Chiloé y sus pobrezas: reflejo de la herida colonial chilena

Jamadier E. Uribe Muñoz, Doctorando Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Una lúcida certeza ha comenzado a navegar por los canales del archipiélago, Chiloé no es Chile, nunca lo ha sido. El continente siempre ha tenido un trato colonial para con nosotros y no puede ser de otra forma, eso somos, una colonia. Un territorio invadido en 1826 y saqueado sistemáticamente desde entonces.

            Hoy sumamos una prueba fehaciente de ello: la pobreza. ¿Cómo se explica que las tierras en las que crecieron los alerces que adornan palacios de todo el mundo; que los mares que dieron inicio a la industria del salmón, una de las más lucrativas en la historia de Chile, tengan hoy a sus gentes en la miseria? ¿Cómo si no es por el patrón colonial de poder, que nos arrebata la libre determinación sobre el territorio, para robar sus riquezas?

            Esta semana, el consejero regional Nelson Águila encendió la alarma sobre las astronómicas cifras de pobreza multidimensional que arrojó la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) de 2017. En lo que sigue, compartiré un análisis un poco más detallado, construido a partir de los microdatos de la encuesta, así como algunas aclaraciones respecto a categorías que resultarán útiles para entender la magnitud del problema.

            Lo primero que hay que decir es que Chiloé no solo presenta los índices más altos de pobreza multidimensional, sino también de pobreza por ingresos. Ya explicaremos la diferencia.

            La pobreza por ingresos, que es la forma tradicional de medir la pobreza, lo que hace es medir los ingresos disponibles por hogar en comparación con el costo de la canasta básica, es un cálculo que realiza la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL), a partir de la encuesta CASEN del Ministerio de Desarrollo y Familia. Son pobres aquellos cuyos ingresos disponibles están por debajo del costo de la canasta básica, y pobres extremos aquellos cuyos ingresos disponibles no llegan a los 2/3 del costo de la canasta.

            Chiloé, como se aprecia en las siguientes tablas (Tabla 1 y Tabla 2), tiene el triste liderazgo en ambas categorías, la de pobres y pobres extremos, recordemos que hasta aquí solo estamos hablando de dinero.

 

Tabla 1
Pobreza por ingresos por provincia en la Región de los Lagos

Provincia Pobreza (%)
Osorno 10,3
Llanquihue 11,4
Chiloé 14,1

 

Tabla 2
Pobreza extrema por provincia en la Región de los Lagos

Provincia Pobreza (%)
Osorno 2,7
Llanquihue 3,3
Chiloé 4,2

 

            Si el análisis lo llevamos a nivel comunal, la realidad es aún más brutal (ver Tabla 3). Observando las diez comunas más pobres de la región, nos encontramos con que la mitad están en el Archipiélago, y si nos enfocamos en las cinco más pobres, constatamos que cuatro son chilotas.

 

Tabla 3
Nivel de pobreza por ingresos en las diez comunas más pobres de la Región de los Lagos

Comuna Pobreza (%)
Ancud 15,6
Maullín 16,2
Llanquihue 17,1
San Pablo 17,1
Curaco de Vélez 17,3
Fresia 18,7
Queilén 22,3
Quemchi 22,5
Quinchao 30,1
San Juan de la  Costa 38,2

 

            Ahora, el consejero nos alertó sobre la pobreza multidimensional, que es otra forma de medir la pobreza, en la que no se contemplan los ingresos disponibles, sino una serie de factores que dicen relación con la calidad de vida de las personas. Es una forma de medir la pobreza en la que virtualmente (solo virtualmente) alguien podría tener un ingreso igual a $0 y no ser pobre, si tiene sus necesidades cubiertas.

            La CASEN 2017, midió la pobreza multidimensional en cinco dimensiones: (1) educación, (2) salud, (3) trabajo y seguridad social, (4) vivienda y entorno y (5) redes y cohesión social. Donde se considera a una persona en situación de pobreza si acumula un 25% de carencias en la ponderación final de los indicadores.

            Como bien se adelantó, Chiloé también es la provincia más pobre en términos multidimensionales, es decir, sin considerar los ingresos disponibles, llegando a un 30% de pobreza.

 

Tabla 4
Pobreza multidimensional por provincia en la Región de los Lagos

Provincia Pobreza (%)
Osorno 23,8
Llanquihue 24,6
Chiloé 29,8

 

            Si repetimos la operación anterior y observamos las diez comunas más pobres, desde un punto de vista multidimensional, el resultado muestra que seis de las comunas más pobres se ubican en Chiloé y que Quinchao supera el 40%  y Puqueldón el 50% de pobreza.

 

Tabla 5
Nivel de pobreza multidimensional en las diez comunas más pobres de la Región de los Lagos

Comuna Pobreza
Maullín 32,1%
Los Muermos 33,0%
Chonchi 33,2%
Quemchi 42,9%
Quellón 43,0%
Queilén 43,2%
Calbuco 43,4%
Quinchao 43,5%
Puqueldón 50,6%
San Juan de la Costa 52,0%

 

            Hermanos insulares, chilotes y chilotas, los números son claros, no mienten. Chile se ha llevado mucho y poco nos ha dejado. La disyuntiva es clara: miseria o autonomía.

Tras las máscaras del mestizaje

Por Jamadier Esteban Uribe Muñoz

La conquista española del territorio americano, también de Chiloé, inicia lo que desde los estudios decoloniales llamamos la racialización del mundo, que jerarquizó tanto la división internacional del trabajo como a la humanidad misma, a partir de las características fenotípicas de las gentes.

 

    La división internacional del trabajo, porque de lo que se trató, a fin de cuentas, fue de asegurar mano de obra a un costo mínimo para la explotación de los territorios conquistados mediante la mita, la encomienda y la esclavitud. La jerarquización de la humanidad, porque al concepto de raza le es consustancial el que haya razas más humanas que otras y nosotros, el Sur Global, quedamos excluidos de la humanidad en su sentido pleno. En palabras de Ramón Grosfoguel, hemos pasado de ser animales a esclavizar o bárbaros a cristianizar, a pueblos a “neoliberalizar” o pueblos a democratizar; todas opciones que –por cierto- siempre han incluido la violencia.

 

    Con todo, la categoría de “indio” que fue la primera categoría racial de la modernidad, tuvo una función durante la colonia. Así, “indio”, se denominaba a la totalidad de la población aborigen que trabajaba en condiciones infra humanas. Si los indios no existían, o si se rebelaban, el sistema de explotación y acumulación de valor se ponía en jaque.

 

    No fue sino hasta la República que el “indio” comenzó a estorbar. Chile invadió y colonizó Chiloé a contar de 1826, y a fines de ese siglo impulsó en nuestro territorio un proceso por oleadas, de lo que Guillermo Bonfil Batalla llamó “desindianización”. El Estado proscribió la propiedad comunitaria sobre la tierra, prohibió la lengua, nos enseñó en las escuelas que los “indios” eran cosa del pasado. Quisieron hacernos creer que éramos todos una misma nación “mestiza”, que nuestros abuelos no eran como los recordábamos, que nosotros no éramos como nos veíamos.

 

    Los williche pasamos de oprimidos a invisibles, la vergüenza se hizo carne en los silencios de la historia, quien se supiera indio que lo calle, el tiempo ya nos había superado. Pero fue una trampa, una estrategia mañosa. Los indios seguimos siendo discriminados, a pesar de callar e incluso a pesar de olvidar.

 

    Los datos son decidores. La encuesta CASEN 2017 nos muestra que en las principales ciudades de Chiloé solo el 28% de la población declara pertenecer a un pueblo originario, de los cuales el 59% declara haber sido discriminado por su origen; triste, pero no sorprendente. Lo curioso viene a renglón seguido, cuando los datos hablan de que de ese 72% que dice no pertenecer a un pueblo originario, un 42% ha sido discriminado por el mismo motivo.

 

    ¿Cómo puede un no indígena ser discriminado por indígena? ¿Cómo si no es el la historia escrita en los rostros haciendo temblar el silencio?¿Cómo si no es el mismo racismo que nos hizo olvidar el que nos hace recordar? Como dice Quelentaro… ¡Somos todos Lonconao!