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Julio Iglesias, Vicepresidente Regional del Colegio de Profesores:

Avanzar hacia concepciones más humanas y menos segregadoras implica costos y sacrificios. Ayer y hoy se suspendió la Prueba de Selección Universitaria (PSU), prueba que durante años determinó, de manera muy clasista, el futuro de miles de estudiantes que depositaban en esta aplicación, la construcción de un futuro que, de todas formas y más allá de los resultados obtenidos, les era esquivo a muchos, por los altos costos de aranceles, pensión y manutención propias de la vida universitaria.

Durante años fue esto también, lo que alimentó el negocio y el lucro en la educación superior, puesto que ante esta realidad, surgieron las instituciones que, más allá del puntaje y vía endeudamiento familiar, ofrecían la promesa de un título que, catapultara al joven hacia otros niveles, sobretodo en cuanto a su posición socio económica.

Dicho esto, el caldo de cultivo para el CAE (Crédito con Aval del Estado) estaba listo. Un Estado que no se preocupa del futuro de sus jóvenes y entrega a la banca privada el endeudamiento feroz, de quienes aún no saben si terminarán con un título en la mano. Esto abrió el apetito de la banca y endeudó cada año a más y más. El Estado se convirtió en caja pagadora de cada estudiante endeudado y, el sistema financiero se encargó de cobrar sistemática y cruelmente a cada nuevo profesional y a su familia.

Recuerdo que la gratuidad fue un tema en donde los jóvenes corrieron el cerco de lo que se veía imposible. No fue pura voluntad de un gobierno, no señores. Recuerdan que la PSU además había que pagarla para su rendición. Fueron los mismos jóvenes que lograron que se eliminará este cobro.

Hoy, eo. Desafío para el Consejo de Rectores, las Universidades, los Centros de Estudio, el Mineduc, el CPEIP, etc. Y no comparemos la PAA que en cierto modo sí medía más habilidades que contenidos, aunque tampoco fuera la panacea.
Hoy, está en tensión ese agobiante y esquizofrénico Currículum frente a las reales necesidades y sueños de miles de jóvenes que reclaman su espacio y su futuro.

Esto, no quiere decir que no deba existir un sistema de admisión a la Universidad. Pero es hora de evaluar y cambiar en serio lo que viene desde la base para poder enfrentar un proceso de selección con igualdad real. Y revisar lo que hay después de rendida esa selección. Pues no todos podrán optar a la Universidad, otros lo harán a otras instancias y espacios de desarrollo. Lo que sí es necesario, que más allá de lo que un sistema de ingreso o continuación de estudios diga, es deber del Estado y de los gobiernos sucesivos, como así también de la sociedad, asegurar el bienestar, la felicidad y las oportunidades de desarrollo a todos sus jóvenes. La vida más allá de la PSU, es y debe ser posible.