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OPINIÓN | Julio Iglesias,  Vicepresidente Regional del Colegio de Profesores

En el acto de conmemoración del 11 de septiembre este año, tuve la sensación de que la unidad es una palabra vacía. Hablaron de unidad con sólo dos banderas. Quieren unidad sólo cuando imponen sus términos y en función de los votos. Un mea culpa que no alcanza a resarcir la negligencia de años de gobierno para los poderosos, hipotecando las posibilidades de cambio, haciendo todo en la medida de lo posible (fieles a su renuncia explícita a la Internacional en 1989).

 

Hablaron de Unidad con dos banderas… Me faltaron las roja y negra, las verde oliva, las rojas del fusil, las blancas de la Convergencia, las de los pueblos originarios, las de los movimientos sociales, las banderas de los profesores, de la CUT, de la Anef, de la diversidad sexual, etc.

 

Hoy día convocar es distinto a participar e invitar. Una cosa es organizar, otra muy distinta es hacer real unidad. Lamentable que la unidad siga siendo para la izquierda tradicional, una dualidad, y no una puerta abierta a construir un nuevo proyecto.

 

La izquierda, o un proyecto que se precie de tal, no debe estar forjado en una verticalidad en función de la historia, los votos o los pactos eventuales.

 

La Unidad, la real y necesaria unidad, requiere de una generosidad mayor. De la horizontalidad y la cooperación y entrega por un proyecto convocante que se recoja desde los movimientos sociales, desde los territorios, desde la gente que quizás no tiene una ideología arraigada o una militancia determinada. Porque parafraseando al gran Galeano: “de tanto hablar del pueblo, nos podemos quedar sin el pueblo”.

 

Para construir la Unidad, no se construye sobre la base de sólo dos banderas. Si queremos comenzar a andar, vamos a hacerlo como dice Silvio Rodríguez: 

… “vamos a andar

matando el egoísmo

para que por lo mismo

reviva la amistad.

Vamos a andar

hundiendo al poderoso

alzando al perezoso

sumando a los demás

vamos andar

con todas las banderas

trenzadas de manera

que no haya soledad”.

Si queremos ser real alternativa a los populismos fascistoides que se enseñorean hoy en nuestros territorios americanistas, partamos por ser generosos entre nosotros, los que seguimos sosteniendo que el sueño de Allende sigue vigente.