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El protagonismo de las y los estudiantes secundarios ha sido indiscutible desde el estallido social que inició en Santiago hace más de 15 días, estallido que rápidamente se extendió a regiones, remeciendo a Chiloé desde el sábado 19 de octubre, son las y los estudiantes quienes han generando las acciones más visibles, significativas y efectivas de esta movilización.


Por Marcela Garrido

En el archipiélago es probablemente en Quellón donde se ha demostrado más claramente la acertividad de las movilizaciones, desde el primer día estudiantes han organizado las marchas y han remecido las propias estructuras del adultocentrismo, desde la espontaneidad y creatividad, siempre corriendo el cerco de lo permitido y poniendo en tensión al Gobierno comunal y regional.

 

Con gran claridad, fueron ellos quienes iniciaron las tomas de caminos con el fin de paralizar el proceso productivo de la industria salmonera, identificando que, dada la relación incestuosa entre el poder político y los grupos económicos de nuestro país, la presión ejercida a las empresas salmoneras podría conllevar a que el gobierno diera una respuesta satisfactoria a las demandas sociales levantadas desde la calle.

 

Lo que vino después de que a los estudiantes se le sumará la ciudadanía movilizada entre ellos las familias pescadoras, fue una demostración del poder y herramientas con las que cuentan los poderosos para defender sus intereses. En primera instancia, acudieron al lugar Seremis que escasamente habían visitado Quellón, entre ellos la Seremi de Educación, el Seremi del Trabajo y de Economía, quienes sin ninguna facultad política de negociación fueron incapaces de entregar una solución.

 

Con el paso de los días y ante un gobierno que se ha negado a buscar soluciones en un marco de diálogo con la ciudadanía, las empresas agrupadas en Salmonchile desplegaron toda su estrategia orientada a desmovilizar, dividiendo y fragmentando a una ciudad que había logrado construir espacios para el diálogo entre diferentes sectores de la ciudadanía y tenía a su favor la gran masividad de las marchas. Primero, pusieron a trabajar a aquellas y aquellos dirigentes sindicales coptados por las empresas salmoneras, quienes iniciaron una campaña del terror que básicamente consistió en transmitir a las y los trabajadores que de continuar el paro habrían alrededor de 5 mil despidos, lo que, tras el fin de semana largo y la llegada del mes de noviembre se comenzó a hacer realidad con la segunda herramienta más fuerte, los medios de comunicación, quienes con gran fuerza difundieron entre el día lunes y martes que ya habían más de 500 despidos, todos y todas en Quellón sabían que correspondía al término de los contratos por faena que son renovados mes a mes o en algunos casos cada 3 meses, sin embargo, dirigentes y medios de comunicación nacionales y locales mostraban como una consecuencia de la paralización.

 

Así, la industria a través, del gobierno, dirigentes y medios de comunicación, lograron organizar a un grupo de trabajadores y trabajadoras que, ante el riesgo de despido, comenzaron a amenazar a los estudiantes y la comunidad movilizada con hacer uso de la fuerza propia para bajar la toma de carretera. La amenaza de despido y de descuentos, es lejos lo que generó más miedo, en una comuna alejada de la represión, la tortura y el asesinato vivido en estos días en otras ciudades, es el miedo a no poder pagar las tarjetas de créditos y que suban los intereses, el miedo a no poder pagar el arriendo (Habrá que recordar que Quellón tiene una gran cantidad de población flotante producto de la demanda laboral que representan las salmoneras y que presenta un déficit habitacional de más de mil viviendas), el miedo a no contar con los 430 mil pesos (330 sueldo + 100 de bono de producción) que desembolsa la industria por cada trabajador contratado por faena.

 

En ese contexto, y ante una negociación con una clara inequidad de información y recursos, las y los estudiantes acompañados por miembros de la coordinadora social deciden deponer el corte de ruta, mientras un sector de la comunidad movilizada no acepta los acuerdos tomados manteniendo la media de presión, lo que trajo consigo el uso de la fuerza policial, como guinda de la torta.

 

Lo vivido durante estos tensos días, mostró que aún falta solidaridad, el individualismo imperante, la falta de capacidad organizativa y la escasa formación cívica para enfrentar un problema fundamentalmente político. Así como también ha quedado demostrado que los partidos políticos tradicionales, aquellos que durante años se han sentado en el segundo piso de la moneda para dar forma al actual sistema de pensiones, educacional, de salud, de transporte, etc. y que se han acomodado en los municipios con prácticas clientelares, no están dispuestos a abrir los espacios para que sea el conjunto de la sociedad la protagonista de las transformaciones.

 

En contraste, este también es el inicio de un proceso más largo que debemos caminar como ciudadanas y ciudadanos chilenos, uno en donde va emergiendo un Chile más crítico y consciente de la realidad, que va comprendiendo la raíz de los problemas y la necesidad de organizarse para dar salida a las demandas generales y particulares, que va comprendiendo que las respuestas no vendrán desde esa clase política que ha gobernado este país los últimos 30 años.

 

Lo vivido durante estos días en Quellón nos muestra que el Gobierno es capaz de movilizarse, para proteger los interés de los grandes grupos económico y en el caso de Chiloé estos son lo de la industria salmonera, lo que nos deja como lección qué pero no es posible enfrentar una fuerza como la de la industria sólo desde una comuna sino que requiere de una unidad y articulación territorial mayor. En ese sentido las movilizaciones en Chiloé pueden aportar al movimiento nacional fijando bien contra quién nos estamos movilizando, abriendo canales de diálogo y discusión en el territorio insular chilote que permitan generar acciones cada vez más certeras. 

 

La construcción de una opción de salida al actual modelo de organización político económica, necesita de una articulación más eficaz del activo social que se ha enfrentado al Puente del Canal de Chacao, al Parque Eólico Chiloé, a los vertederos, que ha defendido el bosque, las turberas, los humedales y el agua, ahí radica la fuerza político-social capaz de realizar un cambio profundo desde Chiloé.