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¿Cuántos colegios requieren? 80 mil niños y niñas que vivieron un proceso de reiterados episodios de fracaso escolar en la escuela y que finalmente los terminó expulsando de ella ¿Qué escuela y qué docentes requieren para que no se vayan? ¿Cómo creamos condiciones para que la población adulta que no terminado sus estudios lo pueda hacer? ¿Para que las madres trabajadoras asistan a estudiar sin que sus hijos queden descuidados? ¿Qué los trabajadores en general tengan las condiciones en sus trabajos para terminar sus estudios?

Por Patricia Flores G.

Profesora y Magister en Educación

Según la encuesta CASEN en Chile hay casi 80 mil niños y niñas, entre 7 y 17 años de edad que se encuentran fuera del sistema escolar. Si esta edad la aumentamos a 21 años, la cifra sube a 180 mil. Por otra parte, si consideramos a la población adulta de todas las edades, casi cinco millones de personas no han terminado su enseñanza media, a pesar de que el Estado de Chile ha considerado como educación obligatoria los 12 años de estudio.

La pérdida del derecho a educarse tiene consecuencias de distinto orden, pero todas ellas relevantes en la vida personal y social. Impacta primero al niño, niña y joven en su sentimiento de separación, de exclusión de su espacio de pertenencia, de su identidad como estudiante, de su participación en los aprendizajes que se obtienen en la escuela, que no son solo académicos: se aprende de la amistad, se aprende de los afectos, se aprende de los conflictos y de los juegos, en fin se aprende de muchas otras cosas que hacen a la convivencia colectiva.

Esta realidad que afecta principalmente a la población más pobre de nuestro país se encuentra muy invisibilizada. Se consideran como datos marginales frente a las cifras de las coberturas escolares y de educación técnica y superior. Sin embargo nos preguntamos: 80 mil niños y niñas ¿Cuántos colegios requieren? 80 mil niños y niñas que vivieron un proceso de reiterados episodios de fracaso escolar en la escuela y que finalmente los terminó expulsando de ella ¿Qué escuela y qué docentes requieren para que no se vayan? ¿Cómo creamos condiciones para que la población adulta que no terminado sus estudios lo pueda hacer? ¿Para que las madres trabajadoras asistan a estudiar sin que sus hijos queden descuidados? ¿Qué los trabajadores en general tengan las condiciones en sus trabajos para terminar sus estudios?.

Sin duda, hacen falta varias política públicas que pongan fin a una deuda que tenemos como sociedad y que se actualiza cada vez que un niño o niña es excluido de la escuela. Estrechamente relacionado con aquello, es la capacidad de la escuela de acoger a todos y todas quienes llegan a sus aulas, y, particularmente a los/las estudiantes provenientes de los sectores populares, ya sea urbano o rurales, de pueblos originarios, inmigrantes, y todos aquellos que desde sus propias culturas y saberes pueden aportar a la experiencia educativa, enriqueciéndola con la pluralidad de voces que otorga una rica diversidad reunida.

La escuela debe proponerse una acción igualadora, no en el sentido de la uniformidad, no de crear sujetos idénticos que respondan acríticamente a la homogeneización, sino en la tarea de construir las subjetividades que permitan a los sujetos la tarea de identificar la diferencia y el reconocimiento del otro como uno distinto y legitimo. La escuela debe ser creadora de posibilidades, sin renunciar a la tarea de acompañar la apasionante aventura del aprender, de recrear y crear conocimientos en colectivo, debe, relacionándose con los otros y otras, en sus singularidades, en sus necesidades y en su enorme riqueza humana, multiplicarse en la acción, lo que implica salir de sus paredes, establecer lazos con las comunidades, integrar sus saberes, ejercer el diálogo comprensivo y constructivo con todos los actores, ser un actor más, protagonista de las luchas por la igualdad puesto que la educación es un derecho cuyo ejercicio resulta indispensable para poder ejercer otros derechos, en tanto permite comprenderlos, participar de ellos y hacerse también responsable por los derechos de toda la sociedad.

Una “educación de calidad” debe integrar esta comprensión, como también la pertinencia cultural y territorial en que ésta se desenvuelve. Es necesario superar las concepciones homogeneizadoras que hacen tabla rasa de los contextos en que se producen los aprendizajes, y, por el contrario, impone el centralismo, los estereotipos conservadores de la familia y las relaciones sociales, los códigos y tipo de vida urbana de las grandes ciudades, como también y de fondo, la racionalidad instrumental en los planteamientos curriculares.

Igualmente, importante es desarrollar el cambio de percepciones y valores, desde una visión ecológica e integradora del mundo, a fin de promover el cuestionamiento frente a valores que imperan actualmente. En este sentido, es necesario provocar el descubrimiento y resignificación de valores que haga más amigable el mundo en que viven niños, niñas y adolescentes. En vez de competir, cooperar, en vez de consumir, conservar, en vez de dominar, compartir, son algunos de los valores, entre muchos otros que nos parece crucial incorporar a la experiencia educativa.

Una educación que contenga esta mirada crítica y creadora será capaz de no excluir a nadie y garantizar para todas y todos el Derecho a la Educación.

Nota:

1.- http://www.ministeriodedesarrollosocial.gob.cl/casen/descripcion_Obj.ht