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La industria salmonera llega a los mares de Chiloé en plena dictadura militar con el proceso de instalación del modelo neoliberal y con total apoyo del Estado en un momento en que no existía norma ambiental. Los mares de Chiloé cumplían una característica clave: estaban limpios. Tras décadas de trabajo intensivo, hoy se evidencian las múltiples consecuencias que sufrimos por las bajas exigencias de responsabilidad ambiental que se les impone a la industria, sin profundizar en las dramáticas consecuencias económicas, sociales y culturales, ya que son miles de familias que abandonaron y han transformado radicalmente sus formas de vida tradicionales propias de este territorio, como son el trabajo del campo y una línea de trasmisión de conocimientos campesinos de generación en generación quebrada por la ilusión de un trabajo asalariado y con ello una promesa de mejora en la calidad de vida e incluso arriesgando la vida, pues comenzamos el año con un buzo muerto mientras trabajaba en un centro de cultivo.


 

Una de las consecuencias que hasta ahora estaba bajo la alfombra, es la disposición de residuos industriales y domiciliarios, que durante décadas en han depositado en tierra chilota, y que no solo provienen de las plantas que operan en el archipiélago sino que también recibimos residuos provenientes de otras provincias en donde se desarrolla la industria. Es difícil ser optimista frente al problema de la basura en Chiloé, pues la cantidad de residuos que genera la industria salmonera supera con creces la generada por los hogares chilotes, han sido décadas de acumulación en diferentes puntos de Chiloé; Dicham, Mocopulli, Huicha, Punahuel, han sido emblemáticos durante el 2019, se han movilizado contra el abuso, logrando detener y cerrar vertederos que se encontraban en ilegalidad durante años.

 

Algo olía mal pero no estaba claro que era, hasta que la crisis explota en abril del año pasado con el cierre definitivo del vertedero Municipal de Huicha en Ancud, trasladando el problema por diferentes comunas de Chiloé, el problema golpea directamente la capacidad de gestión y conducción política de alcaldes, Gobernador, seremis e Intendente, incapacidad política, viejas recetas, falta de recursos se evidencian ante un problema que se podía predecir. Hoy queda la solución sujeta al pequeño interés social del actual gobierno y compartida por toda su línea de mando, hasta llegar a los municipios que se han subordinado a al Gobierno Regional en desmedro del interés de las comunidades. Estos han repetido las mismas recetas durante 30 años, obligando a las comunidades locales a aceptar la instalación de un relleno sanitario en su entorno, con soluciones abiertamente deficientes y peligrosas para la salud de las personas. Recuerde el vertimiento de salmones podridos al mar, sus consecuencias e impunidad, esa es la receta de la oscura legislación medioambiental que ha sido creada cuidando el beneficio privado por sobre los intereses públicos. 

 

El cierre del 2019 dejó un sabor amargo, mientras al fin se lograba concretar el cierre del vertedero ACONSER en el sector de Mocopulli, sector donde operaron 4 vertederos industriales más el residencial de la comuna de Castro, con lo que concluyó el capítulo de la comuna de Dalcahue; se extendió la Alerta Sanitaria para Chiloé hasta el 30 de junio, lo que genera grandes dudas sobre el destino de los residuos domiciliarios de Ancud y deja en claro que la crisis que vive el archipiélago está lejos de terminar ya que, por estos días el problema se traslada a Puntra-El Roble, en la Comuna de Ancud en un sector cercano al recientemente declarado Santuario de la Naturaleza de Chepu, y a Quellón, en donde el gobierno regional intentó destinar los desechos domiciliarios en el vertedero municipal de forma transitoria, utilizando las facultades especiales que le otorga extensión de la Alerta Sanitaria. El proyecto “transitorio” como lo describe el municipio ancuditano, ha chocado con el rechazo de vecinas y vecinos del sector, transformándose en una clara expresión del sentir de Chiloé sobre las “soluciones” que ha dado el gobierno regional a la crisis, que más bien han transportado el problema de una comuna a otra sin entregar soluciones concretas y agravando las condiciones en todo el territorio chilote.

 

En la actualidad, nos encontramos en un escenario crítico del funcionamiento de los lugares de disposición, se han cumplido 14 años desde que el Ministerio de Salud aprobará el Reglamento sobre Condiciones Sanitarias y de Seguridad Básicas en los Rellenos Sanitarios con lo cual se daba por “superada” la política ambiental del vertedero en Chile y comenzaban a aparecer los Rellenos Sanitarios, en Chiloé sin embargo, tras más de una década no se ha cambiado nada, siguen los mismos vertederos en ilegalidad, mientras la clase política chilota continua mostrando una enorme incapacidad, desinterés, desconocimiento y ahora parecen asombrados ante la evidencia de que todos los lugares en los que por décadas se ha depositado la basura industrial están críticamente expuestos como agentes contaminantes por distintos factores, cercanías a fuentes o cursos de agua, infiltración a napas subterráneas de lixiviados que escurren, presencia de metales pesados, coliformes fecales, etc.

 

En definitiva, la responsabilidad está en enfrentar el diseño y proyección de soluciones de un problema diario en los hogares no solo de Ancud, sino del archipiélago, cuestión que no se agota en un año, ni en cinco, menos por la instalación de un relleno sanitario provincial. Frente a la incapacidad de quienes han administrado Chiloé durante los últimos 30 años, el desafío de las comunidades, de quienes habitan el archipiélago es encontrar soluciones a escala territorial, pero con una mirada integral del archipiélago, en donde asumir la insularidad se transforma en un elemento central para encontrar salidas.

 

Es urgente reconocer que la problemática de la generación exponencial de residuos es un problema estructural, sistémico y que las soluciones tienen que estar a la altura del desafío, para tener impactos positivos en el tratamiento adecuado de los residuos para el resguardo de la salud de las comunidades aledañas, como del ecosistema completo y cada uno de los organismos vivos que lo componen. Chiloé es único y reconocido por su compleja biodiversidad y requiere de un diseño de gestión único, que lo comprenda en todas sus dimensiones, para esto es imprescindible que se miren ejemplos que se desarrollan en otras latitudes, como la Isla de Pascua, la comuna de Campos Deportivos en La Araucanía, La Pintana en Santiago, Futaleufú; o más aún en ciudades de gran población como San Francisco en EEUU, en donde la estrategia Basura Cero a significado una reducción en promedio del 50% de los residuos sólidos domiciliarios. Un relleno sanitario o un vertedero en Chiloé no es una opción responsable en un momento de alerta sanitaria en la provincia porque compromete la calidad de vida de las comunidades rurales y las futuras generaciones que vivirán las consecuencias de las malas decisiones que se tomen hoy, ya el equilibrio natural del medio ambiente se ha visto fuertemente afectado por decisiones tomadas hace 3 décadas y vemos sus resultados con las grave crisis sanitaria y ambiental, nos es tiempo de viejas recetas para problemas nuevos.

 

¿Hacia dónde camina Chiloé? ¿seguirá siendo el campo de explotación de los gigantes industriales y su basural? ¿estaremos en 15 años nuevamente hablando lo mismo tras la instalación de un relleno sanitario? Si su cultura es valorada por su patrimonio inmaterial y para la ciencia y el turismo tiene un altísimo valor por sus condiciones naturales ¿resistirá? 

 

Cualquier solución que intente construir un Chiloé más justo para su gente, su entorno y las generaciones que vendrán, debe pasar por la participación activa de quienes viven en Chiloé, tomando decisiones sobre las soluciones a la crisis actual pero con una mirada de futuro, la forma más razonable para transitar hacia un modelo distinto de gestión de residuos debe considerar a las comunidades, su ecosistema y las generaciones que vendrán. Esto también implica mirar el modelo bajo el cual se produce el problema sanitario y ambiental, ya que preocuparse por lo residuos no solo significa revisar la legislación si no también el desarrollo y las consecuencias de la industria salmonera. Hoy la vieja política transicional es parte del problema y no la solución a la crisis que vive Chiloé, así lo demuestran 9 meses de Alerta Sanitaria que parecen extenderse por varios meses más, producto de que quienes han administrado el poder político local, no han sido capaces de encontrar una salida a la crisis, en contraste con las movilizaciones históricas que también vivió Chiloé desde octubre, las que han dejado claro que las soluciones no pueden depender de quienes las han generado, cada golpe que ha dado la comunidad organizada rechazando la instalación de un vertedero o relleno sanitario durante el 2019 expone que son ellas y ellos quienes son capaces de comprender el problema de los residuos y su importancia para el futuro del archipiélago.