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Nicolás Alegría, un ciudadano Militante de Revolución Democrática, territorio Puerto Varas

Nicolás Alegría, Militante de Revolución Democrática, territorio Puerto Varas

“Cuando los bosques se destruyen, como lo han hecho los cultivadores europeos en toda América, con una precipitación imprudente, los manantiales se secan por completo o se vuelven menos abundantes. Los lechos de los ríos, que permanecen secos durante parte del año, se convierten en torrentes cada vez que caen fuertes lluvias en las cumbres. La hierba y el musgo desaparecen de las laderas de las montañas con la maleza, y entonces el agua de lluvia ya no encuentra obstáculo en su camino: en vez de aumentar poco a poco el nivel de los ríos mediante filtraciones graduales, durante las lluvias abundantes forma surcos en las laderas, arrastra la tierra suelta y forma esas inundaciones repentinas que destruyen al país.”

Estas palabras pueden ser consideradas como evidencia de la primera manifestación científica sobre el impacto de los procesos humanos en el medio que habita. Su autor es por lejos uno de los científicos más influyentes de la historia y su visión ecológica del mundo no puede ser menos oportuna el día de hoy, doscientos años después de dejarlas inmortalizadas en su libro Personal Narrative (1814-1829).

 

A comienzos del año 1800, Alexander Von Humboldt, el intrépido e incansable científico que heredaría posteriormente su apellido a la corriente marina que surca nuestras costas, observaba el devastador impacto de las prácticas agrícolas de los colonos sobre el ecosistema del Lago Valencia, en Venezuela. La agricultura descontrolada había logrado literalmente cambiar el clima del valle deforestando y explotando el recurso hídrico. Los problemas que hoy tenemos gracias a nuestra dependencia del Petróleo, los tuvimos ayer gracias a la dependencia de la leña, y Europa sabe eso de sobremanera, o por lo menos lo sabían.

Luego de su viaje por América, Humboldt comenzó un activismo feroz usando toda su influencia para denunciar las malas prácticas generalizadas que dejaban una huella de profundo deterioro ambiental donde pasaban, como es de esperar ese activismo despertó el malestar en muchas personas, personas que tenían intereses en las colonias y que en paralelo tenían tanto o más influencia que él, a consecuencia de esto nunca más consiguió un apoyo “oficial” para sus viajes y solo pudo salir del continente europeo muchos años después.

¿Qué tan difícil pudo ser para Humboldt, quien decía que “La acción de la humanidad en todo el planeta, podría repercutir en las generaciones futuras”, luchar e ir en contra de la ideología de que la humanidad “mejoraría” la naturaleza con el cultivo de tierras, que “ordenaría” la caótica naturaleza salvaje para hacerla más habitable?. Sin duda alguna Greta Thumberg puede darnos una respuesta certera, al igual que Humboldt, con su discurso y su activismo despierta la misma animosidad que despertó el explorador hace 200 años.

Pareciera ser que estamos tropezando con la misma piedra, esto demuestra que no estamos frente a un problema técnico, nuestra crisis es cultural se transmite de generación en generación y esta globalizada, no se trata de una industria en particular, sino de todas las industrias, no se trata de un país en particular, sino de todas las naciones. ¿Sabemos cómo eliminar estas mañas culturales?, ¿si no podemos acabar si quiera con la maña delictiva de algunos ciudadanos, será posible acabar con la insostenible costumbre de aumentar las riquezas de forma exponencial? Para poder respondernos estas preguntas es una obligación mirar la historia ya que en sus páginas están impresas las coordenadas exactas de la piedra que debemos esquivar.

La historia de ayer, hoy le da la razón al activismo ecológico. Greta Thumberg sobre los hombros de Alexander von Humboldt forman un tótem imponente que resguarda la lucha más noble que la humanidad pueda librar, la lucha por los que vendrán.