La escuela del mundo rural

La escuela del mundo rural

Carlos Delgado Álvarez

Director Sede Chiloé

Universidad de Los Lagos

Si hay un sector para el cual la escuela es la institución más importante, ese es el rural. 

En lo que se denomina como el mundo rural la escuela es el espacio más dinámico, en ella se desarrollan por supuesto las actividades educativas, pero también las culturales, se manifiestan las interacciones y relaciones sociales, se concreta la participación comunitaria. Por eso el confinamiento riguroso ha derivado en un empobrecimiento comunitario, ya que la cohesión expresada a través de las reuniones de los fines de semana, en los clubes deportivos y ceremonias religiosas, así como las de los clubes de adulto mayor, población cada vez más significativa, han desaparecido y con ello una cultura de la cercanía que se expresa en diversas formas de compartir. Para este mundo la escuela rural es una institución única, tiene una estructura pedagógico-didáctica basada en la heterogeneidad, en la diversidad de niveles educativos que posibilita la convivencia de estudiantes de distintas edades y capacidades, con diferentes competencias curriculares en el marco de una estructura organizativa y administrativa adaptada a sus necesidades internas, es inclusiva; goza de una suerte de entramado que representa un marco de valores que permanentemente se va reconfigurando al ritmo de los cambios que sufre su entorno, a la emergencia de una nueva ruralidad donde conviven la actividad predominantemente agraria ganadera con nuevas de carácter recreativo, turístico y residencial, planteando nuevos desafíos a una institución que se resiste a someterse a la estandarización. 

Los estudiantes y docentes extrañan sus escuelas, pero temen reencontrarse. Saben de su condición vulnerable y que las medidas para imponer el distanciamiento social y físico resultan difíciles de mantener por tiempo prolongado debido a la urgente necesidad de recuperar esta cercanía, detener la crisis de convivencia, el miedo al contagio y la desconfianza. Es en el mundo rural donde las tecnologías de las comunicaciones han develado su precariedad haciendo imposible la vinculación virtual permanente, ha dado pié al predominio de las funciones básicas del WhatsApp o rescatado la importancia de la fotocopiadora; el mensaje de voz y el papel con instrucciones, ejercicios y correcciones, constituyen el vinculo didáctico más efectivo y estrecho en la relación de las comunidades educativas. Por eso entendemos lo que ha significado para miles de comunidades rurales a lo largo de nuestra región que sus escuelas estén cerradas. 

Es en el mundo rural donde se constata que la escuela es presencial o no es. La virtualidad podrá constituirse en un instrumental de apoyos, pero la relación humana no podrá suplantarse; podrá la virtualidad constituirse en una alternativa pero no en la normalidad y las insistentes aspiraciones del homeschooling de desplazar a la escuela presencial no superarán el marketing porque no rescata a los niños y niñas de las actividades productivas con que el mundo rural les atrapa a través de las innumerables tareas cotidianas de la economía campesina o de ser mano de obra de la agricultura extensiva o el uso intensivo característico de la ganadería. La escuela rural presencial hoy es garantía para el ejercicio de los derechos y seguridad emocional de los niños y niñas, así como antes fue el instrumento de ampliación de sus derechos y bienestar social.

Pero también el aprendizaje en común es parte de la normalidad comunitaria y presencial, la escuela rural es instrumento clave para defender y garantizar la identidad colectiva, conservar el patrimonio natural e histórico, asume la responsabilidad como mecanismo de resistencia cultural al valorar el saber local que en numerosas ocasiones ha sido desplazado por otros de mayor reconocimiento político y mediático, al recuperar y conservar las tradiciones y los valores de su localidad, al profundizar en el conocimiento de la historia de los pueblos, los códigos culturales concretos, las formas de relacionarse, las costumbres, el estilo de vida. En definitiva, la escuela y sus agentes desempeñan una función crucial en la creación de un espacio educativo para que las peculiaridades locales puedan tener cabida y expresarse en la construcción y fortalecimiento de la identidad individual y colectiva de la comunidad educativa, al recuperar la memoria, al reconstruir la cultura y revalorizar la ruralidad, resistiendo el proceso homogeneizador y hegemónico al que nos somete la globalización. 

En definitiva, la pantalla no es la escuela.

Carlos Delgado Álvarez

Director Sede Chiloé

Universidad de Los Lagos

La escuela del mundo rural

Los cambios que (se nos) vienen

Carlos Delgado Álvarez
Director Sede Chiloé
Universidad de Los Lagos

Aún cuando parezca temprano escribir acerca de las características que las relaciones humanas asumirán en el tiempo de la post pandemia, pareciera que ya comienzan a configurarse algunas de ellas, pero habrá que esperar aún un tiempo para tener la certeza de cuáles la definirán. En principio, parece evidente que habrá una revalorización de las formas de comunicación, de trabajar y convivir, las que abarcarán todas las dismensiones sociales, desde aquellas más nimias hasta las más sofisticadas y complejas. Uno de estos cambios que comienza a reconfigurarse es una revalorización de las actividades laborales, otorgando nuevos sentidos a la contribución que realizan trabajadores que reciben pagos modestos pero que, en cambio, realizan tareas esenciales y que a menudo implican un riesgo de su propia seguridad sanitaria, trabajadores que se encuentran fuera del círculo privilegiado de las profesiones y cuya consideración bien puede significar una renovación valórica al colocar en evidencia nuestra dependencia, la desigualdad más allá de los gráficos y su contribución al bien común y bienestar general. El credencialismo característico de nuestra sociedad, que no solo distribuye honores sino también recompensas monetarias, a lo menos, debiera ser revisado con criterios de responsabilidad social.

Tal vez, los sectores más abordados han sido los de educación y salud. El sector de la salud pública ya comienza a sufrir transformaciones evidentes que delinean el perfil que adquirirá en el futuro próximo. En primer lugar, un mundo que presumía de la inevitabilidad de su cercanía en las relaciones personales, donde médico y paciente eran centrales para definir los recursos y servicios complementarios, ya no lo será con la misma fuerza y deberá dar mayor protagonismo a la telemedicina y el vasto mundo de las aplicaciones en los servicios asociados como son las consultas y el control de tratamientos, pero también abriendo oportunidades para que la relación entre profesionales se virtualice con el propósito de coordinar acciones de mejora en la gestión de los establecimientos y de las capacidades de los profesionales y técnicos, amén de una mejor distribución de las compensaciones internas. En segundo lugar, asumir lo anterior implica la exigencia de nuevos equipamientos para los establecimientos de salud, como serán la centralidad de puestos y salas de video conferencias y conexiones wifi para facilitar esta labor, como también las nuevas formas de gestión más horizontales y colaborativas que se anuncian indispensables. Ello ya debiera ir fijando las prioridades de inversión en el sector, de manera que podamos enfrentar los próximos desafíos con mayor celeridad.

En el sector educativo hemos transcurrido desde las discusiones de cómo continuábamos ofreciendo los servicios educativos a los estudiantes, cómo mejorábamos los dispositivos de apoyo y adecuábamos nuestras concepciones didácticas a una virtualidad medianamente conocida pero insuficientemente implementada, hacia el abordaje de los lineamientos de cómo serán tanto la vuelta a la presencialidad y cuáles serán los sentidos de la educación del futuro. Y aquí también han surgido a lo menos dos temas esenciales, uno producto de su ausencia y el otro debido a su presencia. En efecto, pareciera que hay una revalorización del vínculo presencial con el docente que hoy se extraña y con ello de una humanización necesaria de los procesos formativos y de los sentidos que ésta importa; y de manera contrapuesta, el debate acerca de cuánto de virtualidad se queda e incorporamos a los procesos y a la institucionalidad educativa. Esto significa que debemos reflexionar con una urgente profundidad acerca de los auténticos sentidos de las formaciones valórica y profesional, de las nuevas prácticas del ejercicio profesional docente y del rol que tendrán las tecnologías informáticas y comunicacionales en la cotidianeidad y en la formación virtual. Diversos estudios ya han señalado que más de la mitad de los docentes no se encuentran preparados para abordar la educación virtual, pero también, ha quedado al desnudo la insuficiente cobertura y estabilidad de la conectividad en todos los rincones del país; las compañías y el gobierno deberán sentarse a diseñar nuevas estrategias que permitan asegurar una conexión efectiva para todos los ciudadanos con una mirada de equidad social y territorial.

No soy de los que cree que una nueva sociedad surgirá de las cenizas que dejará esta pandemia, una humanidad que cambiará todas sus convicciones para señalar una nueva ruta hacia un porvenir distinto, pero si tengo la esperanza de que a lo menos revaloremos nuestras prioridades y sean menos las mezquindades que las virtudes las que se alcen fortalecidas.

Carlos Delgado Álvarez
Director Sede Chiloé
Universidad de Los Lagos

Líderes educativos para tiempos de incertidumbre

Líderes educativos para tiempos de incertidumbre

por Carlos Delgado Álvarez

Las crisis, además de calamidades, traen oportunidades. Más aun en contextos de cambios como los que estamos viviendo en este siglo, donde la ambición de muchas personas, organizaciones y países ya no es ser solamente una excepción en su entorno o área de disputa, sino que ser excepcional, ser el mejor indiscutido y aspirar a estar al tope del ranking de turno; donde poco nos preocupa que los cambios que abordamos transformen nuestra identidad a tal punto que el futuro deseado ya nada tenga que ver con nuestro pasado; y si bien hemos estado viviendo en crecientes grados de incertidumbre y de desafíos problemáticos que demandan soluciones cada vez más complejas, la pandemia en curso, a la cual todos estamos tratando de hacer frente, ocurre en un ambiente de ambigüedades sin precedentes.

 

Lo anterior pareciera ir contra la tendencia que en educación a menudo se utiliza para entender los fenómenos: simplificando y separando los conceptos para ayudar a los estudiantes a acceder a contenidos desafiantes. Sin embargo, la complejidad generalmente involucra componentes del sistema que no se pueden simplificar de esta manera, porque romper un sistema en partes puede distorsionar nuestra comprensión de las interconexiones que rigen el comportamiento del mismo. Por eso, para muchos estudiantes, la consistencia de su día típico ha cambiado abruptamente y aparentemente sin una fecha de finalización clara, generando crecientes grados de incertidumbre y angustia.

 

Esto en si mismo constituye un reto para los sistemas educativos y sus instituciones escolares, y por ende para académicos y docentes, como es ayudar a los estudiantes a comprender por qué los profesionales médicos aconsejan precauciones como el cierre de escuelas y universidades y el distanciamiento social, siendo una oportunidad para definir una estrategia que les enseñe a pensar en la complejidad de los fenómenos sociales y en los cuales debieran estar ocupados hoy, más que en cumplir con contenidos que se transforman en irrelevantes y sin sentido a los ojos atónitos de quienes no alcanzan a establecer una coherencia que los involucre y que más bien entorpece la aprehensión de un mundo posible, reemplazado por uno cargado de explicaciones sino catastróficas, conspirativas.

 

Ello constituye un nuevo desafío para los líderes educativos, quienes tienen la oportunidad de acercar la complejidad a los estudiantes para disminuir la incertidumbre, por ejemplo, señalando que constituyen como causas distribuidas que el control central de los gobiernos puede ayudarnos a abordar la pandemia, pero cuyo éxito depende de muchos actores distribuidos por todo el planeta, que es lo mismo que cuando se pretende el silencio de la sala de clases sin la colaboración de todos; que el contagio no responde a la matemática aditiva sino que nuestra interacción conduce a un crecimiento exponencial hasta volverse virales; que esta misma dinámica responde a una estructura ramificada provocando grandes cambios en periodos cortos de tiempo y que de persistir dichos comportamientos, nos encontraremos con resultados sinérgicos, más allá de la propia estructura ramificada, desencadenando una emergencia, una situación incontrolable, donde quienes ven a unos volcarse a los supermercados, les siguen hasta provocar desabastecimiento; o la concepción de los estados estacionarios dinámicos tanto en nuestras vidas como en los grandes eventos, que nos invitan a actuar para dar respuesta a las necesidades de equilibrio sistémico para vivir y sobrevivir.

 

Este momento de incertidumbre requiere de lideres que ayuden a mirar la complejidad de los sistemas que gobiernan nuestro mundo, pero también que sean guías para la formación de los futuros líderes ciudadanos que tendrán que vérselas con problemas más exigentes y será en ellos en quienes descansará buena parte del futuro de parte de la actual generación y de las que vendrán. Yuval Noah Harari, en “21 lecciones para el siglo XXI”, ante la magnitud de los cambios que estamos enfrentando se (nos) pregunta: “¿Cómo prepararnos y preparar a nuestros hijos para un mundo de transformaciones sin precedentes y de incertidumbres radicales?; ¿Qué tipo de habilidades necesitará para conseguir trabajo, comprender lo que ocurre a su alrededor y orientarse en el laberinto de la vida?”.

 

Así como en estos días, ante la avalancha de información acerca de la pandemia del Covid-19, se nos sugiere confiar en la opinión de los expertos médicos y no en otros opinantes por muy bien intencionados que sean, en educación, desde hace tiempo también se nos viene señalando que para enfrentar adecuadamente los desafíos que nos plantea la incertidumbre de vivir tiempos complejos, las instituciones educativas deben seguir la opinión de los educadores que con insistencia vienen señalando que debemos concentrar nuestros esfuerzos en desarrollar en los estudiantes de hoy el pensamiento crítico, las habilidades de comunicación, de colaboración y de la creatividad. Tal vez, esta sea suficiente tarea para nuestro sistema educativo en estos días complejos.

El arte de manifestarse

Belén Saldivia Martínez, Estudiante de Trabajo Social, Universidad de Aysén.


 

Desde el inicio del estallido social, el pasado 18 de octubre de 2019, las expresiones artísticas y culturales han estado presentes como forma de manifestación. Música, poesía, teatro, intervenciones, danza, artes circenses, muralismo, entre otras, han sido protagonistas más de una vez, en las calles de nuestras regiones a lo largo de todo el país. La apropiación de símbolos y espacios se ha vuelto un fenómeno relevante dentro del caos, desde muros, quioscos hasta paraderos se han transformado en lienzos para quienes buscan expresarse, en ellos se “plasman las demandas” de la gente. La música por otro lado ha sido desde hace mucho tiempo un instrumento de protesta, varios temas lanzados en tiempos de lucha social, son hoy en día considerados “emblemas”, un claro ejemplo de esto son canciones de Víctor Jara, Violeta Parra, si seguimos avanzando en el tiempo, Los prisioneros, más adelante Los Vásquez, reconocidos músicos de la región de Aysén, quienes el 2011 lanzan  el tema “Basta”, con un clara demostración de descontento social en torno al tema “Patagonia sin Represas”; todas estas formas de expresión, tienen en común su finalidad y el mensaje que intentan transmitir. Enfocándonos en el Movimiento Nacional del 2019, se ven claramente expuestas las demandas del pueblo en los lienzos que se han popularizado por ser en su mayoría anónimos, el rechazo de las políticas neoliberales, justicia social y la exigencia de una nueva constitución son las mandas sociales que más se han hecho notar, de la mano de un gran movimiento feminista que tuvo a comienzos del 2018 gran voz a lo largo de todo nuestro país. Destacar que el descontento social del pueblo a su gobierno y la exigencia de igualdad de derechos es algo por lo que la gente lucha hoy en día a nivel mundial.

 

Entre las intervenciones que se han hecho más conocidas podemos mencionar por ejemplo la escultura del reconocido perro “negro matapacos”, que revive de las manifestaciones de los estudiantes del 2011, también la creación del cómic de “Pareman”, icono de las manifestaciones, por el ilustrador Guido Salinas. Otro ejemplo digno de destacar es la intervención “Un violador en tu camino”, originado por el colectivo chileno Las Tesis, pero apropiado y personificado por diversos grupos de mujeres alrededor de todo el mundo. También podemos mencionar las canciones de nuestros músicos chilenos que surgieron a raíz del movimiento, cómo “Cacerolazo” de Anita Tijoux que fue una de las primeras artistas en apoyar el movimiento, también tenemos la interpetación “Regalé mis ojos” de Nano Stern, tema dedicado a Gustavo Gatica quien fue atacado con balines durante las manifestaciones, causándole la perdida de la visión de ambos ojos, quien entrega un fuerte testimonio mientras permanecía hospitalizado “regalé mis ojos para que la gente despierte”, y así podemos seguir mencionando artistas como Mon Laferte con “Pla ta tá”, Alex Anwandter con su canción “Paco Vampiro”, entre otros reconocidos artistas. 

 

Hoy a 5 meses del estallido social, en nuestras calles siguen plasmados los mensajes que a lo largo de este periodo fueron bastidores para expresar sentimientos de miles de chilenos, las esquinas fueron escenarios improvisados para los músicos de este país, nuevamente el arte y los artistas son quienes expresan el sentir de un país sin violencia, solo con acordes, trazos y creación.

Una forzada solidaridad en tiempos de crisis

Una forzada solidaridad en tiempos de crisis

por Julio Fernando Iglesias Navarro, Profesor y Mg. en Educación

 

Un país entero, el mundo entero en alerta. En el ámbito local, todas las libertades restringidas, eventos suspendidos, nos debemos separar socialmente para protegernos. El plebiscito tan anhelado para comenzar a escribir una nueva Constitución, por primera vez impulsada desde el pueblo, se suspende por el Covid-19… todo en suspenso, menos Teletón.

La Teletón se suspendió ya el 2019 debido a la inestabilidad e inseguridad que significaba para el retail el estallido social. La posibilidad de un saqueo, de un incendio, de evasiones, etc. no aseguraba una tranquilidad para el gran empresariado. Un riesgo también el que la exposición mediática del evento permitiese las protestas y la visibilidad del legítimo levantamiento en contra del sistema neoliberal y de la Constitución actual. El temor a que hubiese posibilidades de marcar hitos en directo para las opciones del plebiscito (Apruebo y la “otra”) y por último, el teatro Teletón o el Estadio Nacional cantando a todo pulmón el “hit del verano”. La posibilidad de que algún artista e incluso algún entrevistado tocaran el tema constitucional poniendo en aprietos al mismísimo animador.

Un escenario poco conveniente para que Teletón se utilizara como siempre se ha utilizado, para adormecer y relativizar toda la contingencia; en beneficio de los niños, de los necesitados, los postrados.

 

Y por qué nos preguntamos todos, si se han suspendido los grandes eventos, las clases, los festivales, hasta el plebiscito cambio de fecha… aún se sigue porfiadamente adelante con la Teletón. Mientras el Covid-19 genera estragos en el mundo entero, en nuestro país se sigue adelante con la campaña.

 

Es que poco importa la meta. Si, da lo mismo si se alcanza o no. Incluso sería políticamente correcto decir que ante la compleja situación mundial y en particular la nacional, no se pudo alcanzar la cifra fijada.

 

Es que inclusive el tema de ir al banco es un riesgo latente para que la población vaya a donar, como también para los mismos trabajadores del banco de Luksic es un riesgo, lo cual ya debe estar previsto de antemano. ¿Qué pasaría si un guardia, un cajero o un voluntario se contagia o da positivo de Covid-19 mientras recibe las donaciones en los puntos habilitados para tal efecto? Sería catastrófico e impresentable como también demandable absolutamente (Art. 37 del Dcto. Supremo 594/2000 del Minsal, así como el 184 y 184 bis del Código del Trabajo). Entonces, apuestan a la donación on line, vía transferencia bancaria y seguramente, con toda la banca en concordancia para facilitar el trámite. No necesitaría ser cliente del banco de Luksic para donar. Y esto, por el razonable temor también de gran parte de la población a contagiarse producto de las aglomeraciones que siempre se producen con la donación presencial.    Salvada esa valla, el tema ya no es que las aglomeraciones estén restringidas; filas en el Banco, shows “motivacionales” en espacios públicos y/o privados, transmisión televisiva desde el Teatro o el Estadio, etc. El formato da lo mismo con tal que se haga, o como el propio Kreutzberger ha dicho; “la Teletón la hago por último desde mi casa”, agregando; “hasta con señales de humo”.

 

Es que todo está calculado para que la industria del retail, que ya está ahorrando en publicidad en los canales agrupados en Anatel, puedan bombardear a los chilenos con su propaganda, justo en momentos en que las AFP registran las pérdidas más grandes en los fondos de pensiones de todos los tiempos, donde el riesgo de cesantía es inminente en gran parte de la industria y del comercio. Las pymes ya no resisten más, el riesgo a morir por parte de la población mayor de edad y los que tienen situaciones de riesgo, es muy real. Es el momento en que la población en general está más susceptible a ser manipulada emocionalmente, dónde se pretende asociar a la discapacidad como el segmento de la población más vulnerable al Covid-19 y de esa forma generar esta “obligación moral” de que hay que apoyar la causa. Pero la verdad es que no deja de asombrar, inclusive en el resto del mundo, cómo un país como Chile, que se jacta de tener el mejor sistema de salud del mundo, ha tenido un manejo tan paupérrimo de la crisis por la cual estamos atravesando. En vez de desinfectar calles saca militares e instala toque de queda nocturno, como si aquella medida permitiera bajar o evitar los contagios. El Ministro de Salud es tristemente famoso en todo el mundo por su frase “el virus se vuelve buena persona” y todas las mañanas con horror vemos las micros llenas, el metro abarrotado e industrias como la salmonera en Chiloé, realizando turnos con mínimas medidas preventivas, tanto en los centros como en el traslado de los operarios. Es en ese contexto en que se toman medidas de suspensión de casi todo, menos del trabajo masivo y la Teletón que no se toca, no se corre. Volvamos al punto de inicio. A pesar de la crisis actual, el escenario no puede ser más favorable para instalar en medio de toda la incertidumbre, la bandera de la “solidaridad” y de la “unión de los chilenos” en aras de un mismo ideal. Una manera de poder allegar algunos puntos en las encuestas a la alicaída imagen del Presidente y del Gobierno. (Recordar que Jaime Mañalich, el Ministro del mejor sistema de Salud del Mundo, es parte del Directorio de Fundación Teletón desde 2018). Por otra parte, los compromisos económicos que conlleva la realización de la megacampaña son millonarios (pensemos en el valor que tiene un minuto de publicidad en televisión abierta y multipliquemos por cada vez que aparece la marca o empresa asociada a Teletón en el día, entre programas, matinales, noticias. Con mayor razón hoy frente a la emergencia sanitaria mundial donde la mayoría de las personas están atentas a cualquier información relativa a la pandemia. Entremedio, se refuerza el concepto de ayuda a la Teletón y “el manejo comunicacional de masas” surte el efecto esperado. Adicionemos el tiempo publicitario radial y el de la prensa escrita. Todo aquello es ahorro en publicidad para las empresas “comprometidas”. En resumen, Don Francisco y su sequito de “comunicadores” no es que solamente estén empecinados porfiadamente en realizar la Teletón. Saben muy bien que este es el momento propicio. Las empresas saliendo de la incertidumbre de la movilización  y estallido social. El miedo y la incertidumbre traduciéndose en ayuda al más necesitado. El sustrato de fondo es, que el consumo no para y dado que hoy los militares en las calles aseguran una cierta calma junto con el miedo a los contagios, los empresarios pueden desembolsar los recursos que ahorraron en publicidad, más las ganancias acumuladas por ventas de productos y servicios como “suculentos desprendimientos personales para aportar a la gran causa de la discapacidad en Chile”. Instando de paso, a que todos nos desvivamos por aquello. Luego, van quedando exentos de impuestos por declarar donaciones benéficas a Instituciones sin fines de lucro, (una forma elegante que tienen para evadir impuestos legalmente), cuando en verdad la donación que tú haces, jamás va a eximirte de impuestos que sí pagas todos los meses según tu sueldo o los bienes que adquieres. Entonces, la lectura que debemos hacer es muy simple. ¿Es realmente prioritario realizar la Teletón en el contexto actual? Para las empresas y para la utilización mediática, claramente sí.    Sin desmerecer la loable y profesional obra que realizan los Centros de Rehabilitación a lo largo de Chile, esta no alcanza a cubrir la población de Personas en situación de Discapacidad (PeSD) que es de 2,9 millones de chilenos y chilenas. Sólo alcanza, supuestamente el 90% de la población infantil con discapacidad motora, de origen neuro-músculo-esquelético, hasta los 20 años de edad, cuando es de origen congénito y hasta los 24 años, cuando es adquirido. La última Teletón 2018 recaudó la cifra no menor de $32.851.438.341 para atender a un escueto segmento de la población (menos del 4% del 16,7% de población en situación de discapacidad del país) siendo que, el presupuesto anual de Senadis para el 2020 es de $28.874.000.000. Esto es casi 4.000 millones menos, pero que son para atender al 100% de la población con discapacidad en todo Chile.

 

Esto, contraviene todos los acuerdos y tratados firmados por el Estado de Chile respecto a la materia y nuevamente pone en evidencia el modelo de caridad y rehabilitador, por sobre el modelo social de inclusión.

“Nothing for us, without us” o “Nada sobre y para nosotros, sin nosotros”

 

PD: Miembros de Directorio Fundación Teletón; Humberto Chiang, Médico Urólogo de Clínica Las Condes. Patricio Jottar. Gerente General de Empresas CCU, Profesor en PUC y Universidad de los Andes. Alfredo Schönherr, Director de FASA y Director Área Salud Seminariu. Ana María Urrutia, Socia ICA Chile y ex Directora Teletón Santiago. Rodolfo Rosenfeld, Socio Fundador de Clínica Las Condes. Ignacio Cueto, Gerente General de LAN. Lázaro Calderón Gerente General Corporativo de Empresas Ripley. Alfredo Moreno, Presidente de Empresas Penta S.A., Director de DERCO S.A. y Brotec S.A. Daniel Fernández, Country Manager Chile y Subgerente General de Enersis S.A.

 

Al mirar el directorio surgen las primeras suspicacias; Patricio Jottar, Gte. General de CCU, empresa que pertenece al grupo Luksic, quien sabemos hace grandes donativos a través de cuatro marcas auspiciadoras: Cerveza Cristal, Bilz y Pap, Cachantún, y por supuesto Banco Chile.  Así mismo el grupo Cueto, representado por Ignacio Cueto, auspicia con aerolínea LAN, y Lázaro Calderón quien representa a multitiendas Ripley. Un directorio conformado por personas muy bien conectadas e influyentes de nuestro país.

 

Juzgue Ud.

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