Importancia de la Historia de Chiloé en la educación insular ante la modificación curricular del MINEDUC

Importancia de la Historia de Chiloé en la educación insular ante la modificación curricular del MINEDUC

Por Dante Montiel Vera, Historiador

El Ministerio de Educación decidió modificar la malla curricular de 3° y 4° medio, donde el ramo de historia no será obligatorio, recalcando que los contenidos de la asignatura se realizan en los años anteriores, validando así una historia optativa. Limitar la enseñanza de la historia hasta 2° medio, justificándola con la incorporación de Filosofía y de un novedoso curso sobre Competencias Ciudadanas, es incoherente con una educación de calidad. Preocupa también el contenido de violencia simbólica que tiene esta medida al presentarse como beneficiosa y atractiva para los estudiantes, cuando notoriamente se trata de un retroceso en la formación académica. Los académicos reprueban y acusan una “lógica tecnocrática” tras la polémica decisión  del Consejo Nacional  de Educación (CNED) que excluye el ramo de historia para los estudiantes dejándola con carácter de opcional. Una medida controvertida que comenzará a regir el 2020.

Eliminar horas de historia es otro paso más en este error de considerar la educación como un adiestramiento para la producción de expertos inconscientes, de ciudadanos autómatas, de seres antisociales. Una escalada para ir debilitando la presencia de las ciencias sociales y humanistas en la formación de los alumnos.

Aún no se entiende que la educación es para formar mejores personas. Los contenidos curriculares están o debieran estar relacionados a la madurez intelectual de los estudiantes, por ello, no es posible cambiar algunos temas que son fundamentales impartirlos en 3° y 4° medio, es decir, cuando la mentalidad de los alumnos les permita comprender la complejidad científica o cultural que contienen esos temas. Igualmente, procesos como la globalización o internacionalización de las economías y las sociedades, dentro de lo que se conoce como historiografía del tiempo presente, o, los procesos histórico-antropológicos requieren que los estudiantes tengan una base de conocimientos que en 1° o 2° medio aún no poseen.

La propia disciplina de la historia y las demás ciencias sociales, han evolucionado notoriamente, requiriendo de un trabajo interdisciplinario para poder comprender fenómenos complejos, ya no se trata de una narración positivista de sucesos del pasado, se requiere de teorías y metodologías nuevas. La investigación académica y  científica en el campo de la Historia de Chile de larga duración como del tiempo presente han tenido un desarrollo notable en nuestro país, con la aparición de revistas científicas e institutos especializados, es decir, los profesores de aula tienen mucho más contenidos de calidad a la mano y poder impartirlo con pertinencia a sus estudiantes.

Chile es un país culturalmente débil, se imita en casi todas las áreas, desde lo cultural hasta lo político y lo práctico, se piensa que lo autóctono no es relevante si se compara con otras culturas, tenemos la sensación de que todo lo que viene de afuera es mejor, desdibujando la identidad. Sin embargo, tenemos aspectos destacables, reconocibles, que deben revalorizarse y proyectarse. 

En este contexto, Chile es uno de los países con menos historia regional o local, y según estudios académicos los estudiantes conocen más de lo ocurrido en Europa que en América Latina. La llamada Historia Universal normalmente es eurocéntrica, es decir, nuestros jóvenes conocen más de otros países  que del propio, para qué decir  lo que pasaba en las provincias, ni siquiera saben los nombres de sus bisabuelos. Sólo el 5,3% de los contenidos de historia que aprenden los alumnos de enseñanza media en América tiene que ver con sucesos latinoamericanos. Un bajo porcentaje que pone a Chile entre los países de la región con menos materia de este tipo, y que se contrapone al gran tiempo que le dan para estudiar lo ocurrido principalmente en Europa.

Tenemos una enseñanza donde no sabemos casi nada de Historia Latinoamérica o de nuestros países limítrofes. Los únicos países en que la Historia Latinoamericana supera a la  universal son  Argentina y Bolivia. En Costa Rica, Cuba y Honduras el número de materias es igualitaria en ambos casos. El promedio regional, de 14 países consultados, es de un 18,1% para lo ocurrido en Latinoamérica y un 30,2% para la universal. En peores condiciones se ubica El Salvador, que sólo destina 1,4% a la regional y un 20,8% para la europea, y Republica Dominicana, con el mínimo en ambos casos.

En Chile el 31,6% es para la historia local. Esta  investigación fue realizada  por especialistas en base al currículum y temarios de la enseñanza media o etapa secundaria de toda la región.  Se debe prestar más atención a América Latina y por ende a la historia de Chile y por supuesto a la historia regional. La fragilidad de nuestra memoria colectiva  se ve profundizada en estos tiempos por la globalización, que se presenta con su uniformidad simbólica, como la mayor amenaza a nuestras identidades culturales y a la riqueza de nuestra diversidad construida como región. Entonces, el componente clave para esta perspectiva es “lo local” expresado en una “territorialidad” ya que allí se manifiestan las identidades culturales y las coyunturas históricas.

La  historia local  en las tendencias historiográficas se conoce como la “pequeña historia” o “microhistoria”, que complementa finalmente la historia general. Conocer el pasado es entender e  interpretar los cambios de la comunidad, aprender sus códigos, establecer criterios para su futuro,  dilucidar sus traumas, explicar su identidad, entre otros aspectos.  El pasado que se recuerda y analiza permite entender épocas, y al racionalizar esa impresión nostálgica nos entrega los fundamentos para comparar y reflexionar sobre dicho tiempo.  La microhistoria es parte constitutiva de la historia general, del estudio de las historias locales surge la posibilidad de integrarlas en un contexto mayor. Lo  importante  de la historia local es que permite utilizar una amplia variedad de fuentes, en este sentido  rompe con el positivismo clásico de considerar como válidos sólo los documentos. Los relatos orales, las fotografías, las reliquias, las entrevistas, los tipos de comidas, etc., son todas fuentes legítimas que ayudan a comprender la mentalidad de las personas comunes y corrientes, y así se socializa la historia. Estos estudios monográficos  son importantes y se revalorizan, su limitación en el tiempo y en el espacio los hace únicos para manifestar las particularidades de la historia. Es fundamental que la historia local  se  concatene a  una historia nacional y universal,  haciendo que estos  hechos históricos  puedan ser analizados  desde perspectivas más generales. La tarea es universalizar  la  “microhistoria”  hasta ser considerada como ejemplos globales. Un tema regional  se debe contextualizar  a nivel nacional, latinoamericano, europeo o mundial,  caso contrario  sólo será un suceso  sin trascendencia, así no será aislado o anecdótico, porque se establece el nexo histórico y se explica el proceso.  Como toda ciencia, la historia tiene que generalizar y explicar. Generalmente en los colegios los alumnos conocen la historia local  como hechos aislados,  este panorama descrito no es historia y por  tanto debe cambiar. La verdadera historia es comprensión y no sólo memorización, sólo en esa dimensión la historia tiene utilidad y representa un conocimiento atractivo para los jóvenes que pueden reflexionar su presente y   comprender  estos procesos históricos desde la historia regional. Recordemos que nuestro presente es fruto de corrientes que vienen desarrollándose desde el pasado, y que para entenderlo será necesario, primero, comprender  y no memorizar.  El historiador Marc Bloch decía a los jóvenes que el interés por el pasado nace del interés por el presente y luego iba más lejos, el futuro es el verdadero foco de la historia, porque  permite desarrollar el pensamiento crítico  y formar ciudadanos reflexivos, aptos para el ejercicio democrático, puesto que la historia es, por antonomasia, creadora de conciencia crítica respecto del entorno social en el que viven las personas, y por ello el mejor instrumento para formar verdaderos ciudadanos.

La sucesión de paisajes de norte a sur permite relaciones específicas del hombre con su entorno, lo que implica cultura. No es una cultura intelectual o erudita sino popular, cotidiana y espontánea. En este sentido un habitante de Chiloé es distinto al de otra región porque sus estilos, costumbres, reacciones, etc., nacidos de su relación con el medio son distintos, aunque se aprecie una común fisonomía de ser chilenos. Las diferencias se presentan en los aspectos secundarios o adjetivos de la cultura o variables regionales expresadas en creencias, hábitos, artesanía, gastronomía, religiosidad, el habla, etc., Dentro de este contexto resulta destacable el caso singular de Chiloé, porque entre todas las regiones es la que presenta mayores diferencias geográficas, sociales, culturales, respecto del país. Chiloé  se explica como un todo identitario, una especificidad llamada cultura chilota. Geográficamente pertenecía  al Reino de Chile, pero no formaba parte política ni cultural del país, circunstancias que explican que Chiloé presente hoy un particular ethos cultural, fundamento basal en donde las circunstancias históricas fueron  las que configuraron  el mundo insular. Chiloé y Chile llegaron a ser  dos realidades distintas, sus habitantes eran coetáneos pero no contemporáneos.  En este contexto, la historia local en Chiloé se fundamenta en la necesidad  que los chilotes puedan reflexionar acerca de sus orígenes y del pasado, de evaluar la forma cómo  han ido construyendo sus comunidades y los símbolos que reflejan formas culturales y liderazgos sociales que lo distinguen  de otras provincias y regiones. El presente de Chiloé   impone explicaciones que obligan siempre a revisar su pasado y por ello la historia local tiene plena vigencia para una comprensión del entorno social. Esta historia   colabora  a conformar identidad  y  la identidad insular se refiere a un sentido de pertenencia y  conciencia, no está dada de una vez y para siempre, se va forjando a través de procesos colectivos, se va labrando en la continuidad histórica, en la pertenencia a un territorio, a una lengua, a una clase, a un género o una etnia, la  identidad se va combinando e integrando. El concepto de identidad es una categoría concreta de análisis, no es invisible ni vago, no es una categoría metafísica, es tan concreta  que la identidad chilota se palpa en sus diversas expresiones. Chiloé, tiene la oportunidad para reconstruir y fortalecer su identidad histórica, aprovechando las coyunturas que le dan el mercado y la globalización, potenciando de esta manera lo local hacia lo global.

En el contexto de la identidad relacionado al ámbito historiográfico, la historia de Chiloé es trascendental.  Es imperativo tener una comprensión profunda de sus contextos y las causas,  para esto no basta con sólo  la memoria o testimonios  locales, sino de la historia para una interpretación lógica del pasado. El cumplimiento de los estándares requeridos en la disciplina histórica no garantiza obviamente el determinar una verdad única y final, no sólo porque todo conocimiento científico es conjetural, sino porque las interpretaciones históricas son planteamientos  sujetos a nuevos descubrimientos, a nuevos enfoques, a nuevas preguntas, y por eso la discusión y el debate son indispensables para permitir  la reinterpretación del pasado.

Las políticas educacionales centralistas  han provocado un desconocimiento  de los chilotes respecto de su propia historia y cultura, sin que se señalen variantes para su regionalización. Estamos retrocediendo en la construcción del currículo escolar, pues en el siglo recién pasado existían especialistas (curriculistas) que pensaban la realidad de nuestro país y que la incorporaban en los planes de estudio, incluyendo metodologías adecuadas. En cambio, desde hace algunos años esa tarea se licita a otros. A partir de la LOCE, se establecieron  objetivos fundamentales y contenidos mínimos, para aumentar aquellos con pertinencia regional, sin embargo, estamos siendo – en las regiones- testigos no sólo de una disminución de la pertinencia curricular de los contenidos, sino de su sensible desaparición. Por ello, qué importante resulta para cualquier persona tener conciencia de su identidad,  para el chilote es fundamental y una necesidad, solo así será leal a la historia y cultura en que se formó o se está formando.  Es prioritaria   una historia pertinente para Chiloé, es decir, una asignatura incorporada oficialmente  al currículo escolar. El joven chilote que comprende  la importancia de su historia local y su mundo cultural, con sus valores y actitudes frente a la vida, se destacará y  diferenciará. Su encuentro con nuevas formas culturales lo enriquecerán si intuye que lo recibido como herencia cultural es un legado valioso, por tanto  lo conservará y  usará en su quehacer diario  consolidando su personalidad.   La premisa es que la historia local en la educación insular  sea el futuro para Chiloé.

Esperamos que la medida del Ministerio de Educación sea corregida a la brevedad para evitar un daño irreparable a las generaciones futuras, porque la historia no sólo es un registro pasivo del pasado, sino una explicación, interpretación, deconstrucción y comprensión de ese pasado con mirada crítica. Si podemos sacar una lección de esa desafortunada medida, es que ha permitido iniciar una discusión colectiva y amplia sobre un tema extremadamente relevante como es la formación integral de las nuevas generaciones de ciudadanos(as) de Chile.

DANTE MONTIEL VERA

HISTORIADOR

CHILOÉ, SEPTIEMBRE DE 1973

CHILOÉ, SEPTIEMBRE DE 1973

DANTE MONTIEL VERA.
HISTORIADOR

El poeta Nelson Torres en “Juglarías”, escribía:

“Mi amigo y compañero de banco esta vez no llega tarareando a Cat Stevens. Intento escribir en un cuaderno el nombre de la chica que me gusta. La profesora entra y nos anuncia día libre. Dice que nos vayamos con cuidado por el asunto del golpe militar”.

Se iba a celebrar el 11 de septiembre el Día del Profesor en Chiloé cuando la radio desde muy temprano informaba del Golpe de Estado aquel día nublado en Castro. Las noticias y comentarios eran angustiantes y la preocupación comenzaba a cernirse. Se escuchaban los primeros bandos militares y las familias permanecían en sus hogares esperando los acontecimientos, mientras otros desde sus lugares de trabajo rápidamente retornaban a sus casas. Desde muy temprano las camionetas fiscales C-10 conducidas por Carabineros entraban a la Comisaría en calle Portales con detenidos y con su armamento vigilaban a los coterráneos cual enemigos. Los marinos también con vehículos vigilaban la ciudad y fueron los que más apresaron a profesores esos días. Los uniformados pedían la identificación a los transeúntes con su carné e interrogaban a cada instante. Era un sueño, nadie pensaba lo que sucedería después, aunque en muchas casas de vecinos castreños y de otras ciudades celebraban por lo que estaba ocurriendo. El “toque de queda” se imponía, después de las 18:00 horas Castro parecía un pueblo fantasma, la gente se dirigía raudamente a sus domicilios, mientras las fuerzas de seguridad patrullaban las calles buscando a los supuestos subversivos. Los bomberos debieron hacer guardia nocturna durante una semana a solicitud del Jefe de Plaza por presuntos incendios que provocarían los “marxistas” y el día 14 ráfagas de balas y disparos de pistolas se sintieron de amanecida en el cuartel bomberil – ubicado a un costado del Cuartel de Carabineros- despertando a los voluntarios esa noche; nadie supo que pasó, no hubo gritos, después un silencio sepulcral, nadie por razones obvias investigó. Los profesores que realizaban su labor en diversas escuelas del archipiélago y que estaban convocados para celebrar su día, debieron suspender todas las actividades y retornar a sus casas. Después de unos días debieron retomar sus actividades en medio de los inciertos comentarios y acusaciones infundadas que afectaron a muchos. En los hogares, oficinas, colegios, algunos más comprometidos y otros con el temor latente, procedieron a quemar libros y revistas de diversos temas en forma clandestina y con las precauciones necesarias. También los carabineros y marinos quemaban libros en las calles. Días después del golpe, controlaban las calles y lugares claves, la situación era tranquila en general. No hubo resistencia de grupos paramilitares como hablaban los medios de derecha. Y esa tranquilidad sólo era interrumpida por los disparos de los propios uniformados para crear una sensación de miedo y pánico entre la población. El famoso buque ambulancia “Cirujano Videla” anclado en el puerto de Castro recibió en sus bodegas a determinados vecinos que apoyaban al gobierno popular, estuvieron presos durante algún tiempo en las pequeñas dependencias de la embarcación, para ser liberados posteriormente.

Carabineros estaba dirigido por el Mayor Mario Torrealba, más tarde designado Gobernador de Chiloé, a cargo del control de la ciudad y provincia. Había Estado de Sitio y se violentaba a la gente por pensar distinto. Las nuevas autoridades llamaban a la población a delatar a sus propios vecinos si creían que eran de izquierda, se instó a denunciar a todos aquellos que ellos denominaban traidores a la Patria. Esto lo decían en comunicados para denunciarlos ante las comisarías. Luego la delación, se allanaban las casas, no se investigaba si era real, muchos fueron meras venganzas vecinales. En esos días carabineros allanó numerosas casas de conocidos simpatizantes del Gobierno popular, incluso el hospital y las postas rurales ante rumores de que existía un hospital clandestino, revisaron documentos de los auxiliares de salud buscando datos de escuelas de guerrillas. Se difundían listas “negras” con los nombres de dirigentes de la Unidad Popular, se detenía e interrogaba, se castigaba y delataba a las personas, en un ambiente de diversos comentarios y de mucho temor. En diversos círculos se rumoreaba que desde hacía un mes había llegado un camión lleno de armas para carabineros y que mucha gente vinculada a la derecha, opositora tenaz al gobierno, y de la Cámara de Comercio local sabían que habría un “golpe” de Estado. Carabineros recorría las calles observando las casas que habían instalado la bandera chilena en sus frontis en apoyo a la nueva autoridad militar y numeraban aquellas que no, entre tantas acciones propias del momento crítico.

Posteriormente los castreños adquirían los diarios para enterarse de las novedades en un local instalado en el subterráneo de la concha acústica de la plaza de armas, administrado por el comerciante Oscar Martínez Vílchez. Allí pudieron observar las fotografías captadas durante el asalto a La Moneda, entre algunas la imagen del Presidente Allende desde una de la puertas del edificio con casco de combate y metralleta, detrás de él acompañándolo lealmente la espigada figura con gruesos bigotes de Danilo Bartulín, médico del Mandatario, destacado galeno castreño cuyos familiares vivían en la ciudad. Resistió con el Presidente junto a otros funcionarios el ataque al Palacio, salvando con vida, fue detenido y preso por más de un año en el Campo de Concentración de Chacabuco, saliendo luego al exilio, el resto de los apresados mayoritariamente pasarían a engrosar las listas de detenidos desaparecidos. Se comentó además que dos aviones de combate Hawker Hunter volaron dos veces sobre La Moneda y en una tercera iniciaron el bombardeo sobre la fachada norte, de la cual salieron llamas y columnas de humo. Así, en este trágico hito de la historia reciente aparecían vinculaciones protagónicas con Chiloé, que desde sus particulares opciones se entremezclaron en ese fatal día.

Muchos conscriptos provenientes de distintos lugares de Chiloé que cumplían su Servicio Militar Obligatorio en Punta Arenas, Porvenir o Coyhaique, fueron trasladados inmediatamente a Santiago para cumplir funciones propias de un Estado de Sitio. Recorrían las calles de la capital armados y realizaban todo tipo de acciones que les ordenaban sus superiores en aquellos momentos más álgidos y fuertes del terror instaurado por el nuevo gobierno. De alguna forma desvinculaban al joven con el entorno, conduciéndolos a otro lugar donde no había ningún tipo de sujeción y por consiguiente la forma de proceder sería más autoritaria, precisamente porque no conocían a nadie o no existía relación afectiva alguna. Fueron transplantados por breve tiempo y con mayor disposición cumplieron lo ordenado en contra de sus propios conciudadanos. Durante dos a tres meses permanecieron en Santiago sin el menor contacto, extrañando, mientras tanto muchas familias isleñas desconocían el lugar donde se encontraban sus hijos hasta transcurrir los dos años que duraba el servicio militar. Concluido su servicio son licenciados retornando a sus hogares en el archipiélago, relatando la experiencia con cierto recelo y recordando aún las indicaciones de sus oficiales de mantener silencio. Mayoritariamente no entendían en el fondo lo que estaba ocurriendo, y en esa especie de ingenuidad adolescente asumieron un rol ofensivo que nunca imaginaron.

Por bando militar y oficios administrativos se exoneraron y destituyeron rápidamente a cientos de funcionarios del gobierno popular y públicos, a Directores de colegios, a profesores normalistas y de otros estamentos. En Castro se destituyó al Gobernador Celedonio Cárdenas Vera y al Alcalde Alberto Velásquez Oyarzún , a los regidores Gilberto Vera, Gaspar Rojas Márquez, Vicente Vargas, Ignacio Tapia Gatti, Orlando Bórquez Muñoz, Gilberto Aguilar Gallardo ; al Director Provincial de Chaitén (Chiloé Continental) Dante Montiel Cárcamo ; al Intendente de Chiloé con asiento en Ancud Sra. Alicia Faulbaum y al Intendente de Llanquihue el castreño Nelson Gonzáles Ballesteros; al Dr. Carlos Yurac Soto, Director del Hospital de Castro ,entre otros nombres. Se intervenían las Alcaldías, los colegios, las organizaciones y todo ente que tuviera algún tipo relación política o comunitaria. El Alcalde designado en Castro por el gobierno militar fue Fernando Brahm Menge, con todas las atribuciones para dirigir la comuna y encauzar los propósitos del nuevo gobierno a través del Coronel Sergio Leigh Guzmán, Jefe de la Zona de Llanquihue y Chiloé y del alto Oficial Juan Soler Manfredini, Jefe de Plaza, cuyo nombre aparecería posteriormente en un Informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) implicado en casos de derechos humanos y tortura. Como muchos jefes militares de la zona sur, el Coronel Leigh estaba extrañado al no existir resistencia, hubo un sólo caso en los primeros seis días, un poblador atacó a balazos a una patrulla de carabineros en Quellón “…pereciendo en el intento…” acotó, y continuaba mencionando “…a pesar de la extraordinaria paz que se vive en Llanquihue y Chiloé las F. F. A.A. están alertas…no puede ser verdad tanta belleza, tanta calma nos preocupa…”. Luego, generaciones en conflicto, enfrentamientos de diversas formas al poder militar, tristezas y alegrías, rompimientos familiares y vecinales, el acecho de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), los atentados en E.E. U.U., Argentina, Italia, las listas de detenidos-desaparecidos, arrogancia de autoridad, asilo político, soplonajes, torturas, miedos laborales , intimidación, y un sinfín de situaciones cuando existe una dictadura sellaron los años de tantos chilenos. La autoridad militar se imponía a fuerza de las armas. En los días siguientes se comentó en toda la ciudad acerca de los profesores del Liceo castreño que debieron tomar prevenciones en todos los aspectos, algunos fueron detenidos acusados de subversivos, izquierdistas o simplemente porque estuvieron acusados como simpatizantes del gobierno popular.

Las esperadas Fiestas Patrias con toda su actividad festiva se suspendió, no hubo fondas ni ramadas, el tradicional desfile en las plazas chilotas no se realizó, el tedeum tradicional también fue postergado, se vivía un ambiente de inquietud y temor. Aunque muchos vecinos partidarios acérrimos del nuevo gobierno participaron invitados a algunos actos conmemorativos, circunscritos a determinados círculos sociales. Entre el día del golpe militar y las fiestas dieciocheras por un acto de magia los negocios de los grandes comerciantes y otros de menor cuantía, expendieron y ofertaron todos sus productos alimenticios y de otra índole, paradojalmente el mercado negro concluyó instantáneamente y la escases de abarrotes igualmente. En las ciudades chilotas en forma súbita el desabastecimiento ya no existía, se comentó de aquellos que mantenían oculto en sus bodegas la mercancía y que en forma premeditada realizaron esta subversión. Uno de los hechos de connotación provincial que afectó hasta el presente fue la suspensión de las actividades pedagógicas de la Escuela Normal Rural de Ancud, un ícono de la educación austral. Se declaró en reorganización y posteriormente el cierre definitivo. Se le consideró como un centro de subversión política, y sus alumnos debieron suspender su formación mientras se reorganizaban en un clima de incertidumbre.

Televisión nacional, el único canal que se captaba en Chiloé en blanco y negro, sorprendía con sus programas dejando estupefacto a los observadores insulares cuando mostraron las imágenes del asalto a La Moneda, de la muerte del Presidente Allende, de los operativos militares y allanamientos en sectores populares, del armamento destinado a los supuestos miles de guerrilleros que operaban en el país, del Estadio Nacional convertido en campo de concentración, del asilo de cientos de compatriotas en las Embajadas, de los enfrentamientos con “extremistas” que con los años se supo que fueron verdaderas ejecuciones, de la famosa isla Dawson con los presos políticos y el encarcelamiento del joven poeta chilote Aristóteles España, del impacto y tristeza por la muerte del poeta Pablo Neruda con el altivo discurso de despedida del escritor chilote Francisco Coloane en el Cementerio General acompañado de decenas de personas que se atrevieron a desafiar a los militares que vigilaban el cortejo con el armamento preparado, de las recompensas ofrecidas para delatar a personeros políticos de la Unidad Popular, de la información difundida en periódicos de derecha publicando enfrentamientos entre izquierdistas en la frontera argentina donde se ejecutaron –según la publicación- unos a otros con el horroroso titular “…se mataron como ratas…”,más tarde se demostró que los fusilaron a todos. Los medios de comunicación escrita y televisiva mostraban aquellos rostros congelados y teñidos de ira de los miembros de la Junta de gobierno militar con el General Pinochet posando con grandes gafas oscuras y las declaraciones prepotentes propias de una guerra, de los informes de la prensa coludida con la nueva autoridad y otros hechos que contextualizaban lo que ocurría. El drama aparecía una y otra vez. En el archipiélago a pesar de lo que acontecía, se minimizaron dichas medidas coercitivas, quizás porque la comunidad se vinculaba activamente y de alguna manera se conocían en diversas circunstancias o por la propia marginalidad y distanciamiento de la provincia que derivaba en una supuesta visión de normalidad cotidiana.

Una mañana llegó al Liceo el Oficial de Carabineros Claudio Calderón, Jefe de Plaza y del Estado de Emergencia en Castro. Se reunieron a los cursos en el gimnasio en medio de un ambiente de intranquilidad ya que se sabía del encarcelamiento de docentes y ocultamiento de otros. Frente a los estudiantes pronunció un discurso político amenazante, autoritario, instando a no involucrarse en ninguna actividad política, los alumnos no hablaban, observaban desconfiados a las autoridades castrenses. Concluida la alocución los profesores temerosos enviaron a las salas al estudiantado, algunos de ellos meditaban otros no entendían, los rostros reflejaban que algo cambiaría en la vida de todos. Desde esos momentos cambió el Liceo, la sociedad, la comunidad, un quiebre que aún se percibe. La ceremonia de licenciatura de Educación Media Científico-Humanista del año 1973 fue en un clima político tensionado, se realizó en el Cine Rex – hoy el auditórium del Centro Cultural Comunitario- desde las 15:00 hrs. ya que el “toque de queda” era a las 18:00 hrs., invitados sólo los padres y apoderados en medio de un ambiente de preocupación y la mayoría de asientos desocupados. No hubo fiesta ni abrazos de los licenciados, cada cual volvió a sus hogares, ha sido la licenciatura más triste que tuvo el Liceo de Castro. Finalizaba drásticamente un ciclo de nuevas experiencias, años compartidos y enriquecimiento personal.

Se conversaba tristemente y con preocupación de los vecinos que habían sido apresados por sus ideas políticas y por respaldar al gobierno popular, algunos estaban recluidos en la Comisaría local, recibiendo castigos y apremios ilegítimos por parte de carabineros con toda su carga emocional y traumática. Había funcionarios que conformaban la denominada “Comisión Civil” que correspondía al Sicar(Servicio de inteligencia de carabineros) quienes detenían e informaban de los opositores tanto en la ciudad como en sectores rurales. Otros vecinos que estaban presos en la cárcel de Castro recibieron sus condenas y fueron trasladados a la cárcel de “Chin-Chin” en Puerto Montt, drama familiar ya que no sabían lo que les podría ocurrir o quizás no verlos más, soportando estoicamente la tragedia para continuar con vida y unirse como familia en aquellos momentos aciagos. Muchos fueron exonerados de sus trabajos sin ninguna consideración y derivó en consecuencias graves en su entorno familiar con los ajustes económicos para sobrevivir. Destacados y reconocidos dirigentes sociales, funcionarios públicos, profesores, comerciantes, estudiantes y otros que desempeñaban diversas actividades estaban privados de libertad. En suma, una psicosis dramática se cernía en la comunidad cuyos efectos aún se perciben. Los nombres de los coterráneos de Ancud: Claudio Milapichún, Santiago Alvarado, Jaime Moraga Zamorano, Héctor Jara Troncoso, Víctor Paredes, Germán Gallardo Mayerovich, Osvaldo Sandoval, Francisco Castillo, Duncan Gilckrist, Mario Malig, José Mario Cárcamo Garay (fusilado), Norberto Vera, Renato Sanzana Otey, Fernando Calbullanca, César Zúñiga, José Lagos, Luis Velozo Cárcamo; de Quemchi: Pedro Torres, Manuel Vera (Diputado), Pedro Vera, Heriberto Macías Aguilar, Iván Pacheco, Antonio Macías, Raquel Díaz Caballero; de Quellón: Héctor Santana (fusilado), Rodemil Cárdenas Ovando, Francisco Avendaño Borquez(fusilado), José Santos Lincoman Inaicheo , Alberto Inaicheo, Alejandro Antonio Mascareña (fallecido por electrocución); de Chaitén: Luis García Jara, Noal Abud Alcalde, Alfredo Campos, Wally Bunster, Roberto Huenchur; de Chonchi: Werner Haro, Noé Cárdenas Alvarado, Raúl Andrade Oyarzún, Julio Díaz Caballero, Domingo Álvarez Cárdenas; de Achao: Bernardo Díaz Cárdenas, “Manguera” Aguila; de Castro: Edgardo Bórquez Oberreuter, Hernán Solís Gaete, Pedro Quelincoy de la Torre, José Quelín Panichini, Juan Huenchur Hueico, Moisés Teca Santana (alumno de la Escuela No 1, cursaba 8º Básico y quizás el preso político más joven de Chile), Enoldo Cuyul Levipani, Luis Alfaro Frez, Sergio Valderas, Cesar Leiva Garrido, Juan Altamirano, Mario Contreras Vega, Milton Andrade Andrade, Raúl Pérez, Raúl Quintul (campesino denunciado por “extremista” al mantener litigios de tierra con un latifundista regidor del Partido Nacional castreño), Carmelo Quinchén Gómez, Celedonio Cárdenas Vera (Gobernador), Cataldo Martínez Pardo, Mario Lagos Barrientos, René Vidal Barrientos(Vicepresidente del Centro de Alumnos del Liceo, cursaba 1º Medio), Juan René Bórquez García(alumno del Politécnico), Jorge Barrientos Gonzáles, Pedro Gipoulou Bahamonde, Juan Pedro Miranda, Rubén Santana Alvarado, Marco Antonio Romero Arias, José Fernández Gonzáles, José Miguel Nahuel Carimoney, Recaredo Oberreuter, Raúl Chávez, Rodolfo Cortés Ocampo, Adolfo Brüning Pérez, Edgardo Bórquez García, Marco Romero Arias, Hugo Huenchur Rosas, Héctor Barrientos, Flavio Mansilla, Sergio Bartulin, Cristian Díaz Caballero, Ramón Olivares Molina, Edgardo Sánchez, Sergio Montiel Martínez, Alfredo Molina González, Ramón Morales Landaeta, Rodolfo Sandoval Mateluna, Gladys Edmonton, Héctor Montiel, Carlos Torres Vera, Werne Haro Oyarzún; entre tantos otros , cuyos nombres se repetían una y otra vez en los hogares chilotes con el deseado desenlace favorable de sus historias protagónicas cuando fueron trasladados a la cárcel de Puerto Montt, donde algunos permanecieron hasta dos y tres años detenidos, mientras otros fueron relegados a diversas zonas del país por el lapso de un año. Algunos presos de “Chin-Chin” salieron en libertad autorizados por el fiscal militar Alberto Ebensperger, estuvo poco tiempo y los militares lo retiraron porque tenía cierta deferencia con la gente de izquierda detenida.

En medio del entorno hostil sorprendió a la vecindad el apresamiento y posterior traslado a “Chin-Chin” del connotado y reconocido servidor público Demetrio Cárdenas Vidal, un hombre ya anciano; no faltó quien informó a la policía porque era habitual la acusación infundada o “soplonaje”. Fue acusado de que tenía un arsenal en su casa y al allanarla encontraron un viejo y oxidado trabuco del siglo XVIII, inutilizable; sin embargo igual fue detenido. Este hecho paradojal conllevó diversos comentarios y opiniones de lo que estaba sucediendo, era la nota anecdótica y trágica por decirlo de algún modo. Después de un mes regresó Don Demetrio para alivio de los vecinos, prosiguió atendiendo su negocio en calle Blanco y entre risas tenía todavía el ánimo como viejo patriarca castreño de relatar su paso por las mazmorras de la dictadura. Fue un altivo ejemplo para muchos y enseñanza a considerar porque los nuevos personajes del poder, enfermos de soberbia, no podían o no deseaban considerar explicación alguna ante la obviedad de una situación por más explícita que sea.

Un caso emblemático –entre tantos otros- por acontecer en las islas interiores de Chiloé fue del campesino Juan Lleucún Lleucún de la isla de Meulín, nombrado subdelegado de distrito durante el Gobierno de la Unidad Popular. Llegó hasta esa isla una lancha con una patrulla de carabineros, lo detienen y castigan, siendo embarcado y trasladado junto a otros dirigentes de organizaciones campesinas hasta la cercana isla de Quenac, en cuyo cuartel continuó siendo castigado brutalmente por los uniformados, muriendo en el suelo del calabozo por las torturas recibidas. Único caso en el archipiélago de un crimen político ocurrido en una isla interior. Su historia representa la de miles de personas humildes que soñaron con un mundo mejor.

También fue nombrado Israel Bórquez como Presidente de la Corte Suprema del país, el de la célebre frase “…los desaparecidos me tienen curco…”, siendo el mejor reflejo de la actitud del poder judicial que presidía frente a la desaparición forzada de tantas personas. Fue un chilote con fuertes vínculos de parentesco en Castro y Chonchi, vivió y ejerció su profesión de abogado en esta ciudad durante la década del 30 y simpatizaba con el Partido Conservador, luego postula a la vacante del Primer Juzgado de Punta Arenas, trasladándose a la austral ciudad. En Castro lo llamaban familiarmente “Don Tolo”, años después en pleno gobierno militar dicen que nunca el poder judicial de Chile había sido cubierto de tanto oprobio, cuya concepción del derecho público genera aun perplejidad. En su gestión de más de cuatro años, la Corte Suprema no cumplió con el deber de proteger a las personas afectadas por la política represiva, enviando claras señales de pasividad y consentimiento, a la postre, la mayoría de jueces declinaron hacer prevalecer el Derecho.

Muchos jóvenes chilotes salieron a otras provincias a estudiar, comenzaba la vida universitaria, una etapa fructífera en la formación definitiva y consolidación de intereses. Años de intensos estudios, perfeccionamientos, responsabilidades, también de compartir, de nuevas amistades. Durante una noche de fiesta en otra ciudad imperando el “toque de queda” un grupo de exalumnos liceanos en medio del baile presencian el allanamiento por militares a la casa particular donde se desarrollaba la festividad con todas las consecuencias de prever. Situación que impresionó, más aún cuando en Chiloé tales prácticas no eran frecuentes, se comprendió drásticamente muchos aspectos de la vida y convivencia social, sumado a la importancia de luchar de diversas maneras por un régimen democrático como confidenciaron los estudiantes isleños, entre otras historias personales.

Hoy, a 45 años de aquel día que marcó a distintas generaciones y que aún divide a la comunidad nacional, es necesario la verdad y la justicia, recuperar y validar la historia de aquel entonces y la memoria colectiva. Y menos olvidar los nombres de tantos habitantes de Chiloé que sufrieron los rigores de entonces. Es fundamental una explicación que haga justicia a todos los ciudadanos muertos, desaparecidos, torturados y humillados, vejados y violentados durante los años de dictadura, que sólo deseaban un mejor gobierno democrático para el pueblo y una sociedad más justa e igualitaria. El poeta español Juan Gelman, Premio Cervantes, escribía: “…Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia delante y no encamisarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado…”

Tirso Montiel (“Pablo”) en la Guerrilla Guevarista

Tirso Montiel (“Pablo”) en la Guerrilla Guevarista

Por Dante Montiel Vera, Historiador

La recuperación de la memoria histórica está remeciendo a Chile, este es el caso de la participación de chilenos en la guerrilla boliviana. Aquellos días eran de la ampliación del socialismo en el mundo, momentos de liberación nacional de algunos países, del inicio de la construcción del Estado-nación en numerosas ex colonias, del apogeo del movimiento obrero. Fue el período de la guerra fría, del conflicto vietnamita, de la cuestión palestina, de la guerra contrarrevolucionaria. Fue también el momento de la discusión de la teoría de la dependencia, del pensamiento de la CEPAL, de la teología de la liberación, del nacionalismo de izquierda y la revitalización del marxismo, del impacto de la revolución cubana y su solidaridad con los pueblos en lucha, de la apertura de focos guerrilleros en la región. En Chile, las sucesivas derrotas de la izquierda, la manipulación electoral, la reaparición del nacionalismo-autoritario, la politización que comenzaba en las fuerzas armadas, los actos represivos, llevaron a Tirso Montiel Martínez (“Pablo López”) a tomar la vía armada como muchos otros y la determinación de incorporarse a la guerrilla.

La decisión entonces tiene una explicación. No fue una decisión de carácter idealista; muy por el contrario, la osadía de internarse en el “monte” boliviano es más compleja, y participante de la convulsa historia de Latinoamérica en la segunda mitad del siglo XX. Fue testigo de las injusticias y desigualdades sociales. Se incorporó a un movimiento guerrillero para luchar por una transformación de la sociedad. Tirso no está entre nosotros, un 29 de agosto de 1970 perdió la vida en combate. Este artículo es un aporte que permite la recreación de una vida enmarcada en los sucesos de los años 60 en América.

Los años que transcurren entre 1959 y 1973 fueron un tiempo en que las injusticias en América se hicieron visibles, eran tiempos de cambios y la palabra rebelión se multiplicaba por todo el mundo. Los universitarios franceses se enfrentaron a las autoridades en la denominada “revolución de mayo”, para lograr transformaciones en educación y abolir las censuras, en Estados Unidos los jóvenes se negaban a ser reclutados para la guerra de Vietnam, los países africanos comenzaban a liberarse del colonialismo europeo. Años en que los jóvenes se encontraron con la revolución cubana que cambió sus vidas, fue el faro que impulsó alianzas internacionales y movimientos alternativos en Asia, África y América Latina. El socialismo se veía próximo, todo cambiaba: la política, la economía, la cultura, ningún área de América dejó de experimentar el embrujo revolucionario. En esos años la seguridad de los jóvenes en sí mismos era tal que estaban convencidos de cambiar el mundo, muchos se embarcaron en proyectos para cambiar la historia política. Desde el comienzo de la aventura guevarista en la década del 60, cientos de personas han combatido por las ideas revolucionarias en Latinoamérica, inspirados en la lucha internacionalista, pero fueron pocos los que estuvieron en alguna columna guevarista en la sierra boliviana, Tirso fue uno de ellos.

Pocos recuerdan la participación de un grupo de chilenos en el segundo intento guerrillero en Bolivia, a mediados de 1970. Se llamó la campaña de Teoponte y fue inspirada con el lema “Volvemos a la montaña”, que expresó Guido “Inti” Peredo, lugarteniente del “Che” que sobrevivió a la emboscada del ejército contra los guerrilleros en Ñancahuasú, en octubre de 1967. La muerte del “Che” no desalentó a sus seguidores, la guerrilla boliviana se reorganizó en torno al Ejército de Liberación Nacional (ELN), que fue integrado también por chilenos, uno de ellos fue Tirso Montiel. Para un marxista, para un revolucionario, para un socialista, el socialismo debe ser internacional, no puede haber socialismo de un solo país, se tiene necesariamente que extender al mundo. La alternativa era salir a empujar la revolución, lo que explica la participación de cientos de revolucionarios más allá de las fronteras de su patria, de héroes anónimos. Es la historia de los combatientes internacionalistas que prestaron sus servicios a la causa de la liberación, democracia, y progreso de otros países, como si se tratara del suyo propio. El internacionalismo es un profundo sentimiento hacia el pueblo, sin importar nacionalidades, sin importar fronteras. Era el tiempo en que las nacionalidades se esfumaban y la lucha armada era la única solución, era el tiempo en que había valor y valores. La patria es América, la patria no sólo es donde se nace, sino donde se está dispuesto a morir o vencer en la lucha contra el enemigo del pueblo, un revolucionario no es extranjero en ninguna parte.

Tirso nació en Castro (Chiloé), apodado cariñosamente como “yayo”, seudónimo que lo identificó. La enseñanza primaria lo realizó en el colegio de curas, luego en el Liceo, integrando un curso donde uno de sus compañeros fue Danilo Bartulín (médico de Allende), que entrecruzarían sus historias personales durante el proceso revolucionario chileno y latinoamericano. El fútbol era su gran pasión juvenil, participó como jugador del club deportivo “Arco Iris” y “Estrella del Sur” mientras estudiaba. Concluyó la Enseñanza Media en el Liceo de Hombres de Valdivia y en 1955 se presentó voluntariamente al Servicio Militar Obligatorio, se incorporó al Regimiento de Infantería Nº 14 “Caupolicán” en Valdivia, licenciándose en diciembre como Oficial de reserva.

Ingresó en 1956 a la “Escuela de Carabineros del General Carlos Ibáñez del Campo” en Santiago. Egresó como Subteniente y para la campaña política de 1958 de Salvador Allende dio a conocer su rabia e impotencia, al decir que usaron al cura Catapilco para impedir el triunfo de Allende que fue apoyado por el FRAP, pero sus palabras reflejaban algo más, había una evolución política. Destinado a la Quinta Comisaría de Concepción con el grado de Teniente de Carabineros, fue uno de los promotores de la institución Niño y Patria, se creó entonces el primer hogar en Chile para estos niños. Fue trasladado a la 9ª Comisaría de Santiago, luego a la Comisaría de Avenida Ecuador. Como Oficial rompía esquemas en carabineros y meditaba acerca de su permanencia. A fines de 1962 se retiró de Carabineros de Chile, dejando una importante obra social en el tema de la protección social de menores. Comenzó a trabajar en Santiago en el laboratorio Farmoquímica del Pacífico, siendo elegido presidente del Sindicato por dos períodos. Poco a poco el mundo de carabineros se difuminaba y adquiría una nueva dimensión el sindicalista. Participó en el “núcleo” del Partido Socialista de la Villa Olímpica.

La “nueva izquierda” influenciada por la revolución cubana tuvo gran acogida ideológica entre los jóvenes, quienes se sentían decepcionados de la política de izquierda tradicional, tras los fracasos presidenciales del 58 y del 64, pensaban que era el momento de conquistar el poder. Así, el militante Elmo Catalán viajó a Cuba a recibir entrenamiento paramilitar, a su regreso organiza el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Chile, y la misión era constituir una red de apoyo logístico al “Che” en su aventura guerrillera en Bolivia. Tirso comenzó a tener contactos y amistades con personas del mundo socialista que tenían propuestas para cambiar la sociedad, siendo invitado a participar de una nueva opción política. Una agrupación exclusiva y vanguardista, su nueva familia serían los “Elenos”.

El ELN de Bolivia fue una organización político-militar de tipo internacional, creada por el Comandante Ernesto “Che” Guevara para llevar la guerrilla revolucionaria al cono sur del continente americano. Su objetivo principal era desarrollar un foco guerrillero en las selvas de Bolivia, que sirviera como base operativa de la lucha armada de Sudamérica. El foco guerrillero se ubicó en las selvas de Ñancahuasú, y Chile es elegido para ser una vía de comunicación y apoyo en hombres y material al foco guerrillero boliviano. La sección chilena del ELN surge en Chile hacia 1966 y comienza en los momentos en que el “Ché” estaba en combate en Bolivia. El propio Guevara mandó a Chile a Tamara Bunker (la famosa “Tania”), la mensajera consigue estructurar un grupo de apoyo al contactar con el periodista Elmo Catalán afiliado al Partido Socialista Chileno (PSCh), este periodista revolucionario al escuchar los planes guevaristas decide impulsar sin ningún género de dudas la rama chilena del ELN. En una reunión mantenida con Arnoldo Camú, Tirso Montiel y Walterio Fierro deciden crear el Ejército de Liberación Nacional (ELN), era el año 1966 y poco más tarde se les unirían Paulina Weber, Félix Vargas, Eduardo Carvallo, Félix Huerta y Beatriz “Taty” Allende (hija del futuro presidente de la República Salvador Allende) entre otros. Los primeros militantes guerrilleros chilenos se alistarían para su entrenamiento militar en forma clandestina, su procedencia era en su mayoría del Partido Socialista que en aquella época se consideraban marxistas-leninistas.

A mediados de 1968 viajan con Inti Peredo a instrucción guerrillera en La Habana más de 20 revolucionarios chilenos al mando de Elmo Catalán. Tirso Montiel fue uno de los escogidos para viajar a Cuba. Se unió voluntariamente al grupo de “Ricardo” (Elmo). A partir de ese momento Tirso se transformó en “Pablo”, un combatiente con su “chapa” revolucionaria. Al despedirse de Chile utiliza su nombre de combate porque el antiguo quedó sepultado en el pasado. Su nuevo nombre o chapa: Pablo López García. Era el mes de septiembre de 1968. Lejos estaba el joven chilote, el exoficial de carabineros, el ex sindicalista, aparecía paulatinamente el guerrillero, el escalafón más alto de la escala humana, ahora irrumpía la patria grande: Latinoamérica.

El centro de entrenamiento guerrillero estaba localizado en Baracoa, provincia de Guantánamo, luego fueron trasladados al campamento militar de Punto Cero, el otro lugar de entrenamiento, aquí se preparaban los mejores combatientes latinoamericanos. En La Habana encontró a la mujer que le dio un vuelco a su vida en lo sentimental, en lo político, en lo familiar, su compañera cubana, Georgina Miranda Padrón. Ella era bibliotecóloga, académica, pertenecía a un círculo intelectual relevante, muchos escritores, artistas, poetas, músicos, se vinculaban con ella y su familia, y era conocida entre sus amistades como “Yoya”. Pablo integró ese hogar cubano.

Eran la prolongación de la revolución en América y debían cumplir como guerrilleros. Pablo se marchó de la Habana con amargura. Después de un viaje agotador por Europa el avión aterrizaba en Santiago. Fueron esperados para la coordinación política, algunos llevados a casas de seguridad y pasaron a la clandestinidad. Cuando regresó a Chile ya no era el mismo. Los “elenos” se preparaban para abrir nuevamente un foco guerrillero en Teoponte. Desde Chile y en menor grado por Argentina en 1969, un primer contingente de cuadros militares se introdujo clandestinamente en Bolivia.
El ELN quedó bajo la jefatura de Osvaldo “Chato” Peredo. Las condiciones para el funcionamiento clandestino de la organización eran muy precarias, pero decidieron continuar la lucha pese a todas las dificultades y se coordinaban las actividades para recibir a los “elenos” chilenos. La participación de Pablo era fundamental, se sabía de su consecuencia política, de su capacidad combativa, y en razón de su preparación militar se le pidió que asuma diversas labores. Pasó por Atacama, luego a Bolivia, para dirigirse a La Paz, donde lo esperaban los contactos y las casas de seguridad. Era marzo de 1970.

La zona de Teoponte, donde se iniciarían las acciones, se optó porque posee una situación estratégica mejor que Ñancahuasú al estar más cerca de La Paz y de los centros mineros, sector que parece perfecto para la guerra de guerrillas. Está localizado a unos 200 kilómetros al norte de La Paz, región selvática, con población reducida, se habla español y aymará.

El ingreso a Teoponte fue por una supuesta campaña de alfabetización de universitarios. Los sueños de alcanzar la justicia social por medio de las armas subyugaban a jóvenes de diferentes lugares del mundo, aunque la mayoría apenas se entrenó, estaban entusiasmados por ingresar “al monte”. En Julio de 1970, un grupo de 67 jóvenes se dirigió a las montañas de Teoponte para iniciar la guerra de guerrillas donde estaban los sectores más empobrecidos de Bolivia. Habían transcurrido dos años y seis meses desde la muerte del “Che”. Antes de iniciar las acciones militares y como era costumbre en la guerrilla, todos los combatientes escribieron sus cartas de despedida, Pablo escribió a su familia su carta despedida. Expresó su pensamiento, su compromiso ideológico, su firme convicción en la revolución americana, dice:

 

“La Paz, 17 de junio de 1970.
Queridos padres,
Queridos hermanos,
Queridos hijos,
Familiares y amigos;

 

Cuando reciban estas líneas seguramente yo estaré caminando por las selvas bolivianas, iniciando o mejor dicho reiniciando la lucha comenzada un día por nuestro Che.

Los que ahora seguimos su ejemplo empuñamos las armas, lo hacemos con alegría, con plena convicción y decisión de llevar esta guerra hasta sus últimas consecuencias. Cargamos en nuestros hombros la responsabilidad del porvenir de la revolución latinoamericana. Sabemos que esta guerra será a muerte, larga y llena de sacrificios. Nosotros no queremos la guerra, pero no nos queda otro camino que entrar en ella, pues vemos que el único camino para conseguir nuestra libertad, en la mayoría de los países, es la guerra. Pero esta guerra será la tumba de nuestros enemigos: el imperialismo yanqui. Crearemos los Vietnam soñados por el CHE.

Como miembro del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, siento una alegría infinita de compartir todo esto. Tengo el privilegio de sentirme tan boliviano como cualquiera que haya nacido en estas tierras. El cariño y compañerismo es algo maravilloso; tengo muy buenos e incomparables compañeros; somos una gran familia los “ELENOS”, parte de la gran familia latinoamericana. Algún día alcanzaremos nuestros objetivos para así formar una sola Patria. “La Gran Patria Latinoamericana” con la que soñaron Bolívar, Che y mi gran amigo y compañero Ricardo, cuyo recuerdo permanecerá imborrable. Luchamos por los explotados de nuestra América, del mundo entero, por el recuerdo de los compañeros chilenos, cubanos, argentinos, peruanos, etc., caídos en la lucha. Seguimos la historia cuyo curso no lo van a interrumpir nuestros enemigos. Luchamos para que vivamos con dignidad.

Si es posible mantendré comunicación con ustedes. Creo que no va a ser fácil hacerlo, púes, hay que tomar en cuenta las probabilidades de sobrevivir en una guerra, y otros inconvenientes.

Me despido de Uds. con un fuerte abrazo y con un saludo.
Victoria o Muerte.
¡Volvimos a las montañas!
PABLO”

La noticia se difundió en Chile, la prensa mencionó nombres y otros aspectos, incluso antes que se inicien las acciones militares, una situación paradojal porque se daba a conocer información que se suponía de absoluta reserva. En el caso puntual de Pablo la situación fue mucho más directa, porque en la Revista “Punto Final” le dedicaron un artículo incluyendo su fotografía de Oficial de Carabineros de Chile, y esto sólo a nueve días antes de su muerte. En el contingente participaron 67 combatientes: 53 bolivianos y 14 extranjeros, entre ellos ocho chilenos, el mayor número de combatientes internacionalistas, para dar inicio a la última guerrilla guevarista de América. El ELN de Bolivia había vuelto al monte, pero inmediatamente las tropas anti-guerrilleras se movilizaron. Fueron 8 los guerrilleros internacionalistas chilenos: Calixto Pacheco Gonzáles (“Rogelio”), sobreviviente, José Celis Gonzáles (“Alberto”), obrero, sobreviviente; Guillermo Veliz González (“Gastón” o “Guatón”), ingeniero químico, sobreviviente; Hilario Ampuero Ferrada (“Poropopó”), socialista, muerto en combate por el ejército; Carlos Brain Pizarro (“Peruchin”), trabajador bancario, ex cadete de la Escuela Militar, fusilado por sus mismos compañeros; Tirso Montiel Martínez (“Pablo”), ex oficial de Carabineros, empleado, muerto en combate; Julio Olivares Romero (“Cristián”), estudiante, muerto en combate; Julio Zambrano Acuña (“Manuel” o “Pepechá”), estudiante, muerto en combate. Cinco murieron en la selva y tres salieron con vida, solamente uno sobrevive hasta hoy. En los 4 meses que dura la lucha se desarrollaron 9 combates, y a medida que pasaba el tiempo los enfrentamientos van favoreciendo cada vez más a los militares.

La muerte de Pablo ocurrió cuando fueron bajando al poblado de Chocopani, junto a “Chongo” (Darío Busch Barbery), en una actitud temeraria van a buscar comida y comprar alimentos a la casa de un campesino para un comandante guerrillero herido. Una actitud solidaria pero imprudente, ya que el ejército los amenazaba a pocos metros de distancia. En vez de retirarse rápidamente se pusieron a cocinar la comida, el ejército los detectó y los cercaron, les dispararon en la emboscada. Es atrapado junto a “César” (Álvaro Urquieta Paz), universitario, a quien “Chato” lo había enviado para llamar a Pablo y Chongo. Lo balearon finalmente a cierta distancia, y posteriormente fueron sepultados sus restos ilegalmente. Tenía 34 años y se había preparado para este sublime acto de valentía y decisión. En menos de un mes todos resultaron muertos, otros murieron de hambre y enfermedades, los capturados son fusilados. 58 inexpertos guerrilleros fueron asesinados y se captura al “Chato” Peredo. Los militares ya no combatían a la guerrilla sino era una cacería. Al concluir octubre una situación fortuita salvó la vida de los últimos 9 sobrevivientes, entre ellos 3 de los 8 chilenos que integraron la columna. La primera gestión del Presidente Salvador fue otorgar asilo político a los guerrilleros bolivianos encabezados por el médico Osvaldo “Chato” Peredo, que hoy vive en Santa Cruz y que ocupa el cargo de senador.

Todavía existen en Bolivia los restos de chilenos desaparecidos, entre ellos: Pablo López García o Tirso que se sumó al sueño del “Che”, así como todos los jóvenes que sufrieron y murieron en medio del monte. La historia de Tirso o Pablo es la historia de cientos de jóvenes consecuentes que abrazaron la causa revolucionaria, del “hombre nuevo”, de los guerrilleros idealistas y pragmáticos de los tiempos del “Che”, de Allende, de Miguel Henríquez y otros, que deseaban una sociedad mas justa, igualitaria y humanista. Fue el período más glorioso e intenso de sus vidas, una época de fuerte compromiso, compañerismo y sacrificio que los unió para siempre.

Conocida en Chile la muerte de Tirso Montiel, de inmediato surgió el deseo de reconocer y testimoniar su ejemplo. En carabineros se organizó una “Brigada Tirso Montiel” durante la Unidad Popular, era un núcleo pro-allende, un grupo clandestino de altos oficiales consecuentes que simpatizaban con el gobierno popular y que lo consideraron un ejemplo institucional. En 1971 en el 23° Congreso del Partido Socialista en La Serena, se rindió un homenaje a Tirso Montiel y otros combatientes en el acto inaugural. En Santiago el Partido Socialista formó el Núcleo Tirso Montiel de Providencia. El 2008 se constituyó en Castro una organización denominada: “Agrupación cultural solidaridad con Cuba Tirso Montiel Martínez” y en la Sesión del Concejo Municipal de Castro, el 2010, se denominó a una de las calles de la población Salvador Allende con el nombre de “Dirigente social Tirso Montiel Martínez”.

Tirso dio su vida por la revolución y a 48 años de su muerte en combate es un ícono de la historia local. Su figura ha trascendido su momento histórico. En este tiempo de globalización y economía de mercado donde los jóvenes buscan objetivos y valores para lograr una humanidad más fraterna, el legado de Tirso o mejor decir Pablo aparece como un faro irradiando una serie de valores para la juventud, con capacidad de sacrificarse y morir por sus ideales. La historia recordará que en esos años un contingente de jóvenes llenos de sueños y propuestas por mejorar la sociedad y la política, se inmolaron cumpliendo lo que prometieron. Fue la única guerrilla en América del Sur que en los años 70 siguió el método foquista diseñada por el “Che”.

En la izquierda política está la memoria de Tirso y la fe en la revolución cada vez que se recuerda su nombre, no era un buscador de gloria, deseaba construir un mundo nuevo, enfrentar al imperialismo, con un profundo sentimiento americanista, ruta que lo llevó de Chiloé a Santiago, a La Habana, a Bolivia, su última tarea revolucionaria. Es fundamental rememorar su historia, esas vidas no pueden ser olvidadas, porque ellos no están vencidos, sólo aquellos que no se les recuerda son derrotados.

Una nueva vida es posible y una nueva ética será posible. Desde luego, el “Che” o “Pablo” pueden ser modelos, pero como una vida concreta para alcanzar aquella sociedad justa, que ellos, entre otros, impulsaron a construir, interpretando así los sueños y esperanzas de una generación que estaba convencida de que un mundo nuevo era viable. Hace 48 años que mataron a Tirso, generaciones han nacido y crecido sin saber de él. Cuatro décadas en que América Latina se ha poblado y despoblado de regímenes militares odiosos. Cuatro décadas en que a veces se escucha a los Beatles, se observa alguna minifalda o una película de la época. Cuatro décadas en las que aún se conservan libros sobre la guerrilla, empolvados, en librerías o en bibliotecas particulares. Cuatro décadas que ultimaron a Tirso, y como todos los soñadores no triunfó, ahí está su sacrificio, quizás nunca sepamos hasta donde pudo llegar su consecuencia, quizás por eso su tumba está en nuestro corazón.

Ahí están sus fotos, los afiches, sus escritos, su derrota en Bolivia. Ahí está, también, el recuerdo silencioso, lejano, de seres que entonces, ese 29 de agosto de 1970, apenas iban al Kinder, cursaban en las escuelas primarias, o daban sus primeros pasos, o todavía ni siquiera sospechaban que algún día alguien les contaría la pequeña historia de que hubo una vez un chilote al que le decían “Pablo”, su nombre guerrillero, que encontró la inmortalidad en Bolivia. En las fotos su mirada pareciera recordarnos que entraría a la historia con mayúsculas. Parecería estar seguro de que su rostro transitaría por las calles del mundo. Parecería saber que años más tarde un colectivo enorme y global lo miraría como una figura que todavía sigue emitiendo una luz de consecuencia y enseñanza. Así, a uno de los símbolos de Teoponte se le reconoce internacionalmente, Pablo es un símbolo, y los símbolos nacen para nunca morir.

Un chilote en la Brigada Lincoln durante guerra civil española

Un chilote en la Brigada Lincoln durante guerra civil española

Por Dante Montiel Vera, Historiador

 

Hace setenta y nueve años, las Brigadas Internacionales se retiraban de España. Habían sido constituidas por cuarenta mil voluntarios de todo el planeta. Nunca hubo una movilización solidaria  de tal magnitud. Iban a defender la república española. En febrero de 1936, triunfó el Frente Popular, la derecha no aceptó el veredicto de las elecciones y  preparó en julio el golpe militar encabezado por Francisco Franco. Entretanto, el gobierno del Frente Popular  aceptaba las autonomías vasca y catalana, negándose a enfrentar por la fuerza las huelgas y ocupaciones de  tierras.

La Guerra Civil española (1936-1939) fue un acontecimiento de gran impacto en la historia universal del siglo XX. Quedó en la memoria histórica de las sociedades europeas como el enfrentamiento de mayor escala contra el fascismo. Las Brigadas Internacionales, hasta hoy en día, 79 años después de su formación, su sola mención provoca reacciones encontradas. Para los herederos del franquismo no eran otra cosa que grupos de “judíos centroeuropeos comunistas que no han ganado ni una batalla”, para los demócratas de España, de Europa y también de América, son recordadas como el único caso en la historia del siglo XX de personas con ideales y principios, dispuestos a pelear y dar la vida por defender la democracia y la república en un país lejano, para cerrar el camino al fascismo. El reconocimiento cada vez más universal de la sociedad española a las Brigadas Internacionales se manifestó en la otorgación en 1996 de la nacionalidad española a los ex combatientes de las Brigadas y a sus descendientes, aprobada en el parlamento español por los votos tanto de la izquierda y centro-izquierda, como del centro-derechista Partido Popular. En Chile no había sido reivindicado por ningún partido político la incorporación de combatientes chilenos en las Brigadas Internacionales, ni menos hemos leído o escuchado reivindicaciones públicas de la participación chilena en la acción de las Brigadas Internacionales.Esto resulta paradojal por cuanto  los brigadistas en todo el mundo han sido motivo de gran reconocimiento, así hubiesen integrado la Brigada Lincoln de EEUU o  la Taelmann de Alemania. A España acudieron hombres jóvenes de todo el mundo dispuestos a defender la república. Los voluntarios latinoamericanos sólo sumaban cientos, en su mayoría argentinos y cubanos.

La historiadora Olga Ulianova descubrió en los archivos de la Internacional Comunista las fichas de  veinticinco combatientes chilenos. La recuperación se produjo en el Centro Ruso para la Conservación y Estudio de los Documentos de la Historia Contemporánea, ex Archivo del Instituto de Marxismo Leninismo. Las fichas de los chilenos combatientes corresponden a las Brigadas Internacionales y allí están las respectivas biografías, completísimas, como corresponde a la práctica del movimiento comunista de hacer llenar formularios con todos los datos posibles a militantes y, en este caso, a individuos comprometidos con la causa republicana. Ahora se sabe de veinticinco chilenos,  uno de los cuales era  Efraín Gartés, un chilote que vivía en Brooklyn, Nueva York, que se alistó en la Brigada Lincoln.

Las fichas corresponden al período de la derrota republicana, cuando  ya están desmovilizados y son perseguidos por los franquistas, inclusive algunos ya se encuentran prisioneros en España, en el campo de concentración de San Pedro de Cárdenas.  Según el documento, el comisario político André Marty, secretario del coronel Cordon , al referirse a los chilenos, recomienda “no se concedan condiciones especiales a los oficiales extranjeros que no poseen una muy alta calificación militar”. Esto llama la atención, pues de los veinticinco chilenos, unos diez eran oficiales de las diversas ramas militares, hasta un aviador: algo notable en  una España sin aviación. Todos con muy buena preparación y calificados en sus fichas como buenos, disciplinados, serios, responsables. Por lo demás, todos estos combatientes son de conducta ejemplar, salvo uno que tiene la tacha de “anarquista” y otro que es sospechoso porque sale de noche y no  se presenta al acantonamiento. Se trata de las fichas de combatientes, que llenaba cada postulante en los años 1936-38 y donde posteriormente se introducían comentarios de sus superiores, así como de las listas de ex combatientes, retenidos en los campos de concentración en el territorio francés, tras la salida de las Brigadas Internacionales de España en 1938.

Veinticinco personas no es mucho, si lo comparamos con los contingentes europeo o norteamericano, pero para América Latina el número no es despreciable. Entre los países de la región sólo Argentina, Brasil y Cuba presentan grupos cualitativamente mayores, mientras que la presencia de los demás países no supera, según el registro de los archivos kominternianos, un promedio de 3 a 5 personas.

Sin embargo, ningún partido los ha reivindicado. ¿Qué suerte corrió la mayoría? ¿Quedaron abandonados por completo? ¿Fueron exterminados? ¿Se los comió la  segunda guerra? ¿Qué juraron en nombre de la causa? ¿No casarse? ¿No tener hijos? ¿No demandar ayuda ni socorro en la adversidad? ¿Su lealtad los llevó a guardar el secreto de su heroico compromiso hasta más allá de la muerte? ¿Por qué ninguno de ellos fue embarcado en el “Winnipeg”? Para  el comisario Marty, estos combatientes chilenos “no han hecho la guerra moderna, no tienen una instrucción teórica y son muy políticos” y finalizaba advirtiendo: “la prudencia exige en mi opinión no aceptar a ninguno, salvo elementos muy investigados”. ¿Sería semejante “prudencia” definitoria del destino de estos chilenos? ¿Ese  “no aceptar a ninguno”, significó borrarlos de la vida y la memoria?. El hallazgo documental demuestra fehacientemente que uno regresó a Chile, vivió luengos años, tuvo destacada participación en los medios  de comunicación y guardó celosamente el secreto. Si se examinan las fichas, se puede apreciar la altivez de esos rostros de uniformados serios y fieles: reflejan decisión y coraje. Correspondían al sector social que en nuestro país se considera como gente de bien, sus viviendas se hallaban en los mejores barrios de Santiago o Viña del Mar; ilustrados, partidarios del Frente Popular, con una tradición democrática, antifascista. Pertenecían a la intelectualidad uniformada. De los veinticinco, unos  diez  no salieron directamente de Chile y estaban viviendo en la misma España, Francia  y Estados Unidos, como el chilote, que habla inglés, pero no lo sabe escribir. Veinteañeros en su mayoría, algunos de los salidos directamente de Chile eran damnificados del cierre de las salitreras, y al llegar se incorporaron enseguida al ejército republicano. La gran sorpresa fue el hecho de que prácticamente todos los brigadistas chilenos provenientes de Chile resultaron ser militares profesionales, oficiales activos o en retiro del Ejército y de la Armada de Chile, y constituyen un episodio excepcional al lado de los representantes de otros países, tanto europeos como americanos en las Brigadas Internacionales, así como una página inédita e irrepetible en la historia de Chile del siglo XX.

En las fichas que llenaron de su puño y letra, debían dejar constancia hasta de los orígenes e ideas de su familia, dar los nombres de sus amigos, decir  en que escuelas y centros de educación superior habían estudiado, qué papel había desempeñado en sindicatos o centros laborales. Pero estas fichas no lo dicen todo, pues están escritas después de la disolución de las brigadas. ¿Cuántos chilenos  en total lucharon en esa guerra? ¿Cuántos cayeron gritando “NO PASARÁN”?  

Cuando las brigadas se retiraron, un doloroso proceso de divisiones intestinas ya había afectado la causa republicana. Llegó un momento en que las Brigadas Internacionales no compensaban la intervención de nazis y fascistas. Lo cierto es que en junio de 1938, se retiraron,  seis meses más tarde caería Barcelona y ocho meses después, Madrid.

La retirada de las Brigadas Internacionales implicó desconcierto, desbande; peligro tremendo; algunos no podían retornar a sus países por la situación política o por la distancia. Los chilenos querían volver a Chile.

En relación al chilote internacionalista José Efraín Gartez, nació en Ancud (Chiloé), el 16 de mayo de 1902. “Son todos trabajadores” – se refiere a su familia residente a la fecha en Corral y Santiago. Chofer de profesión y “con conocimiento del oficio de barbero”, partió a España desde los EE.UU., donde (en Brooklyn, N.Y.) residía permanentemente, trabajando y militando en AFL y desde febrero de 1935 en el PC norteamericano, sin tener cargos directivos en ninguna de las organizaciones. Como militante ejemplar del “partido internacional” “pidió su traslado a España”. Con una letra difícil de una persona con poca instrucción, anota ser lector del periódico comunista norteamericano “Dayle Works”, así como de “algunos libros de Lenin y Stalin y Jorge Dimitrol”. Lo último lo caracteriza como militante bien actualizado de la época “bolchevizada” y estalinista del movimiento comunista internacional. Llegó a España el 16 de octubre de 1937, participando como soldado, ascendido luego a cabo en la Brigada Lincoln (formada por voluntarios norteamericanos) y en la Compañía especial de Ametralladoras del Estado Mayor. Después de 6 meses en el frente fue herido en los combates de Ebro. Aun en el período de recuperación lo sorprende la retirada de los voluntarios de España. Pese a su evidente poca escolaridad (entre otras cosas, declara hablar inglés, pero no saber escribirlo, razón por la cual llena la ficha en español, lo que a su vez permite que se conserve en la carpeta chilena), demuestra buen manejo de su situación migratoria. Si bien desea volver a los EE.UU., donde no tiene problemas para entrar y “no es conocido como comunista”, afirma tener alternativas migratorias en México y Francia (provisional). Al igual que otros voluntarios chilenos, el 13 de octubre 1938 lo encontramos en Barcelona, donde llena su ficha en el Comisariado de Guerra de las Brigadas Internacionales, documento que permitió reconstruir ciertos datos de su biografía. Frente a los destinos humanos como este: de Chiloé a Nueva York y de ahí a España, apenas sabiendo escribir, pero soñando con ser parte de los redentores de la humanidad, uno no puede sino sorprenderse ante lo chico que se hizo el mundo en ese tormentoso siglo XX y ante lo grande que han sido sus pasiones.

Luego su huella se pierde. No se logró encontrar en los archivos del registro civil chileno nota alguna, referida a su nacimiento, situación que se debe probablemente, a la lejanía y el aislamiento de su terruño chilote. Desconocemos si volvió a Chile tras la guerra o dónde se perderían las pistas de ese singular “ciudadano del mundo”. Tampoco los archivos creados en los EE.UU. por los veteranos de la Brigada Lincoln registran su nombre. La revisión posterior de la colección del periódico comunista chileno “Frente Popular” nos demostró que E. Gartez no fue el único chileno que partió a España desde EE.UU.…”

Puntualizamos que en Chiloé “Gartez” no es un apellido local, el apellido es “Garcés” o “Garcéz” , cuyas familias en general de localizan en Ancud y Quinchao, y podría tratarse de una trascripción errónea del apellido o se copió mal en las fichas pertinentes. La historiadora Ulianova indicaba “respecto del chilote-brigadista, es muy probable que se trate de una transcripción errónea del apellido. La única fuente disponible, era su ficha de combatiente, llenada de su puño y letra que dice claramente “Gartéz”. Y claramente se trata de una persona no muy letrada. Además escribe en Spanglish. ¿Se equivoco él?. ¿“anglinizó” de esta manera su apellido?. ¿o así lo anotaron en alguna oficina de inmigraciones de EE.UU.?. siempre existen constantes diferencias en la transcripción de los apellidos. Además, nuestro personaje menciona Ancud como su punto de partida. Creo que son suficientes las coincidencias para considerarlo parte de la familia que se menciona”.

En los países de América Latina, a pesar de su lejanía geográfica del teatro de operaciones militares y de la antesala de la guerra mundial que se hacía sentir en Europa, el impacto de la Guerra Civil española fue mayor. Hubo simpatizantes, grupos de apoyo y recepción de exiliados de ambos bandos. A su vez, el idioma común, similitudes culturales, distanciamiento del conflicto europeo, posición pro-republicana de varios gobiernos, hicieron de América Latina uno de los destinos principales del prolongado exilio español republicano.

Han transcurrido más de setenta y nueve años del acontecimiento y aún no hay una voz que reivindique la gesta heroica de los brigadistas chilenos en la guerra civil española, ni menos de nuestro coterráneo insular.

Fusilamientos en Chiloé

Fusilamientos en Chiloé

Por Dante Montiel Vera, Historiador.

El tema de los fusilamientos fue nuevamente puesto en boga a raíz del caso de Rubén Millatureo Vargas -“Rubencito”- conocido como el “Chacal de Queilen”, quien dio muerte a tres personas, incluyendo a su padre el año 1997-1998 y, puede que sea el único asesino en serie chileno durante el siglo recién pasado, y a no dudarlo el más famoso homicida de Chiloé. Condenado a la pena máxima por el Juez local, habría sido el cuarto chilote ajusticiado por fusilamiento, y el tercero oriundo de Queilen que se enfrentaría al pelotón. Su caso fue analizado en otras instancias judiciales, cambiándose el fallo por el de cadena perpetua. En estos días con 55 años de edad se encuentra en libertad condicional. Fue la Comisión de Libertad Condicional de Valdivia, la que el pasado 2 de mayo le otorgó dicho beneficio a este sujeto que luego de haber estado sentenciado a muerte, logró revertir la condena a cadena perpetua, lo que le permite después de haber estado 20 años en la cárcel está hoy en libertad gracias a un beneficio que le entrega la justicia. Cabe señalar que el Decreto de ley N°321 es el que establece el beneficio de la libertad condicional para los favorecidos, en este caso Rubén Millatureo, quien por su parte está obligado a respetar medidas precautorias como el arraigo, la asistencia a una escuela nocturna o trabajar en talleres penitenciarios, si no consigue un oficio en otro lugar y firma semanal en la policía para certificar su condición laboral y de buena conducta.

Desde que el Código Penal estableció la muerte por fusilamiento para aquellos crímenes más graves y violentos que se cometieran en Chile, un total de 56 chilenos ha enfrentado el pelotón de fusileros, según los registros oficiales. El Código Penal estableció la pena de muerte el año 1874 para los delitos graves y era tan drástica y draconiana que en algunos casos la imponía como única y exclusiva para determinados crímenes. En el siglo XX se registran un total de 56 personas que han enfrentado el pelotón de fusilamiento y en 12 casos se trató de ajusticiamientos dobles. Entre los muertos no figura ninguna mujer. En la mayor parte de los casos se aplicó la pena de muerte por delitos de homicidio, parricidio o robos con resultado de muerte.

Algunos de estos fusilamientos a condenados famosos tenemos a Guillermo Beckert, cuyo caso fue conocido como el crimen del mayordomo, a José Valenzuela Torres, el “Chacal de Nahueltoro”, fusilado en Chillán y, los últimos en Octubre de 1982 con el ajusticiamiento en Calama de los ex–agentes de la Central Nacional de Informaciones (CNI) Gabriel Hernández Anderson y Eduardo Villanueva Márquez, y en la ciudad de Quillota donde ocurrió el último fusilamiento en Chile en Enero de 1985, con la muerte de los “sicópatas de Viña”, el ex-carabinero Carlos Topp Collins y Jorge Sagredo Pizarro.

Generalmente en los fusilamientos son 8 fusileros los que disparan, y en caso de ser ajusticiamiento doble le corresponde a 16, quienes disparan al unísono y en forma cruzada. A los condenados se les sienta en los patíbulos y se los ata al respaldo, cubriéndoles los rostros con capuchas. Una fuerte detonación, un poco de humo, y los condenados ya no se mueven, muriendo en el acto o se agitan unos segundos luego de la descarga para quedar inmóviles. En algunas oportunidades aún quedan con un hálito de vida, entonces el Oficial que dirige el pelotón saca su pistola de servicio y le da el “tiro de gracia”.

Existen testimonios escritos que corroboran la pena por fusilamiento en Chiloé, en aquellas décadas donde el catastro oficial de estas sentencias prácticamente no existía, ni menos una normativa legal que sancione tales delitos. En este sentido el contexto del período permitía aquellas desinformaciones, no sólo por la distancia geográfica que provocaba múltiples inconvenientes sino, por un proceso administrativo lento y centralizado, donde la canalización informativa oficial no siempre era muy fluida.

La historia documentada de fusilamientos en la provincia de Chiloé no es prolija, sin embargo es absolutamente desconocida para el resto del país, pese a que los delincuentes han sido tanto o más brutales que en otras zonas. Para comprender cómo se derivó la muerte por fusilamiento de estas personas, es preciso comprender el período en que vivieron. Así, a mediados del siglo XIX un proceso comercial capitalista comenzaba en estas regiones, al iniciarse la explotación maderera del ciprés de Las Guaitecas y de las pieles finas de lobos marinos, coipos, nutrias, gatos huillines. Actividad donde incluso participaban naves extranjeras que recorrían estos inhóspitos sectores, casi sin habitantes y sin dueño, donde el control policial y la justicia no existían, derivando en una serie de situaciones anómalas por parte de las agrupaciones y “cuadrillas de loberos” que comerciaban e intercambiaban productos. Aquellos hombres fueron el resultado de la convivencia con un medio geográfico y humano muy difícil, fiero y sin piedad. Se desplazaron desde Chiloé, buscando la aventura y la forma de enriquecerse rápidamente, muchas veces sin importarles los medios. Eran otros tiempos, la vida dificultosa, falta de comunicación, aislamiento, temporales de viento y lluvia, van moldeando a estos hombres recios que no sentían respeto por la vida y arriesgaban su existencia en débiles embarcaciones, donde la aventura formaba parte de su propia rutina. Algunas de estas cuadrillas idearon una forma más lucrativa y menos peligrosa para enriquecerse, esperaban ocultos en lugares aptos y aislados el regreso de los “loberos” para asaltarlos, robándoles el recurso de su esforzado trabajo y asesinando. Los trabajadores de aquellos sectores no sabían si retornarían con vida a sus hogares, y los familiares vivían en la incertidumbre durante meses, hasta que alguien comunicaba haber visto la lancha destrozada en alguna isla o los cuerpos flotando en el mar.

De esta manera, el primer fusilamiento que se tiene memoria fue a principios de la Guerra del Pacífico, en 1879, cuando el Juzgado de Primera Instancia de Castro comenzó a preocuparse de una serie de crímenes, robos, pillaje, que se cometían en los sectores del archipiélago de Las Guaitecas. El periódico “El Chilote”, informaba de la captura de 16 hombres, 3 mujeres y un niño, miembros de la banda de José Domingo Nahuelhuén, líder del grupo, y sus secuaces Juan Andrés Piuco y Juan Lepío Mañao, quienes fueron fusilados el 9 de Junio de 1879, en el patio de la cárcel de Ancud. Colocados en un banquillo a poco más de un metro de distancia cada uno, reciben su fin sin el menor quejido, pues las punterías de los soldados fueron certeras.

Es preciso puntualizar en este caso que sería el primer fusilamiento oficial de Chile estando vigente el Código Penal y no el fusilamiento que se acostumbra citar de 1890; además, el único del país donde hubo un triple ajusticiamiento, exclusivo hasta el presente, sin embargo, no se encuentra registrado en la documentación pertinente y se excluye por desconocimiento del listado oficial.

Pero los crímenes y robos no terminaron. Fue así como después de una prolongada persecución, tras un ardid que dio resultados, el 6 de Agosto de 1886 es capturado en las cercanías de Melinka, Pedro Ñancupel Alarcón, y conducido a la cárcel de Castro. Era el famoso “Pirata Ñancúpel” de Las Guaitecas. El caso se deriva a la Corte de Apelaciones de Concepción, que después de estudiar el expediente durante dos años, dictamina ajusticiar por fusilamiento. Por primera vez la población de Castro presenciaría el terrible espectáculo de una ejecución capital aplicado en este departamento. Vista la sentencia de la Ilma. Corte de Apelaciones de Concepción no dio lugar al indulto de la pena de muerte impuesta por la referida sentencia al reo Pedro Maria Ñancúpel; y se ordena sea fusilado en el patio de la cárcel de la ciudad. La sentencia y ejecución se cumplió el 6 de Noviembre de 1888, a las 14:00 hrs. en la cárcel de Castro, ubicada frente a la plaza, en el sector posterior del actual edificio de Correos. Engrillado es conducido al patíbulo, donde lo esperaba el pelotón de fusileros, como no murió en forma instantánea, el policía de Castro y veterano de la Guerra del Pacífico Felipe Montiel Montiel, se acercó y le dio el “tiro de gracia” con su revólver de servicio. Fue enterrado en el Cementerio Parroquial de Castro.

Fue la primera vez que se ejecutó a una persona en la cárcel de Castro, y la segunda ocasión en Chiloé. Su nombre tampoco figura en el catastro de fusilamientos oficiales, siendo dos años antes del primero que se registra en Chile. Los dos fusilamientos de Chiloé provocan extrañeza, ya que existe un desconocimiento absoluto y generalizado de estos hechos, como si en forma planificada y cómplice se intentara hacerlos olvidar; donde los medios de comunicación, autoridades y organismos públicos de aquel período y después, concertadamente formalicen el clima para que un manto de olvido los cubra, evitando el escudriñamiento de los procederes y actuaciones personales como gubernamentales, como si quisieran expiar sus culpas.

Todo lo expuesto a propósito de los diversos comentarios escritos y orales en los medios de comunicación del caso Millatureo Vargas.