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por Julio Fernando Iglesias Navarro, Profesor y Mg. en Educación

 

Un país entero, el mundo entero en alerta. En el ámbito local, todas las libertades restringidas, eventos suspendidos, nos debemos separar socialmente para protegernos. El plebiscito tan anhelado para comenzar a escribir una nueva Constitución, por primera vez impulsada desde el pueblo, se suspende por el Covid-19… todo en suspenso, menos Teletón.

La Teletón se suspendió ya el 2019 debido a la inestabilidad e inseguridad que significaba para el retail el estallido social. La posibilidad de un saqueo, de un incendio, de evasiones, etc. no aseguraba una tranquilidad para el gran empresariado. Un riesgo también el que la exposición mediática del evento permitiese las protestas y la visibilidad del legítimo levantamiento en contra del sistema neoliberal y de la Constitución actual. El temor a que hubiese posibilidades de marcar hitos en directo para las opciones del plebiscito (Apruebo y la “otra”) y por último, el teatro Teletón o el Estadio Nacional cantando a todo pulmón el “hit del verano”. La posibilidad de que algún artista e incluso algún entrevistado tocaran el tema constitucional poniendo en aprietos al mismísimo animador.

Un escenario poco conveniente para que Teletón se utilizara como siempre se ha utilizado, para adormecer y relativizar toda la contingencia; en beneficio de los niños, de los necesitados, los postrados.

 

Y por qué nos preguntamos todos, si se han suspendido los grandes eventos, las clases, los festivales, hasta el plebiscito cambio de fecha… aún se sigue porfiadamente adelante con la Teletón. Mientras el Covid-19 genera estragos en el mundo entero, en nuestro país se sigue adelante con la campaña.

 

Es que poco importa la meta. Si, da lo mismo si se alcanza o no. Incluso sería políticamente correcto decir que ante la compleja situación mundial y en particular la nacional, no se pudo alcanzar la cifra fijada.

 

Es que inclusive el tema de ir al banco es un riesgo latente para que la población vaya a donar, como también para los mismos trabajadores del banco de Luksic es un riesgo, lo cual ya debe estar previsto de antemano. ¿Qué pasaría si un guardia, un cajero o un voluntario se contagia o da positivo de Covid-19 mientras recibe las donaciones en los puntos habilitados para tal efecto? Sería catastrófico e impresentable como también demandable absolutamente (Art. 37 del Dcto. Supremo 594/2000 del Minsal, así como el 184 y 184 bis del Código del Trabajo). Entonces, apuestan a la donación on line, vía transferencia bancaria y seguramente, con toda la banca en concordancia para facilitar el trámite. No necesitaría ser cliente del banco de Luksic para donar. Y esto, por el razonable temor también de gran parte de la población a contagiarse producto de las aglomeraciones que siempre se producen con la donación presencial.    Salvada esa valla, el tema ya no es que las aglomeraciones estén restringidas; filas en el Banco, shows “motivacionales” en espacios públicos y/o privados, transmisión televisiva desde el Teatro o el Estadio, etc. El formato da lo mismo con tal que se haga, o como el propio Kreutzberger ha dicho; “la Teletón la hago por último desde mi casa”, agregando; “hasta con señales de humo”.

 

Es que todo está calculado para que la industria del retail, que ya está ahorrando en publicidad en los canales agrupados en Anatel, puedan bombardear a los chilenos con su propaganda, justo en momentos en que las AFP registran las pérdidas más grandes en los fondos de pensiones de todos los tiempos, donde el riesgo de cesantía es inminente en gran parte de la industria y del comercio. Las pymes ya no resisten más, el riesgo a morir por parte de la población mayor de edad y los que tienen situaciones de riesgo, es muy real. Es el momento en que la población en general está más susceptible a ser manipulada emocionalmente, dónde se pretende asociar a la discapacidad como el segmento de la población más vulnerable al Covid-19 y de esa forma generar esta “obligación moral” de que hay que apoyar la causa. Pero la verdad es que no deja de asombrar, inclusive en el resto del mundo, cómo un país como Chile, que se jacta de tener el mejor sistema de salud del mundo, ha tenido un manejo tan paupérrimo de la crisis por la cual estamos atravesando. En vez de desinfectar calles saca militares e instala toque de queda nocturno, como si aquella medida permitiera bajar o evitar los contagios. El Ministro de Salud es tristemente famoso en todo el mundo por su frase “el virus se vuelve buena persona” y todas las mañanas con horror vemos las micros llenas, el metro abarrotado e industrias como la salmonera en Chiloé, realizando turnos con mínimas medidas preventivas, tanto en los centros como en el traslado de los operarios. Es en ese contexto en que se toman medidas de suspensión de casi todo, menos del trabajo masivo y la Teletón que no se toca, no se corre. Volvamos al punto de inicio. A pesar de la crisis actual, el escenario no puede ser más favorable para instalar en medio de toda la incertidumbre, la bandera de la “solidaridad” y de la “unión de los chilenos” en aras de un mismo ideal. Una manera de poder allegar algunos puntos en las encuestas a la alicaída imagen del Presidente y del Gobierno. (Recordar que Jaime Mañalich, el Ministro del mejor sistema de Salud del Mundo, es parte del Directorio de Fundación Teletón desde 2018). Por otra parte, los compromisos económicos que conlleva la realización de la megacampaña son millonarios (pensemos en el valor que tiene un minuto de publicidad en televisión abierta y multipliquemos por cada vez que aparece la marca o empresa asociada a Teletón en el día, entre programas, matinales, noticias. Con mayor razón hoy frente a la emergencia sanitaria mundial donde la mayoría de las personas están atentas a cualquier información relativa a la pandemia. Entremedio, se refuerza el concepto de ayuda a la Teletón y “el manejo comunicacional de masas” surte el efecto esperado. Adicionemos el tiempo publicitario radial y el de la prensa escrita. Todo aquello es ahorro en publicidad para las empresas “comprometidas”. En resumen, Don Francisco y su sequito de “comunicadores” no es que solamente estén empecinados porfiadamente en realizar la Teletón. Saben muy bien que este es el momento propicio. Las empresas saliendo de la incertidumbre de la movilización  y estallido social. El miedo y la incertidumbre traduciéndose en ayuda al más necesitado. El sustrato de fondo es, que el consumo no para y dado que hoy los militares en las calles aseguran una cierta calma junto con el miedo a los contagios, los empresarios pueden desembolsar los recursos que ahorraron en publicidad, más las ganancias acumuladas por ventas de productos y servicios como “suculentos desprendimientos personales para aportar a la gran causa de la discapacidad en Chile”. Instando de paso, a que todos nos desvivamos por aquello. Luego, van quedando exentos de impuestos por declarar donaciones benéficas a Instituciones sin fines de lucro, (una forma elegante que tienen para evadir impuestos legalmente), cuando en verdad la donación que tú haces, jamás va a eximirte de impuestos que sí pagas todos los meses según tu sueldo o los bienes que adquieres. Entonces, la lectura que debemos hacer es muy simple. ¿Es realmente prioritario realizar la Teletón en el contexto actual? Para las empresas y para la utilización mediática, claramente sí.    Sin desmerecer la loable y profesional obra que realizan los Centros de Rehabilitación a lo largo de Chile, esta no alcanza a cubrir la población de Personas en situación de Discapacidad (PeSD) que es de 2,9 millones de chilenos y chilenas. Sólo alcanza, supuestamente el 90% de la población infantil con discapacidad motora, de origen neuro-músculo-esquelético, hasta los 20 años de edad, cuando es de origen congénito y hasta los 24 años, cuando es adquirido. La última Teletón 2018 recaudó la cifra no menor de $32.851.438.341 para atender a un escueto segmento de la población (menos del 4% del 16,7% de población en situación de discapacidad del país) siendo que, el presupuesto anual de Senadis para el 2020 es de $28.874.000.000. Esto es casi 4.000 millones menos, pero que son para atender al 100% de la población con discapacidad en todo Chile.

 

Esto, contraviene todos los acuerdos y tratados firmados por el Estado de Chile respecto a la materia y nuevamente pone en evidencia el modelo de caridad y rehabilitador, por sobre el modelo social de inclusión.

“Nothing for us, without us” o “Nada sobre y para nosotros, sin nosotros”

 

PD: Miembros de Directorio Fundación Teletón; Humberto Chiang, Médico Urólogo de Clínica Las Condes. Patricio Jottar. Gerente General de Empresas CCU, Profesor en PUC y Universidad de los Andes. Alfredo Schönherr, Director de FASA y Director Área Salud Seminariu. Ana María Urrutia, Socia ICA Chile y ex Directora Teletón Santiago. Rodolfo Rosenfeld, Socio Fundador de Clínica Las Condes. Ignacio Cueto, Gerente General de LAN. Lázaro Calderón Gerente General Corporativo de Empresas Ripley. Alfredo Moreno, Presidente de Empresas Penta S.A., Director de DERCO S.A. y Brotec S.A. Daniel Fernández, Country Manager Chile y Subgerente General de Enersis S.A.

 

Al mirar el directorio surgen las primeras suspicacias; Patricio Jottar, Gte. General de CCU, empresa que pertenece al grupo Luksic, quien sabemos hace grandes donativos a través de cuatro marcas auspiciadoras: Cerveza Cristal, Bilz y Pap, Cachantún, y por supuesto Banco Chile.  Así mismo el grupo Cueto, representado por Ignacio Cueto, auspicia con aerolínea LAN, y Lázaro Calderón quien representa a multitiendas Ripley. Un directorio conformado por personas muy bien conectadas e influyentes de nuestro país.

 

Juzgue Ud.

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