La unidad, la necesaria unidad del progresismo

Por Mario Contreras

Dos mil, tres mil, cuatro mil años y no hemos aprendido nada. El devenir de la historia, que todos reconocemos como algo  que efectivamente sucedió, que nos llegó a modo de síntesis primero, pero sobre cuyos ecos se han recreado hasta los más mínimos detalles por investigadores que se solazan en las minucias, nos muestra en toda su crudeza la reiteración constante de los errores que seguimos incorporando en nuestro día a día, como parte indeleble de nuestras conductas.

 

(Que conste que me incluyo en este párrafo que señala aquello de “parte indeleble de nuestras conductas”).

 

            Que 70 años tampoco es nada, como nos señala de algún modo nuestro conocido Discépolo, salvo que tal es el periodo de vida que en promedio se nos ha asignado a los humanos en el último siglo, apenas si significa que no nos basta con una vida para aprender una lección más vieja que el hilo negro, aquella relativa a los miedos y supersticiones propias del lejano periodo del homo sapiens, aquel que le temía a los truenos y a la noche, que no era capaz de explicarse el movimiento de los astros y que apenas si logró alguna vez levantar su rostro para observar el titilar de las estrellas.

 

            Pero ellos vivieron en los albores del tiempo, cuando no existían aun las civilizaciones que luego se establecieron, gracias a las cuales y al continuo esfuerzo de sus sabios, de sus filósofos, médicos, matemáticos, gracias al sueño de sus poetas, gracias a los navegantes que se arriesgaron más allá de las aguas y los supuestos abismos que cortaban la tierra y precipitaban a los imprudentes por su borde, pudieron, hace 6000 años o más, explicar con mediana certeza la razón de aquellos “milagros”.

 

            A punto estuvieron los hombres de perecer, por supuesto, toda vez que los miedos, sobre todo a lo desconocido, a las simples sombras que se producen en el claroscuro, nos paraliza el seso, nos disminuye la capacidad de raciocinio, nos invalida para resolver adecuadamente los problemas que día a día la sociedad actual nos presenta, llevándonos, más que de triunfo en triunfo, de derrota en derrota.

 

            Porque con la modernidad a los vivientes actuales les han crecido los miedos. Ya no se trata de la lluvia o los truenos, de los eclipses explicables, sino –además- del vertiginoso cambio climático, de las claras señales de finitud del planeta que es nuestra casa, a causa de la contaminación y la depredación que nosotros mismos hemos contribuido a acelerar.

 

            Pero, curiosamente, bombardeados por el mensaje exitista de los medios de comunicación, todos en manos de los oscuros poderes relacionados con quienes desean alienarnos, convencernos que lo malo para nosotros y el planeta es –en realidad- lo bueno, que cada uno de los seres humanos provenientes de cualquier geografía no es nuestro hermano sino nuestro competidor, que viene hacia nosotros a disputarnos un trozo de pan, un poco de nuestra particular felicidad y miopía, el mísero espacio en que la sociedad de consumo nos permite sobrevivir como modernos esclavos, que cada uno de ellos, sobre todo si no poseen nuestro color de piel, si hablan lenguajes extraños para nuestros oídos escasos de entendimiento, son –en definitiva- nuestros enemigos, lo que terminamos -muchas veces- creyendo.

 

            Y ello implica la principal derrota que el capitalismo ha logrado asestarnos. 

 

            Pues, ocurre que cada vez que nosotros, sin darnos el trabajo de pensar, aceptamos dicho predicamento, de raíz y origen fascista, cada vez que usamos los escasos medios que está obligado a proveernos la sociedad de consumo para mantenernos ocupados apoyando dichas conductas, no rebatiéndolas, cada vez que nos negamos a solidarizar con aquellos explotados igual que nosotros, que deben huir de su país para satisfacer la necesidad vital de seguir vivos, estamos aceptando la derrota de nuestros idearios, una derrota vergonzosa pues nos entregamos sin luchar, sin debatir, sin alzar la voz, sin protestar, al discurso de aborregamiento  que el sistema  de explotación tiene preparado para nosotros desde el principio del mundo.

 

            Pues bien, yo quiero proponer -como signo positivo y esperanzador- el reconocernos en dicha “derrota”. Ello, por cuanto es en la derrota cuando se afina el espíritu de los individuos y las naciones. Es en medio de la batalla  por la vida cuando surge la luz que nos ha de permitir no solo la sobrevivencia, sino el triunfo.  Surge de ella el pensamiento eficaz para resolver los problemas que en medio del exitismo, en medio de la farándula diaria no habíamos considerado. Es en medio del dolor cuando descubrimos la solidaridad y cuando osamos mirarnos a los ojos, descubriendo  que somos todos iguales, no importa la nacionalidad, el color de la piel, el sexo que profesemos, las ideas políticas o filosóficas que nos diferencien.  Es decir, en tanto iguales, todos recogeremos las mismas consecuencias si destruimos el planeta, si nos olvidamos de la solidaridad que le debemos al más necesitado, si abandonamos el sentido común para resolver nuestras diferencias.

 

            Es decir, si perdemos el miedo que nos separa, y que se basa-esencialmente- en lo que algunos sectores interesados en dividirnos proclaman como verdades absolutas.

 

            Pues no existen las “verdades absolutas”. Nunca la verdad ha sido absoluta. De hecho, nosotros los comunistas no poseemos la “verdad”  y ni siquiera queremos ser  o que se nos conozca como dueños de la verdad. Al contrario: queremos participar en la construcción de la verdad. Entre otras razones, porque no somos enemigos sino de los que se oponen a la vida. A la vida plena de los individuos, aquella que nos permita gozar de iguales derechos sin otra condicionante que haber nacido de mujer. Que sin importar el apellido, la raza, la religión, la capacidad económica de nuestras familias se nos permita acceder a la salud, a la educación, a  un trabajo digno y una vejez que se transforme en premio luego de una vida de trabajo entregado a la sociedad y a la familia. En ello creemos y a hacer realidad esa creencia hemos sido llamados.

 

            Aquellos que no aceptan que los demás puedan gozar del privilegio de trabajar y de hacer llegar sin sobresaltos el pan a la mesa de sus hijos, quisieron, en un momento negro de nuestra historia, coartar no solo al derecho al pan, obtenido a través de nuestro honesto trabajo, sino también, quisieron –y lo lograron por largos instantes, quitarnos el derecho a la libertad, a la vida, a tener una familia, que es la que en definitiva constituye “nuestra  patria”. Fuimos considerados “peligrosos” para la sociedad que habíamos, con singular esfuerzo, ayudado a construir porque creímos en una patria de derechos, democrática y buena para todos. Y ese sueño no ha muerto. Testimonian su vigor y el rigor de nuestra causa los innumerables enemigos que buscan en cada gesto nuestro, en cada palabra, en cada acción de nuestro colectivo, una razón para acusarnos y tratar de revolcarnos en el mismo lodo en que ellos se revuelcan.

 

            Mas no lo conseguirán. Lo que no consiguieron con las fuerzas de las armas y la tortura, con las leyes de impunidad que auto dictaron en su favor para burlar la justicia de los burgueses no lo conseguirán con componendas, halagos ni compromisos extraños a nuestro quehacer. Para nosotros, los comunistas, la honestidad de nuestra relación con la clase obrera y el pueblo es, ha sido y será siempre lo primero, Nuestro compromiso con los pobres de la ciudad y el campo, con aquellos que carecen de voz, con los ninguneados por la sociedad de consumo, con los excluidos y segregados, con los perseguidos solo por una razón de raza, color, condición genética o situación de cuna.

 

            Cada uno de ellos es el tema principal de nuestra agenda, Quien así no lo entienda no está llamado a formar filas en este partido.

 

            Y por supuesto, para lograr que la historia transforme en triunfo la presente derrota, haremos los mayores y mejores esfuerzos para lograr la unidad con todos aquellos que se opongan hoy al sistema criminal y odioso que nos gobierna y que intenta posicionarse del mundo para seguir llenando sus bóvedas con las riquezas que nos han robado en decenas o cientos de años de explotación.

 

Chiloé, en medio del año decisivo.  EL AÑO DE LA UNIDAD, LA NECESARIA Y OBLIGADA UNIDAD DE LOS QUE AUN SOÑAMOS.

Unidad de la oposición, tarea esencial del Progresismo

Por Mario Contreras Vega

1.- LA SITUACION NACIONAL

A menos de dos  días del término del 2018, y habiendo transcurrido largos 300 días del gobierno de “los mejores”, estamos en condiciones de ofrecer una lectura bastante aterrizada respecto de lo que ha sucedido y seguirá sucediendo en los próximos meses, sobre todo en lo que dice relación con el avance que se había prometido tanto para el país como para nuestra provincia y con las nulas perspectivas de crecimiento económico aceptado y proyectado para el próximo futuro, reconocido por las propias autoridades, según reconocen diversos organismos internacionales y las numerosas “mediciones” que semanalmente se han venido haciendo con el propósito de encontrar aunque sea un solo parámetro favorable que les permita seguir manteniendo su promesa de crecimiento y “recuperación del daño” que –según ellos- le dejó al país el Gobierno de la Nueva Mayoría.

Similar situación observamos respecto de la corrupción, que se ha asentado definitivamente en nuestro país, así como de la violencia, ([1]) caldo de cultivo que favorecen los sectores patronales para generar temor en la población y hacer su negocio con los diversos sistemas que se han implementado para hacer frente a este flagelo, del cual, por supuesto, los empresarios extraen su  cuota nada pequeña de utilidades.  

Se constata como falso, entonces, e interesado, el discurso con el que llegaron a la moneda, asumiendo que ellos, “por ser los mejores”iban a resolver estos problemas que afectan a los chilenos, (y a gran parte de la humanidad allí donde predomina el capitalismo)  puesto que eran  ellos los que poseían las mejores condiciones para conducirnos por dicho camino.

         Respecto del crecimiento económico, promesa fallida, sucede que el empresariado chileno se dedica, desde hace largos años, a vivir a costa del estado y de las generosas leyes que los protegen, los subsidian y los conectan con el resto del mundo para que intercambien sus productos. El estado chileno subsidió en un 75%  (875 millones de dólares,  entre el año 1975 y el 2014) a tres familias chilenas que   hoy constituyen la base económica de la derecha: la familia Matte, dueña de la CMPC, la familia Angelini, de Forestal Arauco, y Forestal CELCO, (Celulosa Constitución),  las que con ese dinero se apropiaron de TRES MILLONES DE HECTAREAS, la mayor parte de las cuales pertenecía a las comunidades indígenas de la 8ava a la Xa. Región.  [i]

La avidez y el descaro de nuestros empresarios por apropiarse  groseramente de los fondos públicos los llevó a convencer al anterior gobierno de la NM para obtener una prórroga por veinte años del DL 701 de 1974, del que estamos hablando,  situación que hasta el día de hoy no ha prosperado gracias al incendio Forestal de 2016 que consumió cerca de 400 mil hectáreas de bosque nativo y plantaciones y puso en alerta a la comunidad nacional. Gracias a dicho incendio, que le ha entregado multimillonarios recursos de todos los chilenos a tres familias causante –entre otras anomalías- de la destrucción del bosque nativo de dichas regiones y de la apropiación por engaños y muchas veces usando la violencia, de los territorios del pueblo mapuche, causa principal –además- de la pobreza y la inseguridad en que vive dicha etnia y del terror que se ejerce sobre aquellos que intentan defender sus derechos, sin contar el debilitamiento sistemático de las leyes medio ambientales, en desmedro de la seguridad de nuestros ciudadanos de seguir contando con una naturaleza  que les otorgue un grado mínimo de certezas respecto de su futuro. Insistir que el país no tenía recursos por mal manejo del gobierno anterior no ha sido nada más que un falacia, destinada a copar los medios de comunicación que le pertenecen a los mismos empresarios que hoy gobiernan con Piñera, para quienes se está adecuando -además-  aceleradamente el sistema, liberando a éste de los supuestos “lastres” que le impiden recoger mayores y abusivas ganancias, tales como los avances en negociación colectiva que se lograron en el gobierno anterior, la flexibilización de las exigencias medio ambientales y de resguardo de la naturaleza, la entrega ya no del mar chileno a 7 familias, que eso se hizo en su anterior gobierno, sino del BORDE COSTERO que hasta ayer pertenecía a todos los chilenos y que dentro de poco pasará a ser propiedad de los inversionistas para asegurar rentabilidad a sus “resorts”, a sus “marinas”, a sus hoteles y otros negocios relacionados, impidiendo que

los pueblos aledaños al mar, que viven de la pesca a pie, de la recolección de sargazos, del cultivo en pequeña escala de algas y otros emprendimientos propios de la pesquería artesanal, puedan seguir realizando su actividad de sobrevivencia.

            En síntesis, y ya que los bancos  y transnacionales que son –en definitiva- quienes  manejan nuestra economía conocen el final de esta historia, es sumamente extraño que un capitalista que ha pasado su vida negociando con esos organismos haya ignorado la realidad que se avecinaba y no haya previsto las medidas necesarias para asegurar el efectivo crecimiento del país que estaba llamado a conducir.

            Es decir, no son los finteos y contrapuntos del gobierno chino con Trumph los que han enlentecido el mercado, sino la corrupción generalizada, que obliga a los empresarios a asegurar los necesarios y obligatorios apoyos de políticos y de gestores que se ganan el pan de cada día en conciliábulos  con quienes controlan y manejan las redes del verdadero poder, que se mueve en las sombras y se sienta en las grandes cocinas en la que se toman los acuerdos, sin preguntarle ni una palabra a los chilenos a quienes se supone deberían favorecer dichos  “acuerdos”.-

 

2.- LA MIRADA LOCAL

            Trasladada esta situación al ámbito local, vemos como se repite en nuestra provincia tanto la soberbia y prepotencia de quienes se autocalifican como “los mejores”, actuando en consecuencia con dicho discurso que, por sus realizaciones  parece “popular”, pero que,  miradas  estas realizaciones a largo plazo, solo tienden a preservar las condiciones de explotación y enajenación de los trabajadores al máximo nivel de dependencia posible, tanto desde el punto de vista de lo efímero de ellas, (fiestas populares en que se gastan cientos de millones de pesos, la mayor parte de los cuales se los llevan los “artistas” o la empresa que ofrece su servicio), despedidas de profesionales y funcionarios públicos en forma “aparatosa”, como señal de venganza contra los anteriores gobernantes o para satisfacer el reclamo de la plebe que ve en estos hechos una señal de “justicia”, (aunque  más tarde tengan que pagar los onerosos costos en tribunales y muchas veces restituir a los despedidos),  o abandonando proyectos que resultaron clave en el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos y cambiándolos por aquellos más fáciles  y menos onerosos y respecto de los cuales no hay que pensar mucho, (pintado de asientos, construcción de jardines y letreros con “identidad”, hermoseamiento de paseos públicos, amplio presupuesto para actividades festivas de verano en la que tres o cuatro “artistas” foráneos suelen llevarse gran parte del presupuesto destinado al festejo “popular”, etc),  dejando para la gente la breve satisfacción de una tarde de falsa alegría, algunos globos para los niños  y el deterioro cerebral que implica el seguir reconociendo que esa satisfacción sensorial es lo que requieren para ser felices…no importa quién nos gobierne y quien le expropie los beneficios sociales obtenido por las generaciones  que no dudaron en organizarse, marchar y exigir esos beneficios que hoy se dilapidan al antojo de los falsos benefactores del “pueblo”.

            Ello es posible porque hemos transformado la cultura nacional en un bien desechable, al que hemos puesto un ínfimo precio: nuestras autoridades quieren hacernos creer que pintar un letrero con el nombre de la ciudad, instalar una pantalla gigante que dé cuenta  del vacío existencial que hemos sumado a nuestras vidas, obligándonos a reconocernos en una marcas comerciales para transformar nuestra conciencia ciudadana y podamos  olvidar, aunque sea por un mínimo instante, los rasgos solidarios que nos identificaban a fin de que  nos transformemos en consumidores alienados por los productos de moda y no críticos de la segregación social que dichos productos crean en los individuos, sustrayéndolos del deber ciudadano de compartir no solo los bienes sino las capacidades para construir una ciudad para todos, como bien superior. Estiman que mostrar el consumo afiebrado en los programas de televisión y en las vitrinas de los restaurantes que exhiben a sus gloriosos comensales a la vista de nuestros pobres de la ciudad y el campo es “compartir”, no percibiendo que ello solo genera resentimiento, amargura y dolor en el corazón de quienes deben luchar día a día por llegar con el suficiente pan a su mesa.

            Luego se quejan de la violencia que persiste en una sociedad, en la que los pobres carecen de acceso a los bienes más comunes de la existencia, viviendas dignas, salud como un derecho humano obligatorio, educación universal hasta donde la capacidad intelectual de los niños y jóvenes  o adultos les permita, salarios dignos  que permitan, sino recrear la familia de antaño, al menos permitir que los padres pasen más horas con sus hijos, lo que no pueden hacer hoy día pues  -si no trabaja la pareja-  no les alcanza con sus míseros sueldos para sobrevivir.

            Para qué hablar de la planificación vial y –o- urbana, que en nuestra provincia no existe, levantándose poblaciones callampas en cuanto sitio descampado se encuentre, transformándose aquellos sectores en verdaderos guetos, pues mayoritariamente carecen del saneamiento básico, (energía eléctrica, agua potable, alcantarillado) además de una fluida relación con las vías de comunicación, (calles, pasajes, caminos de acercamiento o áreas verdes adecuadas) situación que no logra revertirse por el poco interés del estado en “invertir” en los pobres.

            Y aunque todos estos problemas los conocemos, y aunque algunas fuerzas políticas hemos estado desde siempre intentando nadar contra la corriente transformando el estado desde la definición de “estado subsidiario” (es decir, que solo interviene allí donde no haya interés de los “privados),  en un estado SOLIDARIO, no hemos encontrado –aun- suficiente apoyo entre nuestros habituales aliados.

            Para ello, por cierto, para esta falta de “interés”,  nuestros aliados tienen suficientes y muy pragmáticas “razones”: la mayor parte de ellos hace “negocios” con el estado. Han constituido todo tipo de “sociedades” que viven de los recursos que les otorga el estado vía Ministerio de Educación,  vía SENAME, vía Ministerio de Obras Públicas, vía Ministerio de Vivienda y Urbanismo,  vía ministerio del Trabajo, incluso, vía Ministerio de Defensa, según se ha visto de los falsos proveedores de reparación y mantención del material destinado a las Fuerzas armadas.

            Aun más: los que no “hacen negocios” por la vía directa, se ganan la vida defendiendo los intereses de la clase pudiente de este país, colaborando en la administración de sus empresas y  negocios, como ejecutivos o directores de la banca estatal y privada (actividad por la que cobran millonarias dietas que –por supuesto- salen del bolsillo de los clientes), de las AFP y las numerosas empresas fiscales,  semifiscales y privadas, todas las cuales actúan  no en favor de los chilenos de a pié sino del estado opresor o del explotador de sus hermanos, simplemente.

            El caso más visible es de los portuarios eventuales de Valparaíso, que tuvieron que marchar y esperar 35 días para obtener un beneficio miserable, consistente en un bono que no alcanza a ser el viático de 4 días que un parlamentario exige para concurrir a su trabajo, más algunas prestaciones y capacitaciones que terminará aportando el  estado, con recurso de todos los chilenos, por supuesto. Lo mismo sucede en estos días, en que la única solución que encuentra ENAP para corregir los malos números que muestra su balance, consiste en despedir a 500 trabajadores…

 

3.- QUIENES SON, ENTONCES, NUESTROS NECESARIOS “AMIGOS”…? O planteado de otro modo: ¿Cuáles son los amigos junto a los cuales nos conviene estar…?

            La respuesta depende de la sociedad que queramos construir. Si queremos repetir lo conocido, bastaría con seguir asegurando las cuotas de poder de todos aquellos que han profitado de los recursos públicos en los últimos 45 años. Es decir, seguir apoyando una constitución que ha permitido que las fuerzas armadas  y de seguridad de este país se sigan considerando autónomas y con libre disposición de los recursos que entre todos los chilenos les aportamos, incluso para usarlos en paseos al exterior, en francachelas y corrupciones de todo tipo, en latrocinio y robo descarado de recursos que se han perdido  sea en las mesas de juego de los casinos o en las patas de los caballos.

            Junto con ello, seguir cancelando las dietas más onerosas del mundo (miradas desde la perspectiva del lugar que ocupamos en éste) a una clase política a la que hemos cedido la capacidad, que no el derecho, de fijarse sus propios sueldos, agregándose bonos adicionales a medida de su ingenio, sea para cuidar sus vehículos como para tener que pagarles por ir a trabajar, como si  lo que nos cobran no fuera suficiente para mantener a   10 o 20 familias chilenas cada uno…

            Ello, repito, si quisiéramos mantener las condiciones existentes hasta la fecha.

            Pero, ¿es eso lo que queremos los progresistas chilenos?

            A mí me parece que existe una amplia masa crítica dentro de la sociedad chilena que repudia plenamente dichas conductas, gran parte de los cuales, sin embargo, se  han restado a  participar en los asuntos públicos, (de su colegio, de su barrio, de la empresa en que labora) creyendo que toda acción a favor de ellos mismos los lleva a “entregar las responsabilidades de conducción” a los mismos agentes coludidos con aquellos políticos que han demostrado fehacientemente que no están de acuerdo con el cambio  que requiere el país.

            Ello indica que dichos ciudadanos desconfían de su propia capacidad, sea por carencia de formación o por desinterés y comodidad, pues prefieren divagar desde las redes sociales, despotricando contra quienes proponen soluciones a los problemas ciudadanos, antes de  sumarse a los diversos colectivos que –a duras penas- siguen resistiendo el avance depredador del capitalismo.

            ¿Somos, acaso, los que nos sentimos de “izquierda” en este país, responsables de la crisis de representación que aqueja a nuestras naciones…? En parte, si, pues  no pudimos prever con certeza el derrumbamiento del poder soviético, junto con el posterior desplome de todos y cada uno de los países allegados territorialmente a su esfera de influencia, y no tuvimos respuestas no solo oportunas, sino creíbles y afiatadas. El constante temor a la crítica a aquellos países transformados en nuestros personales espejos, hizo patente su peso en nuestras conciencias, pues aun después de muerto el cadáver no nos atrevíamos a alzar la voz para que no se nos incorpore a la algarabía y el festejo capitalista.

            Cuando comprendimos que nuestro silencio respecto de la crisis del campo socialista solo fortalecía la idea fascista del “final de la historia”, ya las derechas habían dado dos pasos al frente, tomando como aliados a los más débiles de nuestros propios aliados, aquellos que con dificultad entendían  lo del avance hacia una sociedad superior en la que prime “el hombre nuevo”, los que sin “asco” habían  una vez más abrazado las ideas del enemigo y concordado en una política de acuerdos y medianías. El principal de aquellos acuerdos fue, cómo no, acoger las órdenes del Departamento de Estado de dejar fuera de la “institucionalidad post dictadura” a los más connotados luchadores antidictadura.

            ¿Qué se obtuvo con ello, con la llegada de dichos personeros al aparato de gobierno del país…? Pues, en primer lugar, validar dicha supuesta y menguada “democracia” y –como corolario de ello- aceptar que aquellos que habían sido cómplices de la dictadura, que participaron en los consejos de guerra y en las salas de tortura, que supieron –y no dijeron nada e incluso se burlaron de nuestras víctimas- por el solo hecho de participar en aquella farsa electorera de los 90 ya habían conquistado para sí el título de “demócratas”.

            A partir de  ese paso, se inició la colusión y la turbiedad en el manejo económico de la “cosa pública”. ¿O ya no se recuerda el famoso “desmalezamiento” de una plaza de Concón por la suma de 540 millones de pesos de la época, cuando el salario base de los chilenos no superaba los 18.000 pesos al mes y los profesores cobraban un máximo de dos sueldos mínimos…? ¿Y las rendiciones de cuentas de Digeder de la región metropolitana, que con facturas de una frutería justificaba desembolsos de trescientos millones de pesos…?

            A pesar de ello, seguimos creyendo, durante mucho más rato del necesario, aun para auto-justificarnos en nuestra ingenuidad, que aquellos oscuros y escandalosos sucesos no eran más que accidentes…que de seguro no se volverían a repetir.

            Y así pasaron los años y los presidentes supuestamente democráticos, (que no se atrevieron a derogar el art. 8 de la constitución, que nos excluía del parlamento) y se inició la corrupción en forma profesional…a partir del primer presidente progresista después de Allende…

            ¿ACASO LOS COMUNISTAS PARTICIPAMOS DE LA CORRUPCION…?

            No, por supuesto que no, pero no hicimos lo suficiente para “separar aguas” de aquellos que se “embarcaron” en dicha aventura. Junto con ello, gracias a la motivación permanente del estado para “desmovilizar” a los ciudadanos organizados, dejamos de lado la denuncia social respecto a dichas conductas, (para no favorecer al enemigo, supongo, así como ayer veíamos la perfección en el espejo de la ex URSS), limitando el espíritu crítico de la militancia, el único que no nos permite dormirnos en los laureles de los supuestos éxitos  obtenidos al alero de una constitución que no ha dejado de ser el principal impedimento para avanzar en una mejor democracia, permitiendo que –gracias a nuestra debilidad,  a nuestra carencia de ideas respecto del nuevo momento por el que atraviesa la sociedad chilena en los últimos 40 años y frente al cual solo se oyen opina con demasiada ligereza pues no nos hemos adentrado en los temas medioambientales, pueblos originarios, organización por la base, identidad regional, insatisfacción juvenil y de género, etc, hemos terminado confundidos por la gran masa crítica que hoy se ha restado de los asuntos públicos pero que –a pesar de ello- resultan ser los más ácidos opinantes de las redes sociales, confundidos, repito, con aquellos que hicieron de la política su negocio y su modo de vida, a pesar de los innumerables méritos de nuestras propuestas, que son las que –en definitiva- le dieron la nota diferenciadora al ex gobierno de la NM.

            Ello, sin embargo, es pasado. No hay nada más triste y más torpe en la historia humana que tratar de revivir viejos amores cuando todo el mundo percibe que esos amores estuvieron basados en el miedo a desaparecer y en el interés de mantener prebendas, no para los comunistas, sino para los de siempre.

            Esa debe ser, por tanto, la conclusión que nos mueva de aquí en adelante. Esa, y la convicción de la necesidad perentoria de mantener nuestros estándares éticos lo más arriba posible del mundo de los mortales. Que no sean las prebendas ni los beneficios personales que muevan nuestro andar. Que no sea el nuestro un partido de “caciques” sino de hombres y mujeres que se muevan esencialmente en las calles, en las fábricas, en los puestos de trabajo de la gran mayoría de los ciudadanos de a pié, aquellos a los  que ni la Concertación, ni la Nueva Mayoría ni el Gobierno de los “mejores” les ha resuelto ni les resolverá en el futuro la necesidad de transformarse en verdaderos ciudadanos, dotados de dignidad y reconocimiento que les permita hacer un aporte sustancial a la nueva historia de Chile, que está aun por escribirse.

[1] Cuando nos referimos a la violencia,  estamos hablando no solo de la que ejercen los delincuentes y muchos servidores del orden público, (esencialmente contra los pobres, sean estos inmigrantes, mapuche o simples pobladores) sino –además- a quienes han visto perdido los escasos  derechos sociales recuperados y obtenidos tras largos años de lucha y derramamiento de sangre de cientos de trabajadores organizados, sin contar contra la violencia del ecosistema que destruye nuestras formas de vida por el abuso y depredación que se ejerce contra la naturaleza. Otra forma de violencia, cuya responsabilidad hay que cobrársela a la clase gobernante del país, es la justicia de doble rasero, (una para los ricos otra para los pobres, además de la falta de acceso a la salud y las carencias en educación, instituida para preservar el espacio de los poderosos en el manejo y control del estado, desde el que gobiernan para protegerse a si mismo y sus intereses.

Unidad de la oposición, tarea esencial del progresismo

Unidad de la oposición, tarea esencial del progresismo

Mario Contreras Vega 

A menos de 15 días del término del 2018, y habiendo transcurrido largos 270 días del gobierno de “los mejores”, estamos –creo- en condiciones de arriesgar una lectura bastante aterrizada respecto de lo que ha sucedido y seguirá sucediendo en los próximos meses, sobre todo en lo que dice relación con el avance que se había prometido para nuestra provincia y con las nulas perspectivas de crecimiento económico del país, reconocido por el propio Presidente de la república, según reconocen diversos organismos internacionales y las diversas “mediciones” que semanalmente se han venido haciendo con el propósito de encontrar aunque sea un solo parámetro favorable que les permita seguir manteniendo su promesa de crecimiento y “recuperación” del daño que –según ellos- le dejó al país el Gobierno de la Nueva Mayoría.  

Lo mismo podemos decir respecto de la corrupción, que se ha asentado definitivamente en nuestro país, así como de la violencia, caldo de cultivo que favorecen los sectores patronales para generar temor en la población y hacer su negocio con los diversos sistemas que se han implementado para hacer frente a este flagelo, del cual, por supuesto, los empresarios extraen su  cuota nada pequeña de utilidades.    

Se constata como falso, entonces, e interesado, el discurso con el que llegaron a la moneda, asumiendo que ellos, por “ser los mejores” iban a resolver estos problemas que afectan a los chilenos, (y a gran parte de la humanidad allí donde predomina el capitalismo)  puesto que eran  ellos los que poseían las mejores condiciones para conducirnos por dicho camino. 

Respecto del crecimiento económico, promesa fallida, sucede que el empresariado chileno se dedica, desde hace largos años, a vivir a costa del estado y de las generosas leyes que los protegen, los subsidian, y los conectan con el resto del mundo para que intercambien sus productos. El estado chileno subsidió en un 75%  (875 millones de dólares) 1975 hasta el 2014) a tres familias chilenas que  con ese dinero se apropiaron de TRES MILLONES DE HECTAREAS, la mayor parte de las cuales pertenecía a las comunidades indígenas de la 8ava a la Xa. Región).  La avidez de nuestros empresarios por apropiarse  groseramente de los fondos públicos los llevó a convencer al anterior gobierno de la NM para obtener una prórroga por veinte años del DL 701 de 1974, situación que hasta el día de hoy no ha prosperado gracias al incendio Forestal de 2016 que consumió cerca de 400 mil hectáreas de bosque nativo y plantaciones y puso en alerta a la comunidad nacional. Gracias a dicho incendio, que le ha entregado multimillonarios recursos de todos los chilenos a tres familias que hoy constituyen la base económica de la derecha: la familia Matte, dueña de la CMPC, la familia Angelini, de Forestal Arauco, y Forestal CELCO, (Celulosa Constitución), causante –entre otras anomalías- de la destrucción del bosque nativo de dichas regiones y de la apropiación por engaños y muchas veces usando la violencia, de los territorios del pueblo mapuche, causa principal –además- de la pobreza y la inseguridad en que vive dicha etnia y del terror que se ejerce sobre aquellos que intentan defender sus derechos, sin contar el debilitamiento sistemático de las leyes medio ambientales, en desmedro de la seguridad de nuestros ciudadanos de seguir contando con una naturaleza  que les otorgue un grado mínimo de certezas respecto de su futuro.  

Insistir que el país no tenía recursos por mal manejo del gobierno anterior no ha sido nada más que un falacia, destinada a copar los medios de comunicación que le pertenecen a los mismos empresarios que hoy gobiernan con Piñera y para quienes se está adecuando aceleradamente el sistema, liberando a éste de los supuestos “lastres” que le impiden recoger mayores y abusivas ganancias, tales como los avances en negociación colectiva que se lograron en el gobierno anterior, la flexibilización de las exigencias medio ambientales y de resguardo de la naturaleza, la entrega ya no del mar chileno a 7 familias, que eso se hizo en su anterior gobierno, sino de la costa chilena que hasta ayer pertenecía a todos los chilenos y que dentro de poco pasará a ser propiedad de los inversionistas para asegurar rentabilidad a sus “resorts”, a sus “marinas”, a sus hoteles y otros negocios relacionados, impidiendo que los pueblos costeros, que viven de la pesca a pie, de la recolección de sargazos, del cultivo en pequeña escala de algas y otros emprendimientos propios de la pesquería artesanal, puedan seguir realizando su actividad de sobrevivencia. 

En síntesis, y ya que los bancos  y transnacionales que manejan la economía conocen el final de esta historia, es improcedente que un capitalista que ha pasado su vida negociando con esos organismos haya ignorado la realidad que se avecinaba y no haya prevenido las medidas necesarias para asegurar el efectivo crecimiento del país que estaba llamado a conducir. 

Es decir, no son los finteos y contrapuntos del gobierno chino con Trumph los que han enlentecido el mercado, sino la corrupción generalizada, que obliga a los empresarios a asegurar los necesarios y obligatorios apoyos de políticos y de gestores que se ganan el pan de cada día en conciliábulos  con quienes controlan y manejan las redes del verdadero poder, que se mueve en las sombras y se sienta en las grandes cocinas en la que se toman los acuerdos, sin preguntarle ni una palabra a los chilenitos a quienes se supone deberían favorecer dichos  “acuerdos”.- 

Fracaso del Neoliberalismo (1ra parte)

En estos últimos días, la humanidad se ha visto remecida por una serie de hechos de violencia que se han sucedido concatenadamente, de los que no teníamos noticias desde la irrupción de Pol-Pot en Laos y Camboya e Idí Amin Dadá en Uganda, respectivamente, o Hitler con sus hornos crematorios en Alemania. Y no solo se ha visto sorprendida, sino aterrada y angustiada, porque dicha violencia no solo ha sido dirigido hacia sectores marginados de la sociedad de consumo y que hasta ayer carecían de Dzpeso socialdz, sino hacia toda la humanidad, hacia cada uno de los seres humanos que constituimos los vivientes obligados de este planeta.

¿Es extraño, acaso, que la violencia provenga –una vez más- de uno de los representantes más conspicuos del capitalismo, aquel que hace de DzJefe de estadodzde la nación que se declara a sí misma, la Dzprimera potencia mundialdz, la misma que cada cierto tiempo nos da noticias respecto a su propia violencia doméstica, asesinatos de decenas de estudiantes que por lo repetidos se han hecho habituales o de ciudadanos de color a manos de las fuerzas policiales, y que intenta denodadamente convencernos que su sistema económico y su ideología es la única que podría transformarnos en hombres y mujeres Dzlibresdz…?

No, lamentablemente no resulta extraño.

De hecho, el capitalismo nace desde la violencia que se hace diariamente a los sectores más desposeídos de la humanidad, entre otras razones, para:

Negarse a pagar el salario justo a quienes hacen andar las fábricas alrededor del mundo.

Explotar inmisericordemente no solo a quienes están aptos físicamente sino, además, a mujeres embarazadas y niños.

Negarle el acceso al estudio a los hijos de los sectores más modestos, declarando que la Dzeducacióndz es un negocio y por lo tanto debe ser financiada por los padres o los propios alumnos, evitando de este modo que quienes carezcan de recursos puedan hacer estudios superiores que les permitan disputar la hegemonía cultural y económica a los hijos de los opresores.

Lo mismo, con la Salud, transformada en el gran nuevo Dznegociodz, al margen del cual quedará, evidentemente, gran parte de la población mundial.

Apropiarse de las materias primas de las naciones subdesarrolladas, sea mediante presión, tratados, patentes o despojo a través de las guerras para salvar la democracia occidental, a que nos tienen acostumbrados, con el fin de asegurar la sobrevivencia de sus empresas.

Declarar unilateralmente la guerra (ideológica, económica, política) a aquellos pocos países que se atreven a intentar una política independiente, a rescatar para su propio desarrollo el control y la hegemonía sobre sus propias empresas y materias primas, expulsando a los negociantes de la salud y la educación y asumiendo el control y formación de sus Fuerzas Armadas, sin el patronazgo de
agencias extranjeras ni escuelas de Dzformacióndz mantenidas por el capitalismo a lo largo del mundo.

Por supuesto, el capitalismo, que hace gárgaras con la palabra Dzdemocraciadz, jamás ha elegido democráticamente a sus autoridades. Nunca han sido los Dzpueblosdz de los países capitalistas los que han propuesto o elegido a quienes ellos quieren que sean sus gobernantes. Ya que los capitalistas son los dueños de los medios de comunicación y de formación (o deformación) y han contratado a los mejores sicólogos y formadores de corrientes de opinión a través del mundo, han convencido a nuestros pueblos de que los candidatos por ellos impuestos, seleccionados por ser administradores de sus empresas o por ser parientes de los dueños de éstas, van a ir al parlamento (presidencia, ministerios, embajadas, municipios, altos cargos, para el caso da lo mismo), a Dzdefender a los pobres. Y tienen la amabilidad de sacarse alguna foto rodeados con estos Dzpobresdz, de repartir sonrisas y besos de ocasión…mientras éstos, acosados por la duda, porque peor sería elegir a los comunistas, (que no creen en Dios, según dicen los patrones)…terminan votando por ellos y ellos terminan gobernando para mejorar la utilidad de sus empresas.

(Continuará).-

Mario Contreras Vega

Gracias a los jóvenes me siento feliz

Por Mario Contreras Vega

Pertenezco a la generación de aquellos a los que, durante 40 años, se nos negó el derecho a participar en la construcción de Chile, aunque hoy se nos culpe de ser responsables de las misérrimas condiciones del Chile actual y este cada día más conmovido por la irrupción del masivo descontento ciudadano respecto de ese Chile y por el desapego de quienes mañana se deberán hacer cargo del monstruo que –de algún modo que no nos logramos explicar- le estamos entregando a las nuevas generaciones, nuestros hijos y nietos.

Está demás decir que me avergüenzo –tarde seguramente, pero me avergüenzo- de mi falta de convicciones para haber luchado con más fuerza a fin de evitar la insidiosa salida seudo democrática que se nos ofreció para resolver la crisis de los 70. No era aceptando la espuria constitución del dictador como debimos haber avanzado hacia una nueva sociedad. Tampoco lo era aceptando los postulados de la Asamblea de la Civilidad (que en un acuerdo firmado ente otros, por Schaulson, Allamand, Lagos, Bitar y Gutemberg Martínez, más los representantes de la Casa Blanca) nos dejaron fuera del aparato del estado, ni el Movimiento por Elecciones Libres (que nunca lo han sido) ni –un poco más tarde- las transacciones de la concertación con la derecha y los milicos al negarse a revisar las privatizaciones que hicieron perder al país dos tercios de su patrimonio o el abandono de los principios doctrinarios de los que alguna vez se declararon socialistas ni, finalmente, la aceptación del sistema binominal, lo que –según ellos- nos iba permitir avanzar. Lo único que nos hubiese permitido avanzar hubiese sido el hecho de negarnos a participar en aquella democracia protegida legada por el dictador, sin incorporarnos a un sistema que nos segregaba no sólo por nuestras ideas sino por intentar representar a los de “abajo”, reconstruyendo el sistema social claramente participativo que se había logrado en el gobierno de Salvador Allende.

Lo peor, sin embargo, vino un poco después, cuando convencidos por un plañidero pragmatismo exigido por la derecha, que mide el éxito de los acuerdos según cuánto tienes y cuánto habrás logrado después de cada firma, abandonamos a aquellos que confiaban en nosotros, los obreros del campo y la ciudad, los trabajadores manuales, los hombres sencillos, las dueñas de casa, los estudiantes e intelectuales sin padrinos, y nos dedicamos a “caerle bien al enemigo”, a ser simpáticos y hasta obsecuentes con los poderosos, a fin de lograr el falso título de representantes del pueblo que, según algunos, provee el parlamento o los municipios u otros pequeños espacios de poder en los que nos hemos atrincherado para sobrevivir. En ese juego nos hemos desgastado los últimos 20 años y ahora nos duele cuando los ciudadanos de a pie, aquellos que se sentían orgullosos de marchar tras nuestras banderas en un no tan lejano pasado, confundidos y desorientados, desconfían de nuestras propuestas y nos miran como miran a toda la clase política, es decir, con recelo, tal como se mira a los sinvergüenzas y, en el mejor de los casos, a los oportunistas.

Razones no les faltan. Los jóvenes de hoy ignoran gran parte de nuestra vieja historia de sacrificios y honestidad y se han alimentado de mitos en los que los luchadores sociales parecemos ser los malos de la historia, tal como les han contado los derechistas y conservadores (entre los que se incluyen muchos demócrata cristianos, amén de los radicales de la oscura hornada González-Videlista o Duranista y aún no pocos social-liberales que suelen ocultarse tras las filas del PS/PPD) los que, para ocultar sus negociados, siguen guardando silencio respecto del papel rector que cumpliéramos en el gobierno de Allende, y antes de dicho gobierno, en el de Pedro Aguirre Cerda, los más relevantes que ha tenido el país en su corta historia republicana.

Hoy, cuando el crecimiento de los medios electrónicos ha abierto los ojos del mundo y el viento de la libertad intenta barrer con los lastres que impiden el avance hacia un estadio superior de democracia, algunos de nosotros, viejos luchadores que nos hemos opuesto a comulgar con las ruedas de carreta del liberalismo, estamos felices de descubrir en los rostros de los jóvenes que marchan por las calles del mundo el mismo grito de democracia y libertad que no ha muchos días nos acompañara a nosotros.

Nuestros enemigos de antes y de ahora jamás imaginaron que el mundo era tan chico y que en el escaso tiempo de dos generaciones la sola mención de aquellas palabras potentes y sagradas, sería capaz de conmover los cimientos podridos de una sociedad construida para favorecer a los poderosos.

Eso hace que hoy me sienta feliz.