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Un pequeño aumento en el precio de los boletos para el metro de Santiago fue como encender una mecha en un barril de pólvora. La población chilena estalló en manifestaciones contra el gobierno y sus políticas neoliberales. El prolongado “oasis” que fue Chile se convirtió en una demostración del más rotundo fracaso de las políticas neoliberales. Para hablar de las recientes movilizaciones en ese país, el Coordinador Nacional de la Red Unida Túlio Franco entrevistó a Jamadier Uribe. Psicólogo, estudiante de doctorado en Valparaíso y analista político en la Comisión de Derechos Humanos del Senado, Jamadier habla de las movilizaciones en Chile, de la lucha del pueblo mapuche, que está luchando una heroica y larga resistencia contra el Estado colonial chileno, y de las perspectivas actuales del movimiento que comenzó en octubre de 2019.


por Tulio Franco*

TF: Jamadier, me gustaría que hablaras un poco sobre ti: ¿quién es Jamadier Uribe?

JU: Soy psicólogo y analista político, actualmente curso un doctorado en Psicología y Transformaciones Sociales en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, además de trabajar como analista en el Senado de la República, con el Senador Alejandro Navarro quien preside la Comisión de Derechos Humanos.

No soy propiamente chileno, soy de Chiloé, que es una pequeña colonial al sur de Chile, de ahí que gran parte de mi trabajo académico esté abocado al análisis de los procesos de colonización y descolonización en América Latina, los que se tejen y entretejen con el desarrollo del capitalismo, que es precisamente lo que está en conflicto hoy en Chile.

TF: ¿Cuál es la causa de las recientes movilizaciones en Chile?

JU: Las causas son variadas, y creo que hay que distinguirlas, porque no todas tienen el mismo peso específico en el desarrollo de las contradicciones. La causa inmediata fue el alza de las tarifas del metro en Santiago, ante la que los estudiantes secundarios respondieron con una evasión masiva. La respuesta del gobierno de Piñera fue la represión, lo que generó una escalada en el conflicto. Lo que era un problema de transporte público, en dos horas se convirtió en un conflicto social y en seis horas en un estado de excepción constitucional, que -por cierto- tenemos la convicción de que es ilegal.

Ahora, esa alza, se da en el contexto de una serie de alzas en el costo de la vida, que han ido provocando una sensación no solo de indignación, sino que por sobre todo de desesperación. Alzas en el precio de la luz, de los combustibles, de la vivienda. Lo que se suma a una evidente crisis en el sistema de salud, que el primer semestre de 2018 nos dejó un triste saldo de 9.740 personas muertas en lista de espera para ser atendidas por un médico; eso en Chile es harto, porque es un país pequeño de menos de 20 millones de personas.

A una situación como la descrita, es a la que responde también el problema con los Fondos de Pensiones (AFP), que tiene a los adultos mayores suicidándose porque no les alcanza para vivir, ni siquiera para sobrevivir. Si puntualizo los problemas uno por uno, no voy a terminar nunca, porque en Chile todo se convirtió en un negocio y entender cómo y por qué, nos lleva al fondo del asunto.

Chile fue el primer experimento neoliberal de la historia. Lo que hizo el neoliberalismo, fue cambiar el patrón de acumulación de capital en Chile en varios sentidos, pero creo que hay uno que es fundamental para comprender la situación de hoy; es lo que David Harvey llamó la acumulación por desposesión. La acumulación por desposesión consiste, básicamente, en crear nichos de acumulación de capital, ahí donde antes habían derechos sociales y sentido público.

A partir de Pinochet, Chile entró en un ciclo interminable de despojo de derechos sociales para convertirlos en nichos de acumulación, que lejos de detenerse con el fin de la dictadura se agudizó. En Chile todo se compra, hasta los derechos más básicos como la salud y la educación, y cuando es público, se encuentra en absoluto abandono, como los hospitales y los colegios.

Visto así y visto ahora, es evidente que el país iba directo a un estallido social, porque en un país donde todo se compra y nadie tiene dinero para comprar, la gente no puede satisfacer ni siquiera sus necesidades básicas. Pero entonces ¿cómo nadie hizo nada antes?

Muchos han utilizado la metáfora de la olla de presión, para referirse al desarrollo de las contradicciones en Chile, la que tarde o temprano iba a estallar. Pues bien, la tapa de esa olla, era la institucionalidad política que se construyó en los años 90, donde bajo la concepción de lo “técnico” se colapsó el significado de la política con la política institucional, creando una especie de casta cuyo único nexo orgánico con la sociedad civil, era el empresariado.

Hubo algunos políticos comprometidos, sin duda, pero la desvinculación orgánica de la política con el mundo social, hizo que se acumulara un malestar por 30 años que la institucionalidad no pudo procesar y que ahora simplemente la desborda.

TF: ¿Cómo ha sido la participación estudiantil en este movimiento?

JU: Los estudiantes irrumpieron en el escenario político postdictatorial en 2006, con lo que se conoció como la rebelión de los pingüinos, y desde ahí han sido un agente movilizador del sentido común tremendo. En 2011 volvieron al protagonismo, y fueron los que lograron impugnar, en el sentido común, la legitimidad con la que contaba el hacer negocios con los derechos sociales.

Esta movilización también comenzó con ellos. Fueron ellos los que hicieron el llamado a las evasiones masivas del metro, de las que derivó el levantamiento de todo el país. Estudiantes en general de estratos medios y bajos, que ante el estado de miseria en que se encuentran sus familias decidieron rebelarse.

Es curioso, porque el alza de los pasajes no afectaba el pasaje escolar. Lo que los estudiantes hicieron fue levantar la voz por todo el pueblo empobrecido, y el pueblo en esta oportunidad entendió el mensaje. Como decía Mao Tse Tung, una sola chispa puede encender la pradera y vaya que la encendió.

TF: Aquí se publicó una foto con la bandera mapuche en el aire. ¿Se está discutiendo la causa de los Mapuche junto con los otros reclamos del movimiento?

JU: La verdad es que no se puede hablar de un movimiento social, en el sentido en que se suele utilizar el concepto para hablar, por ejemplo, del movimiento feminista, de los sin techo, etc. Acá no hay una demanda clara, ni mucho menos una orgánica definida, o líderes.

Por eso mismo no hay un pliego de demandas, lo que hay es una afirmación radical de que esta realidad duele, no gusta y debe ser transformada profundamente. En ese sentido, no podría afirmar que es algo que todo el mundo esté discutiendo, pero sí que al menos una parte de la población lo tiene muy presente. Se le reconoce al pueblo mapuche el valor de nunca haber claudicado en su lucha por la libre determinación, y cada vez más gente se identifica con la etnia, lo que no quiere decir –necesariamente- que participe de la cultura.

Bajo esa premisa, puedo decir que temas como la autonomía territorial no han cobrado mucha relevancia por el momento en Chile, lo que no implica que la gente no esté dispuesta a conversarlo o esté en contra de la idea, solo no se hace o se hace poco. Distinto es en los territorios colonizados, como el Wallmapu (País Mapuche) o Chiloé.

TF: ¿Cómo ha sido la participación de los Mapuche?

JU: Depende el punto de vista desde el que se mire. La Coordinadora Arauco Malleco, que es una de las orgánicas más importantes de la resistencia mapuche, desde el comienzo saludó la insurrección del pueblo chileno, al tiempo que llamó a intensificar la lucha del pueblo mapuche por la recuperación de la tierra.

En ese sentido, hay una solidaridad entre pueblos y los mapuche han participado, también en apoyo a la movilización general. No obstante, como te adelantaba, la demanda del pueblo chileno es, naturalmente, diferente a las demandas que se levantan desde las colonias, porque en estas últimas se exige autonomía territorial, que es algo en que los chilenos no están pensando, porque no es parte de sus necesidades.

Los mapuche, en particular, y los pueblos indígenas en general, se han sumado a la batalla contra el actual Estado de Chile y han respaldado una reforma profunda de sus instituciones, pero yo no diría que las demandas de los pueblos originarios hayan teñido las diversas demandas ciudadanas. Aún así, no se puede descartar que comience a crearse un diálogo. El conflicto de Chile con sus colonias, es en realidad, un conflicto de las burguesías chilenas y transnacionales con las colonias, no es una pelea entre pueblos.

TF: Cuéntanos un poco sobre tu experiencia personal en este movimiento. ¿Participas en el trabajo de la Comisión de Derechos Humanos? Habla sobre eso.

JU: Soy un convencido de que los intelectuales, no solo tenemos el deber, sino la necesidad, de estar en la academia, en las instituciones y en la calle. Para mí, ninguna instancia está sobre la otra.

En la calle soy un ciudadano más, marcho cada vez que puedo, y en este momento estoy disfónico, después de que agitamos Viña del Mar el sábado por la noche.

En las instituciones soy asesor del Presidente de la Comisión de Derechos Humanos, ahí hemos tenido la oportunidad de constatar las gravísimas violaciones a los derechos humanos que se han perpetrado por parte de la fuerza pública, y además hemos llegado a la convicción de que el Presidente Piñera es el principal responsable de esta situación. La tesis jurídica es que no se siguieron los procedimientos que la Constitución establece, para decretar estado de excepción constitucional.

En estas jornadas hemos tenido al menos 18 muertos, más de 3 mil detenidos y más de mil heridos. Sabemos que, al menos, cinco de los muertos han sido en manos de agentes del Estado y esa cifra podría aumentar. Hoy mismo, recibimos denuncias de amedrentamiento y de torturas; es una situación dantesca. El compromiso del Presidente de la Comisión es que no habrá impunidad y apoyar esa lucha, es mi labor.

TF: ¿Cuáles son los próximos pasos del movimiento?

JU: Como te señalaba con anterioridad, es difícil hablar de un movimiento propiamente tal, esto aún tiene más la fisionomía de una explosión que de un movimiento. No obstante, parece que ya se comienzan a formar puntos de acuerdo tácitos bastante claros.

En las marchas, corre con fuerza la necesidad de una nueva constitución. Eso nos habla de una conciencia política sin precedentes en la postdictadura, se ha comprendido que los cambios deben ser de fondo. Y, junto con ello, se ha instalado la renuncia del Presidente Piñera, en tanto sería inmoral cualquier negociación con un Presidente que tiene las manos manchadas con sangre.

Los diputados del Partido Comunista y del Frente Amplio ya presentaron una acusación constitucional para destituir al Presidente, y la nueva constitución es una idea cada vez más aceptada. Al menos como yo lo leo, esas son las demandas más fuertes, si se logran o no, dependerá de la fuerza que pueda seguir movilizando la ciudadanía, para presionar un parlamento que sigue siendo en su mayoría conservador y elitista.

*Entrevista publicada originalmente en portugués, por Rede Unida, 29 de octubre de 2019, disponible en: http://www.redeunida.org.br/pt-br/comunicacao/news/o-chile-em-debate/