La respuesta sigue en las calles

La respuesta sigue en las calles

Transcurridas cuatro semanas del estallido social y de la rebelión popular, Chile cambió, ya no será el mismo de aquí en adelante, son estudiantes secundarios quienes prendieron la mecha que movilizó al pueblo chileno, las movilizaciones masivas han obligando al gobierno a reprimir e hizo recordar a la sociedad chilena los peores años luego del golpe militar de 1973 y las violación de los derechos humanos, también presionó a la clase política quienes torpemente y a espaldas de la sociedad han avanzado en un acuerdo espurio e ilegítimo que preserve su participación en el procesos constituyente que está en marcha, la salida sigue ahí en las calles.

Ya es un sentido común señalar que la violencia vivida por la sociedad chilena durante los últimos 30 años, que institucionalizada, ha hecho estallar la violencia social y que la clase política no supo leer y no quiso escuchar, a pesar que los antecedentes ya venían siendo develados por diversas instituciones y organismos nacionales e internacionales pero, esos sectores fueron minimizados y desplazados del debate público, los medios han jugado un papel central los últimos 30 años han marginado postura de justicia social pero hoy esas posturas son un sentido común.

La dignidad y la justicia que el pueblo exige en las calles de Chile, sepultó los valores y principios del neoliberalismo, lo que implica para el conjunto de la sociedad iniciar un profundo y fecundo proceso de cuestionamiento de los valores y cultura introyectada en la vida de la sociedad chilena para proponer una nueva subjetividad basada en valores y principios que construya una nueva subjetividad social: solidaria, comunitaria, igualitaria y participativa.

En este contexto, el papel de los medios de comunicación tradicionales y de un periodismo obsecuente y funcional, poco incisivo y crítico no ha contribuido a buscar en la agenda pública la profundización de los problemas de la sociedad y el pueblo chileno, contribuyendo a dibujar con la voz de los sectores afectados la visión de los opresores. Han resaltado la violencia por sobre la demanda y propuestas de cambio, con lo cual tienden un manto de oscuridad sobre el reclamo social, pero lo cierto es que sino hubiese existido este grado de violencia no hubiese existido la apertura a procesos de cambios.

Los medios independientes desde sus aún pequeñas trincheras y las redes sociales han jugado un papel, logrando perforar y abrir el camino del cambio, un primer intento por cerrar filas de los medios del establishment ha fracasado, se abrieron también en los medios nuevos marcos, Chile cambió y también los medios.

Octubre rojo, deja violaciones a los Derechos Humanos que ya se venían arrastrando con la represión al pueblo mapuche, donde se vinieron ensayando los mecanismos e instrumentos represivos que ha vivenciado la protesta social de estas últimas semanas y en la que las fuerzas policiales, han desplegado su fuerza y brutalidad, en la que las autoridades políticas demuestran no ejercer control civil sobre las fuerzas de orden y seguridad, constituyéndose en los responsables finales de las muertes, mutilaciones, torturas, abusos, represión injustificada y a mansalva a una ciudadanía que demostró con su fuerza redirigir la agenda política hacia nuevos cauces.

El “Acuerdo por la Paz” del pasado viernes 15 de noviembre es reproducido por los medios tradicionales, intentan nuevamente cerrar al debate de la sociedad y las fuerzas sociales que están en las calles, van lentamente construyendo un sentido común. La respuesta sigue en la calle y en las movilizaciones, el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución” no logra cerrarse, se encuentra sometido a un profundo cuestionamiento, la desconfianza sobre la clase política es más profunda, este acuerdo considera la participación ciudadana circunscrita al sistema electoral vigente, los quorum estarán determinados por el mismo sistema electoral y una comisión técnica que será designada por los mismos partidos,  lo que le otorga justamente a los partidos políticos el control del proceso constituyente, las que en definitiva abre un poco más el abismo entre sociedad y política.

Tras 30 años de letargo Chile despertó del sueño neoliberal, demanda tomar en sus manos las riendas de su futuro y no está dispuesto a dejar pasar esta oportunidad de construir el Nuevo Chile.

 

La violencia, un rostro de mil fauces

La violencia, un rostro de mil fauces

El fenómeno de la violencia que afecta en estos días a la sociedad chilena, no es nuevo, ha sido parte de su historia desde el descubrimiento y conquista de las tierras hoy denominadas chilenas hasta la actualidad. No obstante, también, la podemos rastrear en la historia reciente, desde la dictadura militar a la fecha, cambiando su forma de actuar, a veces más brutal otras más sutil.

En la última década sus efectos y consecuencias en la psicología social de la vida cotidiana chilena se ha visto estremecida por las manifestaciones feministas, los abusos sexuales por parte de curas de la iglesia católica, la represión y abusos policiales, el robo institucionalizado de farmacias, pollos, el femicidio, la muerte de 1300 niños en Sename, los detenidos desaparecidos en dictadura y democracia, la exclusión educativa, la pobreza, etc., etc. , son tan sólo algunos de los tantos casos por todos conocidos y con los cuales convivimos, ello no es más que la expresión de un aprendizaje internalizado en la cultura chilena desde siempre y que más bien, ahora se reacciona para abrir una ventana que avizore un cambio cultural y político en el país.

Aunque debemos consignar, que esto tan solo constituye una breve irrupción que requerirá la voluntad de transformar prácticas culturales y de conductas relacionales cotidianas entre los ciudadanos, que puedan ser exigibles a las instituciones y al propio Estado chileno para prefigurar nuevas condiciones para las transformaciones de las mentalidades y de las estructuras y relaciones sociales.

Efectivamente, la psicología social de Chile interioriza en su manera de vivir la violencia desde las atrocidades experimentadas desde la Dictadura Militar hasta la actualidad, donde el modelo de desarrollo neoliberal y el individualismo han profundizado la violencia mediante las Desigualdades al interior de las dinámicas sociales, donde la validez del otro como un legítimo otro, no tiene valor en sí mismo, sino, por lo que tiene, o el color de piel, o el sector social de procedencia.

Hoy no nos sorprende la violencia hacia niños, mujeres, ancianos, sino hasta que existe una reacción social más o menos coordinada que pide cambios de comportamiento y culturales pero, jamás cuestionamos el origen de la violencia.

Hanna Arendt, filósofa alemana de origen judío, participó desde abril a junio de 1961, como reportera de la revista The New Yorker en el proceso contra el asesino nazi Adolf Eichmann en Jerusalén, donde concluye que “fue como si en aquellos últimos minutos –Eichmann- resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado, la lección de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes”, ‘banalidad del mal’ consistente en la incapacidad de introspección crítica sobre sí mismo y las consecuentes conductas derivadas de la convicción irreflexiva, lo que para Arendt representaría la deshumanización del ser humano.

Al hablar de violencia, no podemos sino preguntarnos junto a Arendt sobre ese dialogo interior que permita salir a la vida diaria con la mirada en alto y no ocultando la responsabilidad en factores como: obediencia debida tan profusamente usada en juicios de derechos humanos en Chile.

Pero esta obediencia debida, al menos en Chile está relacionada con el Estado. La violencia ha constituido un foco de atención permanente en la historia del Chile actual, tanto con propósitos académicos como, de intervención social y política destinadas a los sectores empobrecidos de nuestro país, donde el Estado posee los mecanismos de la fuerza y del poder, legitimados socialmente para ejercerla sobre ellos. Esta legitimación, contiene altos grados de violencia en sí misma, avalada por un instrumental disciplinador como la educación, los medios de comunicación y la construcción del sentido común.

En tal sentido, la perspectiva ideológica dominante desde el Estado chileno y las instituciones se sostiene en tres ejes fundamentales:

  • Negar la violencia estructural,

  • Legitimar la represión y

  • Deslegitimar la violencia social contra el sistema.

De esta manera, podemos observar en el escenario socio-político nacional la existencia de múltiples ejemplos donde se demuestra la práctica de la violencia institucional y donde la élite política establece los mecanismos de preservación y autoprotección en el sostenimiento del ejercicio de la violencia.

Es el caso en la Araucanía, donde el ‘Comando Jungla’ de Carabineros recientemente presentado por Piñera, legitima la solución con una fuerza represiva por sobre el diálogo y la búsqueda de paz, poniendo en acción al Estado como agente de poder y violencia, ejerciéndolo sobre la ciudadanía so pretexto de garantizar la paz o, como sucedió en dictadura convirtiendo al Estado en un sistema institucionalizado de violencia, ahora, en cerca de 60 días ‘mandó a educar en violencia’ en Colombia y Estados Unidos a centros especializados en provocar tortura y horror a fuerzas de carabineros, pagados con impuestos de la sociedad chilena, que trabaja y con ello termina financiando a sus propios victimarios que una vez más, irreflexivos, se escudan en la obedecían de órdenes superiores.

Toda esta deshumanización y violencia se consagra con el rol que juegan los medios de comunicación, que promueven y validan prácticas de violencia, usando a las propias víctimas para generar mayor violencia.

De esta manera, la Violencia institucional, particularmente del Estado, se orienta especialmente hacia sectores que se caracterizan como ‘desviados’ al interior de la propia sociedad.

Foto: upslon

Libertad y abusos de poder

Libertad y abusos de poder

Uno de los principales valores en la doctrina del liberalismo ha sido la libertad individual y la mínima intervención del estado en el asunto público, la que con el transcurrir de los siglos y especialmente, en las últimas décadas ha impulsado el principio de la igualdad ante el avance del neoliberalismo.

En Chile, podemos apreciar en su vertiente neoliberal, que éste ha profundizado los valores y principios de la cultura liberal, dejando al ciudadano –en tanto sujeto- reducido a un mero consumidor. Ambas doctrinas profesan un culto al mercado como instrumento redistributivo, lo que para la sociedad chilena constituye un eufemismo y una brutal distorsión de la realidad cotidiana que afecta a las mayorías del país.

Esto ha llevado a que la concentración de la riqueza, se exprese en una de las peores consecuencias sociales: La Desigualdad, la que a su vez, ha traído la opresión y abusos de poder de unas minorías privilegiadas sobre las mayorías sociales.

En Chile la brecha entre quienes tienen más y quienes tienen menos desde los años noventa en adelante ha devenido en constante aumento, el momento de crisis institucional y de confianza es una consecuencia de aquello, esta baja en la credibilidad en las instituciones dominadas por poderes económicos, militares, eclesiásticos, es resultado de las desigualdades y abusos.

Emblemáticos ejemplos, como la colusión de farmacias, del papel higiénico, los sobresueldos, la relación dinero (grandes empresas) y política, la manipulación para la implementación de proyectos ambientales, la ley de pesca, la corrupción y desfalco al fisco en carabineros y ejército, y un sinfín de casos como estos van horadando la institucionalidad y confirmando la desigualdad ante la ley que tienen unos sobre otros.

En los casos de abusos sexuales y de poder, lo que podemos apreciar es la falta de conexión con la vida cotidiana real, la incapacidad de empatizar con la realidad de la otra/o, con la realidad de las grandes mayorías y sus luchas.

Esta situación se vuelve a repetir, durante las últimas semanas donde hemos constatado la caída de la Iglesia Católica por abusos de poder y sexuales, donde el clero nacional se ha visto obligado a acudir a la cita que los convocó el Papa Francisco a Roma, ante la insostenible presión social y a la labor del papa por esclarecer los hechos ocultados en su reciente visita al país.

En este contexto, la Conferencia Episcopal chilena, obispos y cardenales, con total desparpajo ejercen una férrea y disciplinada protección colegiada ante los embates de reproches que le impetra la sociedad al clero, sin embargo, esta parece no escuchar ni contar con sensibilidad suficiente para comprender el estado de situación ética en que se encuentran comprometidos, así lo demuestran las declaraciones del cardenal Ezzati quien dice “yo quiero acoger y acojo aquí y se los digo con todo el corazón abierto, la crítica, la indignación, la rabia que más de alguno ha manifestado en el día de ayer y que comprendo perfectamente, la rabia de tantas otras personas que ven en los pastores, en los obispos, el chivo expiatorio de toda nuestra debilidad” (1) y, en el mismo tenor, la conferencia episcopal se plantea frente a la crisis, eludiendo responsabilidades y dejando abierta las consecuencias de los hechos, no puede sostenerse que los acusados de abusos se excusen ante la sociedad señalando que ésta ve en los pastores un “chivo expiatorio”, traspasando de esta manera sus responsabilidades éticas a la sociedad misma y culpabilizándola de su crisis.

En este mismo sentido,  en la explosiva reivindicación de la ola feminista, podemos apreciar que las reacciones sobre los temas de acoso y abusos sexuales, se repite la constante de minimizar o reaccionar de manera improvisada frente a las movilizaciones y reclamos, que en definitiva, tienen un patrón recurrente desde donde actúa la concepción patriarcal  del ejercicio del poder.

La situación de poder y abusos que reclama el movimiento feminista en clave cultural, consiste fundamentalmente, en comenzar un proceso de deconstrucción de los parámetros y concepciones de educación y de relaciones sociales legitimadas en base a un consenso de poder patriarcal y de dominación en la sociedad chilena.

Los hechos han comenzado a desbordar la barrera de lo permitido, donde las relaciones de poder expresado en la fuerza física, el abuso, el control de la palabra, de los recursos materiales, financieros, en los espacios institucionales y en la vida misma, van configurando el grado de enajenación y distanciamiento de los que ostentan el poder, he ahí la desconfianza e incredulidad, ya no es posible encontrar cambios y transformaciones plausibles que no se traduzcan en procesos concretos aquí y ahora de abrir los canales de participación, integración y transparencia.

 

Nota:

  1. MISA DE CLAUSURA X SÍNODO DE SANTIAGO 21 de mayo de 2018. Homilía del Arzobispo de Santiago Cardenal Ricardo Ezzati A.

 

Foto: Antonio Marín

 

A 2 años del mayo chilote

A 2 años del mayo chilote

Hace dos años, desde que se produjeran las más relevantes y significativas movilizaciones sociales en el archipiélago de Chiloé de las últimas décadas, provocadas por la denominada “marea roja” y el vertimiento de salmones muertos en los mares interiores y abiertos de Chiloé. Fueron cerca de 15 días de intensas movilizaciones, donde la población ocupo el territorio y donde las comunidades de las más diversas localidades hicieron sentir sus reclamos y exigencias de todo Chiloé, con miles de chilotas y chilotes en las calles, demandado a las autoridades una respuesta clara y precisa.  

En el Colegio de Profesores se constituyó la mesa integrada por representantes de 5 comunas del archipiélago, tanto del sector de pescadores como, de la propia ciudadanía. Fue un período y proceso vertiginoso y de auto convocatoria, de auto organización de la población para representar sus posiciones en un espacio como el de la mesa provincial, que permitiera articular las demandas y exigencias que estuvieran más allá de los impactos sectoriales. Así fue el caso de la pesca artesanal, acá se trataba de poner en tela de juicio el modo de producción industrial intensivo de la salmonicultura y de concebir a Chiloé, como una nueva zona de sacrificio para la acumulación de los capitales nacionales e internacionales, sin importar lo que ocurriera en el futuro con el archipiélago. 

Posteriormente, en el proceso de negociaciones, el gobierno de la época, se aboco a negociar de manera separada con las agrupaciones comunales pasando por alto los acuerdos de la mesa constituida en esa oportunidad, donde existía el principio acordado de que todas las conversaciones con las autoridades debía pasar por la aprobación de las bases comunales. 

Desde el sector de sindicatos de pescadores comenzaron a negociar de manera separada desde sus comunas y fueron dejando de lado a los representantes de las comunidades locales, quienes sostenían que el problema principal de la marea roja era la saturación de los mares de Chiloé por exceso de nutrientes depositados en ella, lo que constituía un daño ambiental de grandes y graves proporciones producida por un modo de producción intensivo de la salmonicultura. 

Entre otras de las demandas se planteaban las siguientes:  

  • Que se determine de manera autónoma al gobierno y entidades académicas chilenas una acabada y pronta investigación que analice las reales causas de la crisis ecológica y medioambiental, identificando la existencia de responsabilidades directas o indirectas de las empresas salmoneras e instituciones gubernamentales en el vertimiento de mortandad y desechos en el mar de Chiloé con el surgimiento de Marea Roja, que permita conocer el real estado de contaminación que afecta al archipiélago. Que el comité técnico científico se establezca y tenga su base de operaciones en el Archipiélago de Chiloé. 
  • Que sus resultados puedan contribuir a definir una estrategia de “desarrollo” provincial y regional de acuerdo a las características de su nicho ecológica y la fragilidad de su ecosistema. 
  • Establecer mecanismos de regulación de la biomasa de las pisciculturas, centros de cultivos de salmón, miticultura y cultivos de abalones que se correspondan con la fragilidad del ecosistema marítimo y terrestre de la macrozona y las necesidades territoriales del archipiélago. 
  • Derogación de la ley de pesca.  

Estas, entre otras reivindicaciones, son las que estuvieron a la palestra en el proceso de movilizaciones, las que terminaron en una gran frustración, donde se acusó a alguno de los miembros de la mesa provincial de traición y de sacar provecho personal, quien posteriormente anunciaría su candidatura a las elecciones a concejal en la comuna de Castro.  

Las negociaciones terminaron siendo una entrega de bonos a un limitado grupo de pescadores y buzos afectados pero, que no alcanzo ni siquiera a todos y todas las afectados, menos aún, a las causas de fondo que aún afectan a los trabajadores y trabajadoras de todo el archipiélago, al turismo, entre una infinidad de actividades laborales y económicas que están más allá de la pesca artesanal. Aquí se planteó un tema de fondo, es qué y cómo concebimos la fragilidad ambiental y ecológica de Chiloé.  En definitiva este no era sólo un problema de los pescadores, esa lectura que se hizo en el momento, no tuvo el alcance político interno entre los protagonistas que intentaban representar los intereses de los isleños.  

Del mismo modo, para este escenario, aquellos que aparecieron liderando las movilizaciones, no tuvieron la capacidad política de articular, ampliando la base de la organización, a partir de la demanda y explosiva manifestación social de los habitantes de los territorios; quedan muchos análisis y aprendizajes por realizar, los que aún están muy encima.  

Con todo, en el transcurso de estos dos años, se ha articulado algunas expresiones de carácter social y político, que comienzan a dar sus primeros pasos en función de establecer vínculos que traspasen los protagonismos particularistas y potencien una perspectiva política desde los territorios para una nueva vida, que conciba el espacio y el territorio como un bien común, es en este sentido que Re-Vuelta que considera una expresión que intenta impulsar un espacio de dialogo, reflexión y acción entre diferentes actores locales que buscan una salida a la sociedad del mercado.