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Por Julio Fernando Iglesias Navarro

Magister en Educación Inclusiva y N.E.E. Universidad Austral de Chile. Profesor Corporación Municipal de Castro. Profesor Metodología para las NEE, Carrera Técnico Universitario Educación Parvularia Universidad de Los Lagos, Campus Chiloé. Integrante Equipo Ejecutivo “Fundación Inhoy”

El 3 de Diciembre de cada año, se celebra el “Día Internacional de las Personas con Discapacidad” (DIPcD), día instaurado en 1992 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, con el objetivo de promover los derechos y bienestar de “todas las personas en situación de discapacidad sin distinción de tipo y/o severidad” PsD.

Mientras esta celebración, lamentablemente pasa desapercibida para muchas personas en el mundo, en Chile esta vez tuvo un ingrediente distinto. Ese día en la I. Municipalidad de Providencia, irrumpe violentamente la sesión de los ediles reunidos, un grupo de “pinochetistas” con el objetivo de impedir que se discuta la propuesta de cambiar el nombre de Plaza Baquedano por el de Plaza de la Dignidad. Ese mismo día, en el epicentro mismo de las movilizaciones, Los Bunkers se presentan junto a Quilapayún y la multitudinaria concurrencia, salta y canta… Santiago es una fiesta.

Ese día ya contamos con la lamentable noticia de que tenemos más de 230 personas con mutilaciones oculares, es decir, la pérdida de visión permanente por explosiones del globo ocular debido a disparos de perdigones y/o bombas lacrimógenas a corta distancia efectuados por Carabineros de Chile. Inclusive, el caso del estudiante de Psicología Gustavo Gatica Villarroel, que producto de esta represión pierde la visión, se transforma en un caso emblemático. Y como corolario trágico y jugarreta del destino, el mismo día en que se confirma la situación de Gustavo, otra persona, en este caso una mujer, es agredida cuando se dirigía a su trabajo por el disparo de una bomba lacrimógena a corta distancia, que hace estallar en su rostro la sangre, el dolor y la pérdida total de la visión para siempre; me refiero a Fabiola Campillay.

Este año, el foco central de la celebración, según las Naciones Unidas, es empoderar a las Personas con Discapacidad para que puedan participar y liderar la agenda al año 2030 en temáticas de desarrollo sostenible. Un hecho que, a la luz de los acontecimientos, parece ser muy lejano para nuestro país. Sobre todo si pensamos que desde la ratificación de Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006) y del cual Chile es uno de los Estados firmantes, poco o nada se ha hecho por cambiar el actual modelo “caritativo” para tratar la discapacidad y avanzar hacia un modelo real de Derechos Humanos.

Lo preocupante de estos casos, es que como sabemos y estamos acostumbrados en Chile, una vez que pase la crisis, una vez que se logren los acuerdos, nadie se acordará de que hubo chilenos y chilenas, jóvenes de distintas regiones que entregaron sus ojos para que Chile despertara. Es lo que se ha denominado por diversos medios como “la epidemia represora de las fuerzas policiales”, no tan sólo en Chile, también en Francia y como ha sido por décadas en Palestina.
Las cifras hoy, se siguen acrecentando. La pérdida de la visión genera un cambio total en la persona que lo sufre.

Según testimonios de personas que han sufrido la pérdida de visión, hablan del miedo, de la frustración de no poder continuar haciendo la vida que hasta ese momento llevaban. Reaprender todo, las rutinas, la autoestima. Enfrentarse al espejo si es que fue un ojo; olvidarse del espejo si fueron ambos. Miedo, incertidumbre y saber que, todo cambió para siempre y que además, esta sociedad sólo se ocupa de la discapacidad un par de días al año dejando la limosna tranquilizadora de conciencia en el banco.

Chile despertó. Estamos entrando en un proceso constituyente inimaginable hace sólo unos meses atrás y todos los sectores debieran estar representados en la Nueva Institucionalidad que desde allí se genere. No sólo la Paridad de Género recientemente lograda, también la Diversidad Sexual, los Pueblos Originarios, etc. Y allí es donde el mundo de las Personas en situación de Discapacidad debiera estar también incorporadas. Porque son ellos y ellas los que transitan en silla de ruedas por la ciudad viendo limitado su acceso a muchos sitios. Los que tienen que lidiar con veredas y espacios sin señas para sus bastones de desplazamiento y que no escuchan los semáforos sonar, porque a ningún municipio le interesa pensar que los ciegos transitan por sus calles. Los avisos luminosos y escritos para la población sorda, entre muchas otras situaciones que son diarias. Con aquello se van a encontrar los mutilados oculares de nuestra revolución de octubre.

Asegurar escaños para hablar de salud, de educación, de rehabilitación, de acceso a derechos para todos y todas, pero que a la hora de consignarlos, nos olvidamos del 16,7% de la población de Chile. De estas casi tres millones de personas que viven con algún tipo y grado de discapacidad. Porque de este porcentaje un 25,5% vive en la pobreza con casi 70 mil pesos chilenos al mes, en comparación al 14,4% de la población sin discapacidad. Existe además la realidad de los adultos mayores que; ven menos, escuchan menos, presentan problemas de desplazamiento y nuestro Chile los hace vivir con pensiones vergonzosas (si es que a aquello le podemos llamar vivir)

Si vemos la realidad de quienes hoy sufren la exclusión, producto de un país empecinado en considerar a las PsD como costos y gastos, más que como inversión de capital humano (el 80% de ellos está habilitado para trabajar) algo debemos hacer. Pensemos en el poco acceso a educación superior y las condiciones, que ya son difíciles y dispares para personas sin discapacidad, imaginemos como es para quienes además de aquello, viven situaciones de vulnerabilidad social y económica.

La intención de este artículo es hacer la reflexión necesaria. Tenemos a esta altura casi cuatrocientos chilenos y chilenas, en su mayoría jóvenes, que entraron traumáticamente gracias a la brutal represión policial del Estado, a ser considerados en los porcentajes de PsD. Sin asegurar cual será el proceso rehabilitador no sólo del traumatismo o de lo estético, sino cómo el Estado de Chile, firmante de las Convenciones de DD.HH. y de la de las PsD, se hará responsable del daño que ha producido mediante agentes del propio Estado. También hay un tema de reparación, pero por sobre todo, cómo este mismo Estado se hará cargo del proceso psicológico y de reinserción social, educacional y/o laboral de estos casi cuatrocientos nuevos discapacitados visuales.

Por ello, antes de estar pensando en teletones o de inflar un poco las escuálidas cifras de Senadis; es importante realizar las acciones necesarias y conducentes, para que en el nuevo escenario constituyente esté presente este mundo, aportando desde la propia experiencia y sensibilidad a los temas país. De esta manera tendríamos la oportunidad, como modelo a nivel mundial, de hacer una Nueva Carta Magna o Constitución desde el Diseño Inclusivo, que nos incluya a todos y todas. Cómo también, una forma de reivindicar el sacrificio de Gustavo, Fabiola y cientos más.