A 46 años años del Golpe, es necesario avanzar en la Unidad

OPINIÓN | Julio Iglesias,  Vicepresidente Regional del Colegio de Profesores

En el acto de conmemoración del 11 de septiembre este año, tuve la sensación de que la unidad es una palabra vacía. Hablaron de unidad con sólo dos banderas. Quieren unidad sólo cuando imponen sus términos y en función de los votos. Un mea culpa que no alcanza a resarcir la negligencia de años de gobierno para los poderosos, hipotecando las posibilidades de cambio, haciendo todo en la medida de lo posible (fieles a su renuncia explícita a la Internacional en 1989).

 

Hablaron de Unidad con dos banderas… Me faltaron las roja y negra, las verde oliva, las rojas del fusil, las blancas de la Convergencia, las de los pueblos originarios, las de los movimientos sociales, las banderas de los profesores, de la CUT, de la Anef, de la diversidad sexual, etc.

 

Hoy día convocar es distinto a participar e invitar. Una cosa es organizar, otra muy distinta es hacer real unidad. Lamentable que la unidad siga siendo para la izquierda tradicional, una dualidad, y no una puerta abierta a construir un nuevo proyecto.

 

La izquierda, o un proyecto que se precie de tal, no debe estar forjado en una verticalidad en función de la historia, los votos o los pactos eventuales.

 

La Unidad, la real y necesaria unidad, requiere de una generosidad mayor. De la horizontalidad y la cooperación y entrega por un proyecto convocante que se recoja desde los movimientos sociales, desde los territorios, desde la gente que quizás no tiene una ideología arraigada o una militancia determinada. Porque parafraseando al gran Galeano: “de tanto hablar del pueblo, nos podemos quedar sin el pueblo”.

 

Para construir la Unidad, no se construye sobre la base de sólo dos banderas. Si queremos comenzar a andar, vamos a hacerlo como dice Silvio Rodríguez: 

… “vamos a andar

matando el egoísmo

para que por lo mismo

reviva la amistad.

Vamos a andar

hundiendo al poderoso

alzando al perezoso

sumando a los demás

vamos andar

con todas las banderas

trenzadas de manera

que no haya soledad”.

Si queremos ser real alternativa a los populismos fascistoides que se enseñorean hoy en nuestros territorios americanistas, partamos por ser generosos entre nosotros, los que seguimos sosteniendo que el sueño de Allende sigue vigente.

¿Cómo nos influye a las mujeres una eventual rebaja laboral a 40 horas de trabajo  semanal?

¿Cómo nos influye a las mujeres una eventual rebaja laboral a 40 horas de trabajo semanal?

Por Frente Feminista Poderosas – Ancud

Para dar respuesta a esta pregunta, es importante entender cuál es la situación actual en el campo laboral para nosotras las mujeres, ya sea a nivel nacional, pero principalmente a nivel local, en Chiloé. 

 

A nivel país, y en cuanto a la presencia de mujeres que lideran hogares, se tiene el dato de que cuatro de cada diez hogares tienen jefatura femenina, el doble de lo que existía en 1990, y que el 73,4% de esos hogares son monoparentales, es decir, liderados por madres solteras o mujeres separadas (Encuesta Casen Mujer 2017, Según estos datos, y en relación a estadísticas de Género y Empleo de la Encuesta Nacional de Empleo, 2010 – 2017 del Instituto Nacional de Estadísticas, la tasa de participación laboral femenina aumentó considerablemente en siete años, llegando a un 48,5% el 2017, donde la ocupación subió un 45%. No obstante, respecto a las mujeres no ocupadas, y según datos recopilados por la encuesta Casen, la tasa de desocupación femenina fue superior al 75%, con una brecha sobre los 50,0 puntos porcentuales entre hombres y mujeres. Así también, las mujeres que trabajan, son quienes poseen más carga horaria en cuanto a tiempo ocupado, contemplando 1,65 horas diarias más que los hombres. En este análisis también es importante conocer la situación en cuanto al Trabajo Doméstico, donde las mujeres participan más que los hombres en su hogar,  en promedio 2,08 horas diarias más (Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT), 2015). 

 

Si bien, es relevante saber que cada vez las mujeres cuentan con mayor participación en el ámbito laboral, el cuidado de sus hijos e hijas en estos tiempos de trabajos para quienes son madres, es un punto importante y donde el   aporte entregado por instituciones externas, resulta tremendamente significativo. 

 

En este contexto, la matrícula en Educación Parvularia en Chile supera actualmente los 800.000 niños y niñas, donde la cobertura sobrepasa el 50%, de los niños y niñas en edad de asistir a Educación Parvularia, (Informe de Caracterización de la Educación Parvularia: Descripción estadística del sistema educativo asociado al nivel de Educación Parvularia en Chile, Subsecretaría de Educación Parvularia, Enero 2019). Sin embargo, al parecer esta cobertura se está volviendo corta  y en marzo del presente año, el gobierno actual presentó el Programa de extensión horaria, el cual contempla, por ejemplo, que los recintos de Fundación Integra,  “podrán funcionar hasta las 19:30 horas para beneficiar a madres y padres trabajadores”. 

 

Frente a este panorama, ¿cuál es la realidad laboral de las mujeres en Chiloé? 

En esto, se debe señalar que dadas las características territoriales en el archipiélago y de la población económicamente activa, sobre un 45% se encuentra vinculada al sector piscisilvoagropecuario, pudiéndose determinar la creciente participación de las mujeres en actividades que antiguamente eran sólo desarrolladas por hombres. De lo anterior, es importante conocer la actual realidad de trabajadoras y trabajadores que laboran en plantas pesqueras locales, donde importa diferenciar trabajos permanentes y trabajos temporales o eventuales. 

 

En cuanto a la mano de obra permanente, el 65% son hombres y el 35% son mujeres; versus a la mano de obra eventual, donde el 48% corresponde a hombres y el 52% son mujeres (Estudio MUJERES Y HOMBRES En el Sector Pesquero y Acuicultor de Chile, Sernapesca 2018). 

 

Es importante también agregar la participación de las mujeres, específicamente en la industria del salmón, donde según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), alrededor del 32% de la fuerza laboral de la industria del salmón en Chile está compuesta por mujeres, lugares donde además existen precarias condiciones laborales, con altas tasas de accidentabilidad, donde los sistemas de trabajos consisten en turno rotativos, tarde, mañana y noche, existiendo en algunas empresas contratos diarios, firman al ingresar a su jornada y firman el finiquito al salir de ella, siendo el sueldo promedio para una operaria de unos $352.617 al mes. (SALMONES DE SANGRE DEL SUR DEL MUNDO, Morir trabajando en la industria productora y exportadora, de salmónidos de cultivo del sur de Chile, Centro Ecocéanos, abril 2019).

 

Por todo lo anterior, se puede señalar que las mujeres en Chiloé, al igual que las del resto del país, mantienen liderazgo de hogares monoparentales en un alto porcentaje, encargadas de satisfacer diversas necesidades materiales para sus familias. De forma paralela, se goza de un aumento paulatino de ingreso en el mercado laboral, situación que para quienes son madres significa dejar durante largas horas a los hijos e hijas pequeñas, en salas cunas o jardines infantiles hasta terminada las jornadas de trabajo, complicándose aún más esta situación  cuando la jornada laboral incluye turnos de noche, horario en el cual el sistema de cuidado de niños y niñas no aplica Bajo este contexto, como rubro laboral principal de la provincia se encuentran las actividades ligadas al mar, siendo las plantas de proceso y entre ellas la del salmón, donde se ubica una parte importante de la fuerza laboral femenina, en trabajos más bien temporales, mal remunerados, sin existencia de derechos laborales mínimos al existir contratos diarios en algunas de éstas, y con ínfimas condiciones de seguridad. Sumado a ello, ya es sabido que este tipo de trabajos ha implicado para Chiloé la migración del campo a la ciudad, la pérdida de  dinámicas familiares culturales, que de forma ancestral habían caracterizado la vida en comunidad, con sistemas económicos recíprocos y solidarios, dando paso a la individualización de la vida comunitaria, junto a una disminución de la calidad de vida y en algunos grupos, el acercamiento a la “pobreza urbana” expresada en la vivienda, en su materialidad ligera y en limitaciones de condiciones básicas (Jordán y Martínez 2009). 

 

Por tanto, una rebaja en la jornada laboral semanal, si bien no soluciona problemas profundos, aliviana la carga a las mujeres, permitiendo con ello mejorar la calidad de vida familiar, al pasar más tiempo con los hijos e hijas para quienes son madres, fortalecer el raigambre familiar contando con espacios para fiestas o rituales comunitarios, y mayor tiempo de ocio necesario para un sano desarrollo personal y por ende apropiada salud mental.

 

En este contexto, ha sido recurrente escuchar en los últimos días al actual gobierno centrar la discusión sobre esta rebaja, más bien en cuestiones que se relacionan con costos para la empresa y consecuencias en cuanto a indicadores de productividad económica, invisibilizando lo cual debiera ser el foco principal: los cambios significativos que uno u otro proyecto podrían implicar para la calidad de vida de las personas, donde se trabaje para un buen vivir, y no se viva sólo para trabajar. 

Un currículo para la formación profesional

Un currículo para la formación profesional

Carlos Delgado Álvarez

Director Universidad de Los Lagos Chiloé

En 1939 Harold Benjamin, imaginándose una sociedad preshitórica escribía: “No enseñamos a capturar peces con el fin de capturar peces, sino para desarrollar una agilidad general que no se puede obtener mediante la mera instrucción. No enseñamos a cazar caballos a garrotazos por cazar; lo hacemos para desarrollar una fuerza general en el aprendiz que nunca podrá obtenerse con algo tan prosaico y especializado como la caza de antílopes. No enseñamos a asustar tigres de dientes de sable con el fin de asustar tigres; lo hacemos con el propósito de dar ese noble coraje que se aplica a todos los asuntos de la vida y que nunca podría provenir de una actividad tan básica como cazar osos”.

Lo anterior nos recuerda la creación del currículo, pero también que tradicionalmente éste es concebido como el conjunto de contenidos que los estudiantes deben aprender, pero que hoy, de continuar así, mal podrán nuestros estudiantes desarrollar las habilidades y actitudes para dejar de pretender asustar con fuego a los tigres de dientes de sable que ya no existen. Pues el currículo es un instrumento para el desarrollo de competencias cambiantes que responden a la preparación que requiere la fuerza de trabajo para el mundo de hoy, y con mayor razón para el de mañana.

Las instituciones educativas deben preparar a los estudiantes para convivir con un mundo que cambia económica y socialmente a una velocidad como nunca antes para empleos que aún no son y para enfrentar problemas sociales que tampoco sabemos que habrán de surgir y que por lo tanto, el éxito educativo ya no está dado por la capacidad de reproducción de dicho conocimiento basado en contenidos, sino en la aplicación de ese conocimiento a nuevas situaciones económicas y sociales. A Einstein se le atribuye la frase de que “no podemos resolver nuestros problemas con el mismo pensamiento que utilizamos cuando los creamos”, por lo que debemos preguntarnos con más regularidad lo que deberían aprender nuestros estudiantes en esta era de la búsqueda, de la robótica y de la inteligencia artificial que se nos cuela por doquier.

La formación profesional debe avanzar hacia un currículo más exhaustivo, con capacidad de adaptación, que otorgue oportunidades de elección a los estudiantes y asuma las necesidades locales con un sentido de responsabilidad global, donde la economía y los desafíos de sobrevivencia tienen ese carácter. Nuestros sistemas de formación deben incorporar las tecnologías exponenciales que nos están brindando oportunidades extraordinarias para cambiar las formas de vivir en un mundo amenazado, diseñando un currículo más interdisciplinario, que les enseñe a los estudiantes cómo pensar, cómo aprender, cómo sintetizar información y cómo aplicar un discernimiento crítico.

La educación de los jóvenes tiene fronteras cada vez más difusas, ya no es posible clasificarlas con tanta rigidez como aquella que prepara para el mundo del trabajo en contraposición a la formación académica que prepara para la continuidad de estudios universitarios. Toda la educación superior tiene como destino el mundo laboral tarde o temprano, como tampoco son solo los jóvenes quienes requieren formación profesional temprana, hoy existe la necesidad de la formación permanente y continua para toda la vida, especialmente cuando la vida útil se prolonga cada vez más, lo cual exige no solo generar oportunidades de actualización sino también de continuidad socialmente válidas, tanto para la empresa como para la academia. Esto significa que debemos enfocar la formación de competencias más complejas, en aquellas que solo los humanos pueden realizar bien, como las no rutinarias interpersonales y analíticas. La base del currículo, como en la sociedad prehistórica de Benjamín, ya no está en los contenidos, el aprendizaje debiera centrarse en sus aplicaciones a través del uso de sus habilidades.

Estas convicciones nos ha impulsado a complementar la formación actual de nuestros estudiantes a través del programa de Levantamiento y Mejoramiento de los Sistemas Eléctricos de las Iglesias Patrimoniales en conjunto con el Centro Nacional de Sitios de Patrimonio Mundial y de la incorporación de las competencias emprendedoras a través del convenio con Freeport-McMoRan para incorporar el programa DreamBuilder, lo que nos permitirá además, capacitar a 300 jóvenes y mujeres de la provincia durante este año.

Carlos Delgado Álvarez

Director Universidad de Los Lagos Chiloé

Concesiones mineras en las ciudades, la tierra bajo nuestro suelo tiene otro dueño


Una serie de denuncias en distintas ciudades de la región han aparecido en los medios, mientras vecinas y vecinos miran con asombro la existencia de concesiones mineras bajo las ciudades, se instalan públicamente las alarmas ciudadanas en Puerto Montt, Ancud y Maullín, alarmas que han abierto dudas sobre lo que significan estas concesiones mineras, y que se juega realmente detrás de este hecho.

 

Para comprender lo ocurrido debemos dar cuenta que las concesiones mineras fueron diseñadas lógicamente como un instrumento para el sector minero, parte del engranaje necesario para la supremacía del código minero sobre otros regímenes, y que ha permitido la explotación de bienes naturales como el cobre o el litio por parte del sector privado.

 

Actualmente se ha transformado también en una herramienta para el sector inmobiliario y el sector financiero, quienes han encontrado nuevas posibilidades de negocio, ya sea por la transformación de estos derechos en capital financiero o como especulación inmobiliaria.

¿Cómo llegamos a esto?

 

Este fenómeno que vemos con asombro en la región, es una consecuencia de unos de los pilares del modelo neoliberal instalado por la dictadura cívico-militar, el código minero entra en vigencia en 1983 y permite la separación del suelo del subsuelo, además permite la apropiación del subsuelo por parte del sector privado (esto como parte de un avance en el proceso de privatización y mercantilización de bienes públicos), desde ese momento la tierra bajo el suelo que pisamos pasa a ser también un bien privado, se transforma en una mercancía. El instrumento para hacer esto posible son las concesiones mineras, que son un derecho de propiedad sobre el subsuelo, este instrumento buscaba asegurar la propiedad de la inversión minera y tiene dos clasificaciones según el código minero, de exploración y de explotación.

 

De forma paralela a la implementación del Código minero, se da inicio a la liberalización y profundización del sistema financiero, su desarrollo es fundamental para el nuevo orden económico y social, estos serán algunos pasos que permitirán en la década de los 90 la consolidación del neoliberalismo en Chile, en términos generales el avance del capital financiero ha significado también el avance de mayor acumulación y concentración de las riqueza en Chile y en el mundo, tres décadas después de la puesta en marcha del proyecto neoliberal el mundo se ha transformado en un enorme mercado global, mercado en donde giran millones de mercancías que son transadas todos los días en las bolsas de valores, entre esas mercancías están los derechos de propiedad sobre el subsuelo, las concesiones mineras de exploración o explotación son activos financieros de grandes grupos económicos. 

 

Ahora bien el fenómeno de las concesiones mineras en las ciudades de la región, no está relacionado con la minería sino con el sector inmobiliario, ya sea como apropiación de las inmobiliarias para resguardar su inversión o como la de otro actor que busca detener o extorsionar a las inmobiliarias.

La adquisición de una concesión minera se constituye como una apropiación del subsuelo de miles de personas que viven en las ciudades y que en general no sabe que debajo de lo que están pisando existe un dueño, algo que hace solo 30 años era impensado hoy nos parece anecdótico, la impronta de un grupo muy reducido de chilenos que lucran con la tierra bajo nuestros pies no es cuestionado como algo anormal, como algo que para la mayoría carece de lógica.

 

Es cierto que este hecho puntual, no lo es tanto, existen cientos de concesiones mineras en la región asociadas a empresas mineras, eléctricas, inmobiliarias, forestales, como se ve es algo bastante extendido, pero no se trata solo del hecho en sí, de la concesión y el avance de algún proyecto concreto, se trata también de un cierto sentido común que acepta que todo puede ser una mercancía.

 

Cambiemos la lógica

 

Se ha cristalizado un sentido común, una lógica de mirar el mundo como una mercancía, que ve en todo una oportunidad para ganar dinero sin importar los impactos que produzca, no importa la incertidumbre sobre la vida de las personas, que se suman a la larga lista de dudas; las pensiones, la educación, la salud, pocas posibilidades de vivir una vida digna. Lo cierto es que para un grupo minoritario de personas, una nueva posibilidad de negocio es siempre bienvenida, es siempre una nueva posibilidad de ampliar sus riquezas.

 

La otra cara del neoliberalismo se instala como discusión pública en la región, nos expone que hasta lo que está bajo la tierra que pisamos es una mercancía y que unos pocos pueden hacer con ella un negocio lucrativo. 

 

Sin embargo, la esperanza de que esto esto puede ser diferente, que no necesitamos que el lucro se imponga por sobre nuestra vidas está en esas pequeñas rupturas; un rechazo, un malestar, una intuición que las cosas no están bien, que no es razonable que alguien haga negocios con ciertas cosas y que se adueñe de todo , una señal que es otra cosa lo que queremos, que no necesitamos que alguien sea dueño del subsuelo y pueda con ello hacer negocios a costa nuestra.

Chiloé y sus pobrezas: reflejo de la herida colonial chilena

Jamadier E. Uribe Muñoz, Doctorando Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Una lúcida certeza ha comenzado a navegar por los canales del archipiélago, Chiloé no es Chile, nunca lo ha sido. El continente siempre ha tenido un trato colonial para con nosotros y no puede ser de otra forma, eso somos, una colonia. Un territorio invadido en 1826 y saqueado sistemáticamente desde entonces.

            Hoy sumamos una prueba fehaciente de ello: la pobreza. ¿Cómo se explica que las tierras en las que crecieron los alerces que adornan palacios de todo el mundo; que los mares que dieron inicio a la industria del salmón, una de las más lucrativas en la historia de Chile, tengan hoy a sus gentes en la miseria? ¿Cómo si no es por el patrón colonial de poder, que nos arrebata la libre determinación sobre el territorio, para robar sus riquezas?

            Esta semana, el consejero regional Nelson Águila encendió la alarma sobre las astronómicas cifras de pobreza multidimensional que arrojó la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) de 2017. En lo que sigue, compartiré un análisis un poco más detallado, construido a partir de los microdatos de la encuesta, así como algunas aclaraciones respecto a categorías que resultarán útiles para entender la magnitud del problema.

            Lo primero que hay que decir es que Chiloé no solo presenta los índices más altos de pobreza multidimensional, sino también de pobreza por ingresos. Ya explicaremos la diferencia.

            La pobreza por ingresos, que es la forma tradicional de medir la pobreza, lo que hace es medir los ingresos disponibles por hogar en comparación con el costo de la canasta básica, es un cálculo que realiza la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL), a partir de la encuesta CASEN del Ministerio de Desarrollo y Familia. Son pobres aquellos cuyos ingresos disponibles están por debajo del costo de la canasta básica, y pobres extremos aquellos cuyos ingresos disponibles no llegan a los 2/3 del costo de la canasta.

            Chiloé, como se aprecia en las siguientes tablas (Tabla 1 y Tabla 2), tiene el triste liderazgo en ambas categorías, la de pobres y pobres extremos, recordemos que hasta aquí solo estamos hablando de dinero.

 

Tabla 1
Pobreza por ingresos por provincia en la Región de los Lagos

Provincia Pobreza (%)
Osorno 10,3
Llanquihue 11,4
Chiloé 14,1

 

Tabla 2
Pobreza extrema por provincia en la Región de los Lagos

Provincia Pobreza (%)
Osorno 2,7
Llanquihue 3,3
Chiloé 4,2

 

            Si el análisis lo llevamos a nivel comunal, la realidad es aún más brutal (ver Tabla 3). Observando las diez comunas más pobres de la región, nos encontramos con que la mitad están en el Archipiélago, y si nos enfocamos en las cinco más pobres, constatamos que cuatro son chilotas.

 

Tabla 3
Nivel de pobreza por ingresos en las diez comunas más pobres de la Región de los Lagos

Comuna Pobreza (%)
Ancud 15,6
Maullín 16,2
Llanquihue 17,1
San Pablo 17,1
Curaco de Vélez 17,3
Fresia 18,7
Queilén 22,3
Quemchi 22,5
Quinchao 30,1
San Juan de la  Costa 38,2

 

            Ahora, el consejero nos alertó sobre la pobreza multidimensional, que es otra forma de medir la pobreza, en la que no se contemplan los ingresos disponibles, sino una serie de factores que dicen relación con la calidad de vida de las personas. Es una forma de medir la pobreza en la que virtualmente (solo virtualmente) alguien podría tener un ingreso igual a $0 y no ser pobre, si tiene sus necesidades cubiertas.

            La CASEN 2017, midió la pobreza multidimensional en cinco dimensiones: (1) educación, (2) salud, (3) trabajo y seguridad social, (4) vivienda y entorno y (5) redes y cohesión social. Donde se considera a una persona en situación de pobreza si acumula un 25% de carencias en la ponderación final de los indicadores.

            Como bien se adelantó, Chiloé también es la provincia más pobre en términos multidimensionales, es decir, sin considerar los ingresos disponibles, llegando a un 30% de pobreza.

 

Tabla 4
Pobreza multidimensional por provincia en la Región de los Lagos

Provincia Pobreza (%)
Osorno 23,8
Llanquihue 24,6
Chiloé 29,8

 

            Si repetimos la operación anterior y observamos las diez comunas más pobres, desde un punto de vista multidimensional, el resultado muestra que seis de las comunas más pobres se ubican en Chiloé y que Quinchao supera el 40%  y Puqueldón el 50% de pobreza.

 

Tabla 5
Nivel de pobreza multidimensional en las diez comunas más pobres de la Región de los Lagos

Comuna Pobreza
Maullín 32,1%
Los Muermos 33,0%
Chonchi 33,2%
Quemchi 42,9%
Quellón 43,0%
Queilén 43,2%
Calbuco 43,4%
Quinchao 43,5%
Puqueldón 50,6%
San Juan de la Costa 52,0%

 

            Hermanos insulares, chilotes y chilotas, los números son claros, no mienten. Chile se ha llevado mucho y poco nos ha dejado. La disyuntiva es clara: miseria o autonomía.