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Publicado: Historias de Quellón

Poema de Héctor Leiva

El siguiente poema es parte de un libro inédito de poemas llamado “Poesicrónicas desde el Corazón Williche” de don Héctor Nibaldo Leiva Díaz (2008), quien nos ha facilitado esta hermosa creación, que sin duda guarda un gran valor y que creemos debe ser difundido, aunque sea de manera parcial.

Este libro está dedicado: “A todos los hijos del pueblo williche, cuyos sueños anidaron en el corazón de José Santos Lincoman. A los míos, que con infinita bondad han alentado mis anhelos. A mis amigos y a todos quienes sienten ansias de libertad para todos los seres humanos…..”

La famosa y reconocida cantora Margot Loyola expresa lo siguiente sobre esta obra y su autor: “Todo está poéticamente dicho pero estremece el corazón. Tus Palabras suenan a eternidad, al peor de los quebrantos, a la verdadera historia narrada por un hombre como tú, que ha sabido plasmar en estas páginas la vida y la muerte del pueblo Williche. Recibe el amor y la admiración siempre creciente de… Margot Loyola Palacios, Cantora Maucha Premio Nacional de Arte 1994.

Recordar que el Maestro Héctor Leiva desarrolló gran parte de su carrera como profesor Normalista en la Escuela Rural Kume Ruka de Weketrumao, donde desarrollo un intimo acercamiento con el Pueblo Williiche, sus penurias, sus luchas, sus alegrías…

Les dejamos este hermoso poema:

“Hasta la penumbra del tiempo
habrá que ir,
preguntarse si acaso eres
sobreviviente,
de esa lucha colosal de dos serpientes,
que pelearon palmo a palmo
territorio y maritorio,
bien y mal según algunos,
doloroso parto según otros,
cuyas hijas son las islas
desperdigadas cual migajas por lo largo y por lo ancho del océano interior,
y, cuyos hijos son los hombres y mujeres de tu pueblo
que arañando los peñascos se treparon a la cima,
para vivir, para crear, para morir…..

Si la mítica leyenda no bastara
para explicar en qué momento de la historia
se interrumpió el silencio
de este mundo de agua – tierra,
con el ruido que produjo tu pisada,
o con el suspiro de tu hembra satisfecha,
o el berrido de tu hijo nacido a plena hierba;
habrá que escarbar y escarbar en lo más recóndito
de la roca milenaria,
para ver, si entre dientes de mamut,
o de algún milodón fosilizado,
se descubre la inequívoca señal
que atestigüe tu presencia,
que de fe que fuiste el primero,
que declare en forma irrefutable,
una y mil veces,
que eres hijo….

Que eres dueño de esta tierra”.