para la formación cultural y la constitución de un territorio sustentable y productor de crecientes niveles de bienestar social. Es decir, la viabilidad insular se incrementa cuando existen terrenos de fácil acceso y agua suficiente para sostener actividades agrícolas convenientes, cuando los servicios de energía, agua potable, transporte, eliminación de las aguas servidas y recolección de desechos y basuras están garantizados.

Hemos asumido ser parte de un país homogéneo, nos hemos acostumbrado a pensar y desenvolvernos en un territorio no solo unitario sino también uniforme. A través de casi doscientos años no hemos tenido la fortaleza para visibilizar nuestra singularidad debido a diferentes razones, entre las cuales destaca la incapacidad de organizar y dar cuerpo a una teoría crítica de base insular que justifique nuestra condición geográfica y que derivado de ella, hayamos sido capaces de formular e impulsar políticas especiales más allá de la asistencialidad.

Definir nuestra insularidad, a estas alturas, constituye un deber que nos obligará a adaptar las políticas nacionales a las necesidades existentes y con claras implicancias en la dimensión político-institucional de la gestión pública especialmente, lo cual, innegablemente, llevará a considerar nuestro territorio insular como una región natural que cuenta con una problemática específica y cuyo estudio adquiere relevancia espacial. En este sentido, la Universidad de Los Lagos abordará desde la investigación y desde la observación de las políticas públicas, el conocimiento que nos permitirá tomar mejores decisiones para que el bienestar social al que aspiramos sea coherente con los desafíos tecnológicos y responda con autoridad tanto a las dinámicas planificadoras como a las fuerzas del mercado.

Carlos Delgado Álvarez
Director Universidad de Los Lagos Chiloé

La construcción de nuestra identidad universitaria

La construcción de nuestra identidad universitaria

Carlos Delgado Álvarez

Director Universidad de Los Lagos – Chiloé

Tradicionalmente en Chile la universidad se ha pensado así misma como de carácter nacional, ha respondido a la exigencia de formación, consolidación, expansión y desarrollo del Estado-nación. Solo con el devenir del siglo XXI ha surgido el carácter crítico y reclamo de autonomía en la discusión sobre los alcances de la descentralización territorial. Sin embargo, tal vez lo más significativo de estos tiempos ha sido el surgimiento de una identidad territorial que no solo sobrepasa las estructuras, sino también al propio poder político estatal, adquiriendo en no pocos casos, una identidad institucional de mayor fortaleza con el territorio con el que se vincula, manteniéndose una permanente tensión entre las pretensiones de control, por un lado, y las de autonomía, por el otro. Expresadas las primeras en las políticas de financiamiento y regulación, y las segundas en la acentuación de su carácter ciudadano.

En un mundo que no termina de configurarse luego del declive de la sociedad industrial en los términos como la hemos conocido, fundada en la centralidad de los factores productivos tradicionales desde una mirada del desarrollo económico, en el tránsito hacia lo que se ha denominado como la sociedad del conocimiento, surgen las voces que demandan sistemas de decisiones más descentralizados y en los cuales las universidades adquieren un rol más cercano, involucradas en dichos procesos y conocedoras de sus territorios, pero también demandantes de una nueva generación de políticas públicas, con mecanismos de financiamiento sensibles a los propósitos y a la diversidad regional. En este sentido, los gobiernos regionales pueden contribuir a la constitución de universidades fuertes en sus territorios a través de políticas de financiamiento concertadas que fortalezcan la creación de capacidades y desarrollo de talentos; la definición de objetivos para la inversión en investigación aplicada y para la creación artística; y para el mejoramiento de las competencias de los trabajadores y directivos a través del apoyo a la formulación de programas de formación de capital humano calificado. La universidad puede contribuir al desarrollo integral y equilibrado en el territorio regional.

Ello redundará en gobiernos más competentes, pertinentes y sensibles a las necesidades de la población regional y por ende, a incrementar las capacidades de gobernanza territorial, de representación ciudadana, al mejoramiento del bienestar social, de la convivencia democrática, del desarrollo productivo y del funcionamiento de las instituciones. Esta necesaria vinculación no puede ser solo un recurso discursivo, sino que debe manifestarse en el reconocimiento de que es en la comunidad regional donde reside la búsqueda del bienestar.

Nuestro territorio insular representa una realidad geográfica, poblacional, cultural y de recursos que le otorgan una particularidad tanto nacional como regional, por lo que la comunidad universitaria tendrá que ver esto como una oportunidad para pensarse a sí misma, definir una estrategia de vinculación territorial junto a una diversidad de propósitos acordes a las necesidades locales, única manera de tener un impacto positivo sobre el desarrollo local, que se exprese en una mayor diversificación de la matriz productiva y desplazar la actual economía extractiva de bajo valor agregado. Desde Chiloé, debemos contribuir a que la Universidad de Los Lagos sea globalmente competitiva y a la vez, velar por un cada vez mayor compromiso local, que es dónde encontrará su significado y por lo tanto su identidad.