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Sr. Director:

                   En mi calidad de ex Secretario General por largos 16 años de la Cámara de Comercio e Industrias de Castro, A.G., de ex Presidente de la Junta de Vecinos N° 35 de nuestra comuna, (la más importante considerado el hecho de que es la que encierra en su seno todas las instituciones que se encuentran en la Meseta Histórica de ella), y como ex Concejal de Castro, capital de la provincia de Chiloé, me permito exponer mi opinión, relacionada con  la importante decisión que los actuales concejales deben tomar en los próximos días, respecto a la intención de modificar la altura de las construcciones que se sitúen en el ámbito de la citada meseta fundacional y dejar al libre arbitrio de las empresas inmobiliarias la posibilidad de levantar edificaciones entre  17 y 21 metros de altura en las áreas aledañas a la citada meseta fundacional.

                   Mi opinión, basada en innumerables conversaciones con vecinos que han residido largamente en el sector céntrico de Castro, y considerando que ellos no han sido escuchados debidamente por las autoridades edilicias toda vez que la Junta de Vecinos N° 35, que es la directamente afectada,  ha permanecido sin directiva legal durante el último año, (aunque estén, ahora, realizando esfuerzos para re-organizarse),  es que  los Sres. Concejales no pueden tomar sobre sus hombros la nefasta tarea de allanarle el camino a los empresarios en el sentido de debilitar la ordenanza legal que establece un techo máximo a las construcciones que se levanten en el sector céntrico, olvidándose del resguardo del bien común de los numerosos vecinos que han residido toda su vida en dicho sector y que, por carecer de recursos, se han visto obligados –muchas veces- a vender sus propiedades, ante la avasalladora presión de quienes desean transformar comercialmente dichos espacios, dañando gravemente no solo la tranquilidad de una ciudad en la que la vida barrial y provinciana era vista con un valor agregado a  nuestra cultura, ajena a los molestos ruidos que nos ha impuesto el supuesto desarrollo, a la falta de luz solar cuando más lo necesitamos por el duro clima que nos toca diariamente vivir, a la congestión de las calles y la dificultad de transitar por ellas a quienes han alcanzado una loable tercera edad, a la necesidad de cambiar sus hábitos de vida al obligarlos a apagar las cocinas a leña por la revocación del humo de sus estufas, humo que no pueden disiparse  en las nubes por los numerosos muros que han comenzado a rodear sus viviendas, último rastro de una cultura en el que la “cocina”  ha sido el elemento principal de nuestra subsistencia y espacio de trasmisión del saber, lo que ha permitido a numerosos empresarios utilizar  dicho elemento constitutivo de nuestro carácter y nuestra forma de situarnos en el mundo para obtener ganancias, a costa de vaciar de contenido nuestra realidad, que no mejorarán los edificios en altura que se puedan construir, así como no mejoró nuestra realidad de aislamiento y atraso el famoso “Mall” que con tanta liviandad fue impuesto, por la vía de los hechos consumados, por la anterior administración municipal.

                   Algunos destacados empresarios chilotes han expresado su admiración por países como Estados Unidos o Panamá, donde el dinero fácil surgido de empresas fantasmas creadas por políticos y comerciantes deshonestos de todo el mundo o por el tráfico de drogas, ha permitido la explosión en las inversiones. Olvidan dichos empresarios, o se niegan a ver el hecho de que  Panamá, ejemplo preclaro del “desarrollo” que desean para nosotros, conlleva en su interior un 40 % de pobreza, que se da esencialmente entre los pueblos nativos que habitan la zona selvática de dicho país tropical y entre los trabajadores a los que se les impide organizarse para defender sus derechos, pues se aplica allí el modelo que los norteamericanos usan en los países tercermundistas donde ponen el pié.

                   Los chilotes comunes y corrientes necesitan ser escuchados y que se tomen en cuenta sus opiniones. Los ciudadanos exigen que este país y en particular, nuestra comunidad participe en igualdad de condiciones del mejoramiento de nuestra calidad de vida. No quieren que se les obligue a vender la propiedad que –o- adquirieron con mucho esfuerzo o heredaron de sus padres y abuelos, pues constituyen parte de su historia viva. Los edificios en altura, sin paseos públicos adecuados, sin espacio para caminar o sentarse a ver jugar a los nietos, sin parques y calles seguras para seguir visitando a los vecinos, sin la posibilidad de sentarse ante un ventanal para ver ponerse al sol no fue nunca parte de nuestros sueños.

                   Creo que es lo menos que podemos permitirles.

                                                                  MARIO CONTRERAS VEGA

                                                                  Ex CONCEJAL DE LA COMUNA

Castro, Julio de 2019.