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Por Sebastian Medina, Escuela de Salud Pública, Universidad de Chile (sebamedi@gmail.com).

Introducción

Este trabajo problematiza una forma de mirar la sociedad y el cuerpo humano. La facilidad de la nota periodística del epígrafe para cruzar dimensiones sociales con biomédicas es elocuente: somos espectadores de un rápido traslado de cierto ideario social directamente hacia el interior de nuestro cuerpo, y no nos llama mayormente la atención. Recuerdo haber visto a la edad de 10 años una serie de animación infantil francesa traducida como Érase una vez el Cuerpo Humano (Barrillé 1987) donde un leucocito, representado por un gordo policía blanco con garrote, golpeaba a una bacteria dibujada como un grotesco personaje verde, manchado, apestado. Esta imagen marcaba cierta forma de entender el funcionamiento del cuerpo humano que fue difundida a través de varias generaciones (entre los 1980s y 2000s) en nuestros países del Sur Global bajo dictaduras conservadoras. La idea del leucocito golpeando a la bacteria, sin embargo, poco parece haber cambiado en el curso de los últimos 30 años cuando se la compara con el “terrorismo celular” del epígrafe, revelando una inquietante persistencia de este tipo de narrativas a pesar de los cambios sociales, políticos, tecnológicos y culturales que el mundo han experimentado desde entonces.

Si este tipo de narrativas sigue siendo frecuente dentro de la esfera pública puede pensarse que es por su capacidad para articular y estabilizar diferentes discursos entorno a fenómenos biomédicos y sociales complejos, creando “sentidos comunes” de relativo fácil uso y difusión. Imaginar que el mundo bajo nuestra piel es fundamentalmente similar al mundo social que cotidianamente nos ofrecen los medios de comunicación masiva facilitaría, en cierta medida, su comprensión. Sin embargo, durante estos traslados también se producirían una naturalización de categorías e instituciones sociales, que ganan estabilidad al ser planteadas como realidades biomédicas, del interior de nuestros cuerpos (LOCK 1993; SCHEPER-HUGHES; LOCK, 1987).

En sentido contrario, los traslados semióticos desde la interpretación social a la investigación biológica y médica ya han sido analizados por un buen número autores desde la filosofía, sociología, historia y antropología de las ciencias y de la medicina, las cuales han destacado la frecuente presencia de conceptos y modelos asociados a los discursos socioculturales hegemónicos dentro de las teorías y objetos científicos (ARBIB; HESSE, 1986; CANGUILHEM,2000; FOUCAULT 1966; HACKING, 1990; KELLER, 2002; ROSEN, 1985). Estos conceptos inicialmente “foráneos” serían integrados y estabilizados mediante complejos procesos de traslado donde son transformados en sus sentidos primarios, pero continúan transportando ideologías y relaciones de poder tanto en las dimensiones sociales, culturales como de género (BRADIE, 1999; HARAWAY, 1991; LOCK; NGUYEN, 2010; LUPTON, 2010; MARTIN, 1991; REYNOLDS, 2014).

Partiendo de estos referentes, durante este trabajo realizo una revisión de bibliografía seleccionada acerca de la doble direccionalidad e interdependencia de estos traslados semióticos (desde la biomedicina al campo social y viceversa) destacando su importancia epistemológica (NUNES,2014; SANTOS; MENESES, 2014) y las consecuencias en la realidad de sus producciones, es decir, a la política ontológica que generan (MOL, 1999,2000). Para ello construyo una interpretación que comienza articulándose a la Teoría Lingüística Cognitiva (LAKOFF; JOHNSON, 1980) y deriva finalmente hacia los denominados “Estudios Postcoloniales de la Ciencia y la Tecnología” (HARDING,2011).

Inspirando en las críticas epistemológicas de Boaventura de Sousa Santos (1987, 1991, 2000) y el uso estratégico que ha dado a las metáforas dentro de sus investigaciones, el trabajo partió de tres presupuestos, a saber:

  • 1) que los traslados de sentidos desde un tipo singular de comprensión sobre la sociedad y la cultura – como la existencia de cierta división del trabajo y la defensa armada de fronteras nacionales, evidentes dentro del ejemplo de la serie animada “Erase una vez el Cuerpo Humano” que ya mencioné – hacia el mundo de la biomedicina son esencialmente metáforas, es decir, artefactos lingüístico-conceptuales que ex profeso generan una relación entre dos entidades inicialmente distintas que, mediante este movimiento, contaminan y fusionan parte de sus cualidades, generando nuevos sentidos y posibilitando la observación de propiedades y vínculos antes inexistentes;
  • 2) que estas metáforas no se producen por el azar, ni tampoco se activan solamente en contextos didácticos, sino que serían recursos epistemológicos importantes dentro de la ciencia moderna, y por lo tanto estarán atravesadas por las dinámicas histórico-sociales del saber/poder, y además;
  • 3) que serían una forma efectiva de naturalizar comportamientos, normas e instituciones delimitadas socio-culturalmente que, mediante su objetivación y estabilización en categorías “naturales y universales” como las biomédicas, pasan a formar parte de ciertos discursos del sentido común de la globalización neoliberal, es decir, se convierten en poderosos localismos globalizados.

Guiado por la pregunta inicial ¿por qué las metáforas biomédicas persisten dentro de los discursos de la esfera pública en la globalización neoliberal? desarrollo, a continuación, cuatro secciones secuenciales. En la primera, destaco algunos elementos básicos de la Teoría Lingüística Cognitiva sobre las metáforas en función destacar su importancia dentro de la experiencia cotidiana del mundo y su relación con el poder. En la segunda y tercera secciones, analizo desde literatura seleccionada dos ejemplos de metáforas biomédicas persistentes dentro de la esfera pública: 1) la del “Cuerpo Social”, y 2) la “Semántica Inmunitaria”. A modo de conclusión en la cuarta sección, sugiero la existencia de una matriz semiótica común y plegada sobre sí misma entre las metáforas de las ciencias biomédicas y sociales, vinculadas al ideario capitalista, colonial y patriarcal que hegemoniza la esfera pública del Norte Global. Buscar una salida a este círculo vicioso es un desafío apremiante para las ciencias críticas y precisa de nuevas formas diálogo en función de acercarse a “otras metáforas” producidas en el Sur Global.

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