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Los días 20 y 21 de febrero, el Centro Cultural de Castro dará instancia al “Encuentro de Literatura Joven de Chiloé”, en la actividad se presentará el trabajo de escritoras y escritores jóvenes de las comunas de Chonchi, Castro y Ancud, y además se lanzará la «Revista Chilwe» parte de la misma iniciativa, revista que recopila el trabajo de las y los escritores con críticas de sus pares.


La iniciativa impulsada por un grupo de escritores y escritoras jóvenes durante los meses del verano, ha generado un espacio en donde confluyen estos autores del archipiélago con la idea de difundir su trabajo y generar un espacio de encuentro y reflexión.

Durante la jornada se difundirá la revista “CHILWE”, impresa bajo el sello Folil Librxs, ideada como un dispositivo de registro y difusión tanto de las obras como de la reflexión crítica que dará lugar el encuentro.

La Revista Chilwe es una recopilación de trabajos de jovenes escritores y poetas, de entre 18 y 39 años, del archipiélago de Chiloé. En la revista se presentan sus obras, además de críticas a los trabajos por sus pares.

Como anticipo a la Revista, compartimos la Editorial, en la cual se explica las motivaciones que impulsaron el encuentro, la naturaleza y orientación de la misma.

Editorial

La presente revista Chilwe (del mapuzungun lugar de pájaros) recopiló el trabajo de escritores y escritoras jóvenes de la isla en el marco del “Encuentro de Literatura Joven de Chiloé”. La dirección que tomó el encuentro fue la de instar al análisis crítico entre todos los y las autoras participantes, de modo tal, que quien lea la revista podrá no sólo conocer el trabajo actual de jóvenes escritores de Chiloé, sino que a su vez, introducirse en él por medio de un análisis realizado por otro autor o autora actual del archipiélago.

Esta retroalimentación crítica nació de un principio: es escaso el correlato crítico sobre la Literatura que se produce en Chile, más aún en Chiloé.

Los motivos de esta ausencia reflexiva son variados y de distinta naturaleza, mas, saltan a la vista prontamente algunos de forma determinante:

1- La producción reflexiva que se genera en las universidades del país escasamente traspasan los límites de su claustro.

Desde la revolución industrial las lógicas productivas de los estados burgueses han sido positivistas. Por consecuencia, el modelo de conocimiento imperante y mejor validado de occidente ha sido aquel que no deja lugar a interpretaciones ni subjetividades; aquel que comprueba con hechos concretos y cuantificables los postulados de una hipótesis. La traslación de este modelo a todo campo de estudio y desarrollo humano han constituido los actuales estados tecnócratas.

El prototipo de artículo académico denominado paper -inexcluyente para cualquier investigación universitaria- devino justamente desde esta lógica de pensamiento, y con el paso del tiempo ha condicionado integralmente a la academia en su conjunto.

Un ejemplo:

Hacia principios de los años cuarenta, el poeta del grupo Mandrágora Enrique Gómez Correa egresó de sus estudios de leyes en la Universidad de Chile con una investigación titulada “Sociología de la Locura”, en la cual, profundamente influenciado por el psicoanálisis, dio forma a un elaborado sistema comparativo entre las enfermedades mentales y su relación con diversas actividades humanas. Su trabajo fue calificado por dos profesores de leyes en dicha casa de estudios, y recibió, por uno de ellos la nota 1, y, por el otro la nota 7. Promedió por lo tanto un 4, y obtuvo su título de abogado.

Subjetividad semejante en los criterios de evaluación de una tesis hoy por hoy no existe. No hay lugar a tal margen de plasticidad en los criterios puesto que el debido entendimiento se ha considerado a aquel que es invariablemente técnico; el exclusivamente racional; el que sin duda alguna se ajusta al modelo argumentativo de comprobación cientificista.

La traslación de este modelo positivista al campo humanista ha restado estilo, vitalidad, abstracción, placer y difusión al trabajo de los intelectuales -no se puede hablar de literatura con un bisturí que te cercena el pensamiento-.

La responsabilidad de esta realidad lamentable ha sido en gran medida el estado al servicio del libre mercado desregulado.

Las políticas del estado subsidiario chileno, han implantado cierta dinámica de financiamiento -como las becas Conicyt-, amparadas en filtros y parámetros de puntuación conducentes a la producción investigativa del modelo ya mencionado: el paper. ¿Dónde radica la imperiosa necesidad de reproducir únicamente este modelo investigativo? Bien, atendiendo la injerencia de la academia en el mercado, es sin duda en la industria médica, particularmente en la farmacéutica, donde en cada paper se tensan millones de dólares ante la posibilidad de introducir un nuevo fármaco al comercio de la salud, y, no me cabe duda que es ante estos tipos de capitalizados escenarios donde se han actualizado las reglamentaciones APA -entre otras siglas de normas académicas internacionales- dispuestas a definir para el total de las universidades del mundo, cómo dar sentido y forma al artículo académico. El resultado: un formato que no se constituye por la inquietud de conocimiento; por el placer de investigar o reflexionar sobre las actividades humanas y la naturaleza, sino que toma forma y sentido en la comprobación de un resultado objetable; al fin del día: mercantil; comerciable.

A propósito: ¿Dónde y cómo se desarrollan las investigaciones de tipo armamentistas?.

En fin, cualquier lector que se rija por los dictados del placer evitará por su salud sexual este tipo de crítica literaria; lean un paper sobre literatura y se sentirán como si leyeran dentro de un frigorífico.

2- Se lee poco, incluso en el orden de muchos escritores o escritoras jóvenes, se lee poco.

Este punto es claro y sencillo. El crítico o crítica es una persona lectora, audazmente lectora, al punto que siente el irreductible impulso de escribir sobre lo que lee. Y por defecto, al existir tan pocos lectores temerariamente audaces, hay poca escritura crítica.

3- La crítica pondera a colectivizar la reflexión. Tiene por lo tanto un enemigo claro: el individualismo.

El gesto de escribir de un otro u otra; de formalizar la experiencia sensible de la lectura en un texto al servicio de otros lectores, asume en su voluntad de acción la concepción de un de un colectivo. La persona que desarrolla este tipo de escritura, se siente a sí misma como parte constitutiva de este, por lo cual, la exposición de su sensibilidad vendría a ser como un trocito de un espejo -si consideramos, claro está, a la literatura como un gran espejo de nuestra conciencia colectiva-; espejo en el que a su vez, pueden observarse y sentirse interpelados otros lectores. Este juego de reflejos e interpelaciones de una sensibilidad con otra, es la sustancia más rica del ejercicio crítico sobre literatura. 

Ahora bien, en el transcurso de nuestra historia se fue progresivamente implantando, en la medida en que se acentuaba una ideología económica, política y cultural como lo es el neoliberalismo, un retraimiento del individuo; una debilitación del colectivo en función de un modelo que instaba a confundir las necesidades colectivas con privaciones de libertad, y el velar por el bien particular como una garantía de la misma. ¿Recuerdan las moneditas de 10 pesos pesos de la dictadura?

En fin, el caso es que fuera del individualismo impulsado por el poder hegemónico, acabó aconteciendo -y en esto me incluyo-, ante el desolado panorama social, la depresiva acción de refugiarse en uno mismo, como si se amparara bajo esta acción la sensibilidad personal de la contaminación cultural del entorno. Creo que gran parte de los jóvenes de mi generación -hablo de la generación anterior a las muchachas y muchachos que despertaron al país- padecían de esta depresión. Este ensimismamiento, si bien pudo haber sido un campo de cultivo de poetas, si es que lo ha sido, ha sido de poetas ensimismados, caídos en un precipicio dentro de ellos mismos.

¿Qué tipo de reflexión retroalimentaria podría generarse entre sensibilidades refugiadas en sí mismas? Bueno, la respuesta, es la escaso panorama existente.

La actual contingencia social, ha puesto sobre la mesa, nuestra reivindicación como sujetos con injerencia histórica, y, entre el sin número de empoderamientos y dignificaciones, nuestro oficio como escritores y escritoras no se queda atrás. Resulta indispensable configurar el camino entre todos y todas hacia un horizonte saludable en materia artística. En este sentido, la proyección de la obra desde un territorio empoderado es clave; de ahí el ahondamiento semántico y ontológico de darle el nombre Chilwe a la revista. La resonancia de este significado genera un eco identitario de milenios; expresa en sí mismo la verbalización más genuina del paisaje.

El cuerpo de la revista consta de autores y autoras que van de los 18 a los 39 años, es decir, las voces jóvenes actuales y futuras. De más está decir que es un panorama reducido, pero es un primer paso y esperamos tener futuros encuentros y publicaciones.

De los 13 escritores y escritoras, al menos 7 han sido integrantes de los talleres impartidos por Nelson Torres, Manuel Zúñiga, Rosabetty Muñoz y Carlos Trujillo, es decir, en cuanto a predecesores se refiere, los más activos en darle estímulo y divulgación a las nuevas voces escriturales. El resto proviene de distintas aristas formativas; hay autodidactas, hay académicos, hay conciencia subversiva de los espacios, hay un librero, en fin, hay un grupo acotado pero diverso de voces.

Las escritoras y escritores que dan vida a esta revista son:

Marcela Pacheco “Alma” Diaz, Xiomara Piña, Patricia Águila, Ignacio Chiguay, Victoria Herreros Schenke, Dinko Alvarez, Hardy Johans Chodil Cuyul, Juan Gonzalez Fuentealba, Ítalo Berríos, Paulo León, Gustavo Durán, Antonio Torres y Pedro Chadicadi.