Compartir :

No estamos todos, falta Huenantei.

El 27 de septiembre de 1990 el gobierno de Chile ratificó la Convención internacional de derechos de niños y niñas, de ahí en adelante se han llevado adelante una serie de iniciativas para poner en marcha y cumplir con los acuerdos internacionales que la ratificación conlleva. Se han impreso millones de volantes, dípticos, afiches, se hacen campañas, propaganda, rostros televisivos y deportivos han colaborado con los organismos nacionales e internacionales para difundir los derechos. Sin embargo a 28 años de ratificado el convenio, la realidad de la política pública de niñez transita lentamente por la cornisa de nuestra sociedad. Más difícil aún, lo tiene la niñez en situación de vulnerabilidad social.

Oscar es el nombre ficticio de un niño que conocimos y vive en la comuna de Ancud, tiene 16 años y hoy está recluido en un centro de Sename, presenta múltiples causas judiciales y otras tantas por protección.

La familia de Oscar es una familia empobrecida del norte de Chiloé. Su madre cuidaba campos y terrenos ajenos a cambio de un pequeño sueldo y terreno para cultivar. Oscar es el hijo menor de 4 que tuvo la madre. El padre de Oscar y de sus hermanos vive hace años en Argentina, su hija mayor vive en la comuna de Osorno y está casada.

Cuando la situación económica se puso más compleja para la madre y sus hijos, la jefa de hogar, entregó a Oscar al cuidado de su hija mayor, con el compromiso que lo crie y cuide, en circunstancias que ella no había podido ser madre.

Así transcurren los años y la madre de Óscar no logra salir de su asfixiante situación de sobrevivencia y precariedad económica. Mientras tanto Oscar y su hermana-madre viven en la comuna de Osorno.

Al cabo de unos años el niño presenta dificultades en la escuela y es derivado a un psiquiatra, pasando anteriormente por una serie de otras atenciones en programas e instituciones escolares para evaluar su comportamiento y constantes disrupciones. Luego de ello Oscar es devuelto a su familia de origen, para que su madre para que se haga cargo, toda vez que fue expulsado de las escuelas y presenta un comportamiento un poco difícil.

Oscar ve interrumpido su proceso escolar y todas las intervenciones de salud y salud metal que se realizaron en servicios públicos de la región durante ese periodo no presentan un diagnóstico ni una proyección, sólo recetas de medicinas para que Oscar controle sus impulsos y mejore su atención.

Con dificultades para que la madre pueda hacerse cargo del niño, Oscar se ve obligado a iniciar un periplo por distintos hogares de protección de la región de los Lagos (Osorno y Ancud). Allí vive una serie de situaciones violentas, se vuelve disruptivo y callejero. Conoce la protección de los grupos de pares de la calle, comienzan sus primeros consumos de sustancias. Todo esto lo vive bajo la protección de los centros de Sename, los centros del estado de Chile; los que han vivido desde los años 90 a la fecha una transformación en función de impregnarse de la doctrina de derechos de los niños y niñas.

En el año 2006 se conocieron las recomendaciones que el Comité de Derechos de los Niños de Naciones Unidasii realizó al estado chileno a 16 años de firmado el acuerdo, donde tres de ellas fueron:

  • Se recomienda que el Estado chileno cuente con una política pública de niñez coordinada entre sectores ( salud – educación – protección social – justicia- desarrollo social).

  • El comité recomienda que se concluya rápidamente el proceso de reforma legislativa y se promulgar una ley sobre protección integral a los derechos de los niños y niñas.

  • Expresa su preocupación por el carácter tutelar de la ley de menores del año 1967 (inspirada en la ley de menores del año 28).(www.unicef.org/comitedederechosdelniño)

Las recomendaciones del Comité de Naciones Unidas para la niñez pueden entenderse como sugerencias administrativas para el Estado chileno, sin embargo la estructura diseminada de la política de niñez chilena ha marcado a fuego a generaciones de niños y niñas, más aún en los casos niños, niñas y jóvenes que necesitan del concurso del Estado para enfrentar las carencias o dificultades que le ha tocado vivir, en circunstancias que sus familias no han podido ser un brazo cariñoso y protector o han necesitado de instituciones especializadas de salud u otras.

La falta de una estructura de protección decente y ética para la niñez chilena; los expone, como a Óscar, a enfrentar la ley del más fuerte en el centro y hogares; todo esto a la vista de los encargados de los centros que reciben fondos del Estado chileno para protegerlos y protegerlas.

Lo que ocurre en los centros es una incógnita, pero una constante. Los niños son expuestos a una mirada punitiva y a un trato correccional, con forma y lógicas carentes de cercanía, individuación y fraternidad. Un estudio del INDH del año 2017 revela que en las residencias de Sename un 84.3% de los niños sufre castigos, 68% están deprimidos, 46,7% presenta maltrato psicológico, 16,1 % pasa hambre, 69% reconocen que viven con un abusador al interior de su centro de residencia (www.indh.cl informe residencias Sename 2017). Así las cosas los niños que viven en estos centros desarrollan con mayor frecuencia desconfianza, inseguridad, bajas autoestimas, poca empatía. Los más resilientes, los que desarrollaron buen apego y otras habilidades, logran romper con este molde.

Óscar a los 16 años consume sustancias de forma exploratoria, tiene reiteradas causas por infracciones a la ley y una orden de internación por protección de un Tribunal de Familia, debido a las pocas posibilidades que tiene su familia para recibirlo y contenerlo; no quiere volver a un hogar por su mala experiencia y se pasó parte del crudo invierno del 2017 en la calle, arrancando de la posibilidad de ser llevado nuevamente a un hogar en Osorno.

La ausencia de una política coordinada de niñez trae como consecuencia, por ejemplo que no se conozca el diagnóstico de Óscar, ni las pruebas que se le aplicaron, sin embargo lleva años tomando una medicación que nadie sabe claramente para qué se la administran. Una vez llegada su juventud y autonomía Óscar comienza a rechazarla, aludiendo al peso corporal y las sensaciones que le provoca esta medicación.

Para tratar de ser más claro, la ausencia de una política de niñez coordinada del Estado chileno redunda en que si Óscar fue diagnosticado en Osorno cuando tuvo 8 años, ese diagnóstico no fue conocido en los centros que lo atendieron en Ancud 3 años después, lo que no permitió evaluar, monitorear o cambiar la hipótesis diagnóstica, sin embargo se mantiene con el mismo esquema farmacológico.

Si el joven se atiende hoy, en el servicio de salud Chiloé, será atendido como adulto, toda vez que es este servicio el corte para la atención de salud mental es a los 15 años y en el servicio de Osorno o Puerto Montt, será atendido como niño ya que el corte es a los 18 años, generando dificultades para interconsultas, internaciones y con pocas posibilidades de interrelación en servicios de la misma región.

Como Óscar está judicializado por infracción a la ley, lo atenderá una dupla del programa de sanciones que lo obligará a presentarse 6 u 8 veces al mes a intervenciones para controlar y disminuir su conducta infractora. Por su consumo de sustancia lo atenderá un dispositivo que abordará su historia y relación con el consumo de sustancias un par de veces a la semana. Por su historia de abandono familiar lo atenderá un programa que trabajara con él y su familia en recomponer lazos y roles protector.

Si nuestro personaje durante su periplo por centros y hogares vivió algún tipo de abuso o violencia sexual tendrá una atención de un programa que lo visitara una o dos veces por mes. En los otros días de la semana podrá cumplir con las horas comunitarias que debe pagar por las infracciones menos graves que pudo haber cometido y también prepararse para los exámenes libres que los programas Sename con frecuencia envían a los jóvenes que se encuentran fuera del sistema escolar(donde generalmente viven un nuevo fracaso ya que si con suerte aprueban los exámenes obtendrán administrativamente un certificado que no da cuenta necesariamente de un proceso de aprendizaje, lo que ocurre mayoritariamente es que los jóvenes no se preparan con rigurosidad, viven un nuevo fracaso y frustración)

Estos programas e instituciones, por protocolo debieran juntarse y discutir los planes de trabajo y acuerdos para pensar como acompañar y apoyar a Oscar, lo cierto es que muy poco de eso ocurre. Las razones son múltiples, algunas de las fundamentales:

  • Falta de una mirada a la problemática social de la niñez y juventud integral desde las agencias del Estado. Lo que hoy existe es una segmentación de la situación de cada niño según sus problemas o dificultades y un rango de metas a cumplir (donde a veces importa más lo que la agencia hace o realiza, que lo que el niño o joven recibe).

  • Los programas sociales que atienden a los jóvenes son licitados por uno o dos años a organizaciones de la sociedad civil, muchas de estas instituciones y corporaciones compiten por quedarse con los programas, lo que rompe con la posibilidad que la sociedad civil crezca en confianza y pueda construir una mirada crítica sobre el quehacer. En esta competencia tienen lugar pequeñas instituciones que están a lo largo del país y transnacionales; de consideraciones éticas distintas, desde las que están dispuesta a crecer por todo el país replicando un modelo único y las locales que desarrollan una forma de trabajo centrada en su realidad, las que están dispuestas a quedarse con un programa que está siendo ejecutado por otro equipo sin considerar la vinculación los logros, las historias; los programas son transados en licitaciones como clavos, como tornillos o mesas.

Esto y cosas más graves como las muertes en los centros de Sename o el triste incendio en Chin Chin hace unos años, nos invita a reflexionar sobre el rol garante que debe ejercer el Estado para con la niñez y para ello debe comenzar a ver los niños como sujetos que requieren protección cuando no la reciben, modificar el paradigma cultural y tutelar de la ley de menores, terminar con la transacción de licitaciones y avanzar a la construcción de una institucionalidad coherente, coordinada, que no segmente a las personas por piezas y partes, sino que los comprenda histórica e integralmente.

Las intervenciones y acompañamientos que los programas brinden a Oscar, pueden ser determinantes, si son coherentes, si se realizan a tiempo, si miran más allá de un problema particular, si comprenden las circunstancias y tensiones de su existencia, pueden ser un aporte para que Oscar transforme su realidad; sin embargo si son intervenciones ingenuas, tímidas, que no miren el contexto, no serán un aporte para la vida del joven.

La discusión sobre la política de niñez debe centrarse en valor de la subvención, ni en las instituciones, sino en el rol de garante de los derechos que tiene el Estado y la forma de organizar a las agencias en función de esa definición ética y política. Es posible que esa discusión no pueda tener lugar ni resultados en una administración neoliberal como la chilena, pero si nos interesa la protección de la niñez, debemos avanzar hacia esa transformación.

Por Claudio Vásquez Gutiérrez

i Hace referencia a la desaparición de José Huenente, joven desaparecido en Puerto Montt en septiembre de 2005, lego de ser detenido por carabineros. Es reconocido como el primer detenido desaparecido en democracia.

ii www.unicef.org/comitedederechosdelniño