Compartir :


Una serie de denuncias en distintas ciudades de la región han aparecido en los medios, mientras vecinas y vecinos miran con asombro la existencia de concesiones mineras bajo las ciudades, se instalan públicamente las alarmas ciudadanas en Puerto Montt, Ancud y Maullín, alarmas que han abierto dudas sobre lo que significan estas concesiones mineras, y que se juega realmente detrás de este hecho.

 

Para comprender lo ocurrido debemos dar cuenta que las concesiones mineras fueron diseñadas lógicamente como un instrumento para el sector minero, parte del engranaje necesario para la supremacía del código minero sobre otros regímenes, y que ha permitido la explotación de bienes naturales como el cobre o el litio por parte del sector privado.

 

Actualmente se ha transformado también en una herramienta para el sector inmobiliario y el sector financiero, quienes han encontrado nuevas posibilidades de negocio, ya sea por la transformación de estos derechos en capital financiero o como especulación inmobiliaria.

¿Cómo llegamos a esto?

 

Este fenómeno que vemos con asombro en la región, es una consecuencia de unos de los pilares del modelo neoliberal instalado por la dictadura cívico-militar, el código minero entra en vigencia en 1983 y permite la separación del suelo del subsuelo, además permite la apropiación del subsuelo por parte del sector privado (esto como parte de un avance en el proceso de privatización y mercantilización de bienes públicos), desde ese momento la tierra bajo el suelo que pisamos pasa a ser también un bien privado, se transforma en una mercancía. El instrumento para hacer esto posible son las concesiones mineras, que son un derecho de propiedad sobre el subsuelo, este instrumento buscaba asegurar la propiedad de la inversión minera y tiene dos clasificaciones según el código minero, de exploración y de explotación.

 

De forma paralela a la implementación del Código minero, se da inicio a la liberalización y profundización del sistema financiero, su desarrollo es fundamental para el nuevo orden económico y social, estos serán algunos pasos que permitirán en la década de los 90 la consolidación del neoliberalismo en Chile, en términos generales el avance del capital financiero ha significado también el avance de mayor acumulación y concentración de las riqueza en Chile y en el mundo, tres décadas después de la puesta en marcha del proyecto neoliberal el mundo se ha transformado en un enorme mercado global, mercado en donde giran millones de mercancías que son transadas todos los días en las bolsas de valores, entre esas mercancías están los derechos de propiedad sobre el subsuelo, las concesiones mineras de exploración o explotación son activos financieros de grandes grupos económicos. 

 

Ahora bien el fenómeno de las concesiones mineras en las ciudades de la región, no está relacionado con la minería sino con el sector inmobiliario, ya sea como apropiación de las inmobiliarias para resguardar su inversión o como la de otro actor que busca detener o extorsionar a las inmobiliarias.

La adquisición de una concesión minera se constituye como una apropiación del subsuelo de miles de personas que viven en las ciudades y que en general no sabe que debajo de lo que están pisando existe un dueño, algo que hace solo 30 años era impensado hoy nos parece anecdótico, la impronta de un grupo muy reducido de chilenos que lucran con la tierra bajo nuestros pies no es cuestionado como algo anormal, como algo que para la mayoría carece de lógica.

 

Es cierto que este hecho puntual, no lo es tanto, existen cientos de concesiones mineras en la región asociadas a empresas mineras, eléctricas, inmobiliarias, forestales, como se ve es algo bastante extendido, pero no se trata solo del hecho en sí, de la concesión y el avance de algún proyecto concreto, se trata también de un cierto sentido común que acepta que todo puede ser una mercancía.

 

Cambiemos la lógica

 

Se ha cristalizado un sentido común, una lógica de mirar el mundo como una mercancía, que ve en todo una oportunidad para ganar dinero sin importar los impactos que produzca, no importa la incertidumbre sobre la vida de las personas, que se suman a la larga lista de dudas; las pensiones, la educación, la salud, pocas posibilidades de vivir una vida digna. Lo cierto es que para un grupo minoritario de personas, una nueva posibilidad de negocio es siempre bienvenida, es siempre una nueva posibilidad de ampliar sus riquezas.

 

La otra cara del neoliberalismo se instala como discusión pública en la región, nos expone que hasta lo que está bajo la tierra que pisamos es una mercancía y que unos pocos pueden hacer con ella un negocio lucrativo. 

 

Sin embargo, la esperanza de que esto esto puede ser diferente, que no necesitamos que el lucro se imponga por sobre nuestra vidas está en esas pequeñas rupturas; un rechazo, un malestar, una intuición que las cosas no están bien, que no es razonable que alguien haga negocios con ciertas cosas y que se adueñe de todo , una señal que es otra cosa lo que queremos, que no necesitamos que alguien sea dueño del subsuelo y pueda con ello hacer negocios a costa nuestra.