¿Por qué permitimos que Chiloé sea el vertedero de la Industria?

Por Marcela Ramos

La industria lleva décadas ensuciándonos, inundándonos de desechos tóxicos a cambio de unas migajas mientras nuestro orgullo desaparece por un sueldo de temporero.

 

Muchos chilotes vendieron sus tierras por trabajar para las industrias y, de eso ya varias décadas y hoy podemos ver claramente las consecuencias de una promesa falsa, como tantas otras en el Chile actual.

 

Quienes han estado en cargos públicos en los últimos Gobiernos han visto de forma privilegiada en qué se ha transformado ese acuerdo entre el gran empresariado y los gobiernos de turno, y han aceptado que nos dejaran la basura por unas chauchas.

 

No corresponde que nos traten como vertedero de la industria salmonera ni mitilicultora, no está bien. No corresponde que la industria salmonera traiga su mugre a Chiloé. No nos merecemos ser su vertedero.

 

Los miles de millones de dólares que reciben por destruirnos convierten esta situación en todavía más obscena.

 

Nos podemos hacer cargo de la basura que producimos. Podemos empezar por dejar de comprar basura, por reutilizar, por reciclar y recoger la basura que botan otros. Podemos capacitarnos para ser más respetuosos con nuestro territorio y con los demás habitantes del planeta. Podemos tomar conciencia.

 

Pero no podemos lidiar con las 700 toneladas de residuos industriales que nos traen, ¡A una isla! No podemos limpiar el agua que la industria contamina con químicos tóxicos y restos orgánicos, los eternos ríos de sangre que arrojan al mar, No podemos recuperar la vida de los que han muerto intoxicados en las plantas, no podemos recuperar el fondo del mar que han convertido en un eterno cementerio, no podemos recuperar el río que llenaron de pintura antifouling, no podemos recuperar las miles de especies de flora y fauna que desaparecieron para que pudieran ganar los millones que han ganado. No podemos recoger el plumavit que adorna todas nuestras playas, ni los cabos y restos de su irresponsabilidad, no podemos.

 

No podemos mientras las “autoridades” sigan siendo elegidas por los dueños de esas industrias, mientras las trenzas de poder se entrelazan entre Estado y a las grandes empresas, mientras la puerta giratoria del sector público sean los directorios de esas empresas.