El movimiento contra el cambio climático apuesta a remover las bases del mundo contemporáneo

El cambio climático ha sido uno de los temas principales en la opinión pública mundial este 2019 y no hay duda de aquello. Las masivas manifestaciones en las plazas públicas, conferencias, cumbres y los distintos niveles de propuestas, buscan hacerse cargo del principal desafío del siglo XXI.

 

Por Felipe Cárcamo, sociólogo.


“Quiero que entren en pánico”, señalaba Greta Thunberg este 2019. La activista de 16 años se hizo popularmente conocida el 20 de agosto del 2018 porque ese viernes y todos los otros que le siguieron decidió faltar a clases ¿para qué? Para sentarse frente a la sede del Parlamento nacional, en plena Plaza de Mynttorget en Estocolmo, con un cartel de cartón que decía “Huelga escolar por el clima” para no solo hacer conciencia, sino que para que se tomasen medidas urgentes contra el cambio climático.

 

“Fridays For Future” (FFF) o “Viernes por el Mañana” ha sido la organización que ha surgido tras la manera de manifestarse de Greta, la cual cuenta con presencia en gran parte del mundo y apuesta principalmente a que los Estado-Nación declaren “Emergencia Climática” para enfrentar de manera urgente, coordinada y antes del 2030, los efectos del cambio climático.

 

Los jóvenes este 2019, por primera vez en la historia de la humanidad, se han tomado las calles y plazas públicas para manifestarse contra las medidas que los gobiernos y Estados han tomado en las últimas décadas contra los efectos del cambio climático. Así se propone una agenda audaz y arriesgada a lo que hemos venido acostumbrándonos.

 

El 2030 entonces será un año clave para que la temperatura global no aumente más de 1.5 grados Celsius, según todos los pronósticos, eso ha motivado a una nueva oleada de jóvenes que se han manifestado con ya dos marchas globales durante este 2019 y que en Chile ha movilizado a miles de jóvenes.

 

Los nuevos movimientos de jóvenes vienen a impugnar no solo lo que no se ha hecho, sino que vienen a proponer nuevas maneras de organizarnos, nuevas acciones colectivas para hacer escuchar sus demandas y propuestas y vienen a proponer un nuevo mundo.

 

La nueva manera de organizarse está fuertemente ligada a mecanismos de cambios subjetivos individuales y luego colectivos: si no somos capaces de cambiar nosotros mismos, ¿cómo podremos cambiar el mundo?

 

La manera en cómo nos vestimos, cómo nos movilizamos por las ciudades, qué comemos, cómo nos relacionamos con los otros, cómo utilizamos nuestros cuerpos, está estrechamente ligado a las nuevas organizaciones que no tienen líderes (aparentemente) únicos, estables y reconocibles, ya que buscan que cada uno de los militantes e integrantes de los espacios de coordinación, sean portavoces de las demandas. A eso, debemos agregarle que el uso intensivo de las redes sociales comerciales como Instagram, Twitter o WhatsApp, ayudan a conectarnos desde Chile, con Brasil y simultáneamente con Estocolmo, y a reconfigurar la manera de ocupar y hacer los cambios en nuestras vidas personales.

 

Ahora, la situación no solo la socializamos en las calles sino que también en las redes sociales con nuestros amigos, familias y desconocidos de Arica a Estocolmo, produciendo una sinergia única e infinita.

 

Las nuevas acciones colectivas se trasladan desde las calles hasta las historias de Instagram y desde las historias de Instagram a la televisión y a la discusión de la mesa familiar, teniendo así la oportunidad de llegar simultáneamente a muchos lados.

 

Las manifestaciones contra el cambio climático este 2019 han apostado por acciones performáticas, el uso de carteles de cartón que luego serán reciclados y por videos e imágenes que luego se harán viral y que permiten hacer presión en los medios tradicionales y en las autoridades locales, nacionales y globales para que tomen medidas sobre ellas.

 

El nuevo mundo, ya está emergiendo. Las movilizaciones siempre entregan la esperanza de vivir hoy la experiencia y la manera de cómo sería ese mundo sustentable, justo ambientalmente e igualitario y eso es lo que los jóvenes del mundo están proponiendo y socializándolo con todos.

 

La manera de movilizarse no es un capricho.  Las demandas y propuestas surgen porque las generaciones previas no hicieron lo suficiente o bien, fracasaron y ahora, le toca a lo jóvenes de hoy hacerse cargo y para eso hay que hacer ajustes y cambios sustantivos que nos permitan pensar que ese nuevo mundo será construido, porque efectivamente los jóvenes perciben que está en riesgo la civilización humana, y en consecuencia, el nuevo mundo.

 

La manera en que los jóvenes se están movilizando con mayor intensidad este año, pero sobre todo el como lo han venido haciendo distintos movimientos por años y décadas en el sur del mundo, nos permiten pensar que tenemos la posibilidad de reaccionar y tomar medidas urgentes, este año, para pensar en un futuro próspero, pero que requiere que cambiemos el estilo de vida civilizatorio actual.

 

“Quiero que entren en pánico” dice esa frase que nos ha hecho tanto sentido en esta columna. Justamente es ese pánico el que debe ser uno de los motores para empujar los cambios que se necesitan.

El desmedido 3000% de crecimiento salmonicultor en Chile

Gary Gonzáles, Economista, Fundación Terram.

Es ampliamente conocido el gran éxito económico que ha tenido la industria salmonicultora en Chile, llevando incluso a nuestro país a ser el segundo mayor productor de salmones a nivel mundial. Para que este éxito fuese tal, la industria tuvo que experimentar un aumento explosivo en la producción de peces, representando prácticamente un 3000% de crecimiento desde la década de los ’90, el cual ha traído consigo profundos cambios en términos sociales y laborales, junto con enormes impactos ambientales en los ecosistemas en donde opera.

La cartilla informativa “Antecedentes Económicos de la Industria Salmonera en Chile” elaborada por Fundación Terram, detalla cómo en 28 años la producción total de salmónidos creció en un 2.969%, pasando desde las casi 29 mil toneladas en 1990 hasta las 855 mil a finales del 2017. Lo anterior no es menor, ya que en casi 30 años la salmonicultura ha sostenido una tasa de crecimiento promedio anual de un 102% en nuestro país, lo que nos permite vislumbrar el enorme impacto ambiental que esta actividad ha tenido en los ecosistemas de la zona austral.

Como resultado de la crisis ambiental y sanitaria que la industria género en las regiones de Los Lagos y Aysén –lo que llevó a que la Ley 20.434 suspendiera la entrega de concesiones desde el 2010 en estas regiones–, han aumentado los costos de la industria para funcionar y, por lo mismo, este rubro ha debido buscar nuevos lugares para operar y seguir creciendo. Así es como hoy en día, el crecimiento de la industria salmonicultora en Chile solo depende de la expansión que esta pueda seguir teniendo a la región de Magallanes, es decir, hacia zonas más australes.

Lamentablemente, esta expansión parece mantener los mismos estándares con que ha operado en Los Lagos y Aysén, es decir, sin considerar el deterioro ambiental, los impactos sociales y la capacidad de carga de los ecosistemas en donde se desarrolla, lo que sumado a regulaciones débiles y poca capacidad de fiscalización de las instituciones públicas, podría generar escenarios complejos para los ecosistemas y para sí misma.

En paralelo al explosivo crecimiento de la salmonicultura, es preocupante que la industria se esté concentrando en pocas empresas, pudiendo afectar la competencia dentro del sector. Mientras que en 1993 el número de empresas dedicadas al cultivo de salmónidos eran alrededor de 100, actualmente estas se concentran solo en 18 firmas. De esta forma, los aumentos de costos y regulaciones para esta industria, se han traducido en intensos procesos de compras y fusiones, trayendo como resultado la disminución de los operadores del mercado y la concentración de la producción en menos participantes, siendo la venta de AquaChile a Agrosuper una de las más grandes y representativas del último tiempo.

Por todo lo anterior, desde Fundación Terram nos parece preocupante la búsqueda incesante de esta industria por incrementar su producción, lo cual se refleja en la situación que vive hoy en día la región de Magallanes con el aumento de la producción de salmones en los últimos años. Esto deja en evidencia que esta industria está lejos de buscar mejorar los estándares ambientales, centrando su preocupación en incrementar la producción, como si el 3000% logrado hasta ahora no fuese suficiente. La amenaza de que se vuelvan a repetir episodios sanitarios del pasado sigue estando vigente, más aún cuando los precios internacionales presionan para que esta actividad productiva siga creciendo, tal como los números lo reflejan.

La insularidad nuestra

La insularidad nuestra

Carlos Delgado Álvarez
Director Universidad de Los Lagos Chiloé

Nuestra insularidad tiene una relevancia analítica. Es un factor explicativo que incentiva y justifica su estudio. Por eso, asumir nuestra condición tiene como objetivo facilitar el diseño y la implementación de las políticas, también exige tener un instrumental analítico diferenciado para la cabal comprensión de la dinámica insular. Convertir el hecho insular en objeto de estudio como entidad territorial, ha sido una constante desde la geografía; la propia antropología ha encontrado en el aislamiento la explicación a determinados comportamientos culturales; la biología, por otro lado, nos ha alertado sobre las dinámicas específicas de sus ecosistemas, e incluso la ciencia política y la sociología han encontrado en esta condición una categoría de análisis.

La insularidad geográfica en un hecho característico de las islas del archipiélago de Chiloé, que se fundamenta en el aislamiento y su discontinuidad territorial, donde la magnitud de dichos factores le otorga significado. El aislamiento expresa la carencia de una relación con el entorno, lo cual deriva en ciertas dificultades de accesibilidad y que configura, a través de periodos prolongados, una serie de características de la vida social, económica, cultural y política en las islas; recrean un endemismo biológico y un arcaísmo lingüístico que suelen derivar en interés tanto científico como turístico.

También las islas de Chiloé se caracterizan por su vulnerabilidad, por su incapacidad para otorgar seguridad a su población en aquellos aspectos que definen la calidad de vida adecuada al no garantizar los suministros básicos en los asentamientos humanos. De esta misma vulnerabilidad surge el cuestionamiento a la viabilidad insular para surtir de las cantidades suficientes de energía e información dentro del ecosistema insular para sostener y emprender acciones tendientes a mejorar la calidad de vida, al verse limitadas las oportunidades para la formación cultural y la constitución de un territorio sustentable y productor de crecientes niveles de bienestar social. Es decir, la viabilidad insular se incrementa cuando existen terrenos de fácil acceso y agua suficiente para sostener actividades agrícolas convenientes, cuando los servicios de energía, agua potable, transporte, eliminación de las aguas servidas y recolección de desechos y basuras están garantizados.

Hemos asumido ser parte de un país homogéneo, nos hemos acostumbrado a pensar y desenvolvernos en un territorio no solo unitario sino también uniforme. A través de casi doscientos años no hemos tenido la fortaleza para visibilizar nuestra singularidad debido a diferentes razones, entre las cuales destaca la incapacidad de organizar y dar cuerpo a una teoría crítica de base insular que justifique nuestra condición geográfica y que derivado de ella, hayamos sido capaces de formular e impulsar políticas especiales más allá de la asistencialidad.

Definir nuestra insularidad, a estas alturas, constituye un deber que nos obligará a adaptar las políticas nacionales a las necesidades existentes y con claras implicancias en la dimensión político-institucional de la gestión pública especialmente, lo cual, innegablemente, llevará a considerar nuestro territorio insular como una región natural que cuenta con una problemática específica y cuyo estudio adquiere relevancia espacial. En este sentido, la Universidad de Los Lagos abordará desde la investigación y desde la observación de las políticas públicas, el conocimiento que nos permitirá tomar mejores decisiones para que el bienestar social al que aspiramos sea coherente con los desafíos tecnológicos y responda con autoridad tanto a las dinámicas planificadoras como a las fuerzas del mercado.

Carlos Delgado Álvarez
Director Universidad de Los Lagos Chiloé

Defender la manada

 

Rodrigo Ruiz Encina, Antropólogo, Convergencia social 

Chile asiste, desde marzo de 2018, a una nueva ola de profundización neoliberal que en sudeterminación, si bien no aún en los hechos, opaca todo lo realizado por los gobiernos de la Concertación. El oficialismo derechista nos instala ante un neoliberalismo doctrinario,descarnado, aferrado a sus fuentes, que por esa misma razón no se molesta en prestar mayor atención a las veleidades de la (falta de) legitimidad y la opinión de la ciudadanía.

Un dogmatismo que les permite presentar sus reformas como la mejor opción para el país, cuando el país le prodiga una aprobación al presidente que no alcanza el 30%.

La acción del gobierno de Piñera puede caracterizarse como antieducativa. No está en contra de toda pedagogía, es decir, de toda formación social de individuos, pero si lo está respecto de la educación, si la pensamos como aquella práctica social que busca el amplio desarrollo de la capacidad afectiva, moral e intelectual de las personas en colectivo.

¿Habrá algo detrás de la aparente vacuidad antieducativa del gobierno?

Por cierto. Asistimos al desmontaje de un sistema educativo propio de otro periodo de la historia de eso que Marx llamaba la “sociedad burguesa moderna”. Un sistema educativo que aspiraba a formar individuos con conocimientos generales y capacidad de pensar, y valores sociales propios de una sociedad con crecientes niveles de colectivización, pero integrada, ciertamente, bajo el sentido de la patria (y sus padres, no sus madres), de la decencia (burguesa, patriarcal y oligárquica), de las buenas costumbres (católicas apostólicas y romanas, occidentales, masculinas y blancas), la razón (adulta, vertical), el orden (la autoridad y los uniformes) y un largo etcétera; pero una educación, también, que en su vocación pública contenía, por cierto, el fruto de luchas populares por la justicia social y por el acceso a un conocimiento humano que por largo tiempo había estado disponible solo para los sectores dominantes. La escuela pública, el liceo público, la universidad pública, fueron en una medida muy relevante la encarnación popular de aquella construcción, la materialización de una democracia que se atrevía a buscar las orillas de la justicia, el fruto de una comunidad que por varias décadas
del siglo XX presionó desde abajo por la modelación del Estado.

En su realidad contradictoria, la educación pública expresa, aun, todo eso. Y es por ello, precisamente, que la necesidad del orden neoliberal de producir un nuevo homo œconomicus, no puede sino conducirlo al desmontaje de aquella monumental construcción histórica. Desmontaje que se opera, principalmente, bajo la idea de la
imposibilidad del conocimiento de los fenómenos sociales, y la opción prioritaria por la aceptación obediente de las normas. La “invencible ignorancia” a que se refería Hayek, surge, como casi cualquier otro concepto neoliberal, de la atención restringida a los fenómenos económicos, que se piensan como un espacio de actuación de individualidades cuyo comportamiento resulta imposible de conocer en su totalidad. El mercado deviene un reino en última instancia incognoscible, sobre el que solo podemos intentar decodificar
algunas señales, cuyo ejemplo más nítido, previsiblemente, son los precios.

Ese es el reino de la “irremediable ignorancia”, donde se fundamenta una idea de consecuencias aún más preocupantes: “la justicia sólo es posible sobre la base de esta necesaria limitación de nuestro conocimiento factual.” (Hayek. Derecho, legislación y libertad) ¿Quién quiere entonces educación pública en la infinita desolación del mercado? ¿Quién necesita educación pública en la selva de las habilidades blandas? El nuevo homúnculo neoliberal, el famoso capital humano, guía y destino de prácticamente todo diseño educacional en nuestro país, medida de calidad en cualquier forma de acreditación, verdad a estas alturas indesmentible que puebla el vocabulario de la izquierda y de más de un liderazgo contestatario con tanta soltura como el invento astuto del emprendimiento, monomanía de la época, símbolo del nuevo héroe neoliberal que se empina orgulloso y pujante sobre las cenizas de la vieja sociedad, con su extinta vida de barrio y su desvencijada educación pública.

Entonces pedagogía sí, las pedagogías del pulcro y ordenado emprendimiento, la transformación de cada persona en una unidad-empresa, elentrenamiento de la competitividad, la resistencia, la superación de los fracasos, el management de uno mismo, la disposición porfiada al re-emprendimiento (porque las empresas chicas, bueno, las empresas pequeñas por alguna razón en la que conviene no pensar mucho, tienden a quebrar más frecuentemente). En fin, es más importante aprender a calcular el VAN y el TIR que estudiar historia.

Es la destrucción de la educación pública, entonces, en un proceso cuyo complemento es la instalación de las nuevas formas de producción de las individualidades con su educación privada y privatizada, y su capacidad para empresarizar prácticamente cualquier cosa que resulte relevante.

En este escenario, defender la educación pública no remite tanto al retorno a las viejas formas estatales del Chile del siglo XX, como a la construcción de nuevos horizontes de organización y aprendizaje de la vida común, que han de partir, no queda otra, de la resistencia a la desertificación neoliberal. La defensa de la educación pública es así nuestra defensa de la posibilidad de imaginar, de pensar colectivamente, de mirarnos y reconocernos
semejantes, de reunirnos en los mismos patios y salir en indócil manada a conquistar sin permiso las calles.

La construcción de nuestra identidad universitaria

La construcción de nuestra identidad universitaria

Carlos Delgado Álvarez

Director Universidad de Los Lagos – Chiloé

Tradicionalmente en Chile la universidad se ha pensado así misma como de carácter nacional, ha respondido a la exigencia de formación, consolidación, expansión y desarrollo del Estado-nación. Solo con el devenir del siglo XXI ha surgido el carácter crítico y reclamo de autonomía en la discusión sobre los alcances de la descentralización territorial. Sin embargo, tal vez lo más significativo de estos tiempos ha sido el surgimiento de una identidad territorial que no solo sobrepasa las estructuras, sino también al propio poder político estatal, adquiriendo en no pocos casos, una identidad institucional de mayor fortaleza con el territorio con el que se vincula, manteniéndose una permanente tensión entre las pretensiones de control, por un lado, y las de autonomía, por el otro. Expresadas las primeras en las políticas de financiamiento y regulación, y las segundas en la acentuación de su carácter ciudadano.

En un mundo que no termina de configurarse luego del declive de la sociedad industrial en los términos como la hemos conocido, fundada en la centralidad de los factores productivos tradicionales desde una mirada del desarrollo económico, en el tránsito hacia lo que se ha denominado como la sociedad del conocimiento, surgen las voces que demandan sistemas de decisiones más descentralizados y en los cuales las universidades adquieren un rol más cercano, involucradas en dichos procesos y conocedoras de sus territorios, pero también demandantes de una nueva generación de políticas públicas, con mecanismos de financiamiento sensibles a los propósitos y a la diversidad regional. En este sentido, los gobiernos regionales pueden contribuir a la constitución de universidades fuertes en sus territorios a través de políticas de financiamiento concertadas que fortalezcan la creación de capacidades y desarrollo de talentos; la definición de objetivos para la inversión en investigación aplicada y para la creación artística; y para el mejoramiento de las competencias de los trabajadores y directivos a través del apoyo a la formulación de programas de formación de capital humano calificado. La universidad puede contribuir al desarrollo integral y equilibrado en el territorio regional.

Ello redundará en gobiernos más competentes, pertinentes y sensibles a las necesidades de la población regional y por ende, a incrementar las capacidades de gobernanza territorial, de representación ciudadana, al mejoramiento del bienestar social, de la convivencia democrática, del desarrollo productivo y del funcionamiento de las instituciones. Esta necesaria vinculación no puede ser solo un recurso discursivo, sino que debe manifestarse en el reconocimiento de que es en la comunidad regional donde reside la búsqueda del bienestar.

Nuestro territorio insular representa una realidad geográfica, poblacional, cultural y de recursos que le otorgan una particularidad tanto nacional como regional, por lo que la comunidad universitaria tendrá que ver esto como una oportunidad para pensarse a sí misma, definir una estrategia de vinculación territorial junto a una diversidad de propósitos acordes a las necesidades locales, única manera de tener un impacto positivo sobre el desarrollo local, que se exprese en una mayor diversificación de la matriz productiva y desplazar la actual economía extractiva de bajo valor agregado. Desde Chiloé, debemos contribuir a que la Universidad de Los Lagos sea globalmente competitiva y a la vez, velar por un cada vez mayor compromiso local, que es dónde encontrará su significado y por lo tanto su identidad.